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Musk se pone en órbita: así se ha impuesto a Branson en la carrera espacial

SpaceX se ha convertido en la primera empresa en poner astronautas en órbita y se coloca en cabeza para rentabilizar al máximo el lucrativo negocio de los viajes al espacio

Foto: Elon Musk celebra el lanzamiento de la cápsula Crew Dragon. (EFE)
Elon Musk celebra el lanzamiento de la cápsula Crew Dragon. (EFE)
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Elon Musk tiene otro récord a su nombre. La empresa que creó y que dirige, SpaceX, se ha convertido en la primera en poner en órbita a dos astronautas y, además, se ha anotado el tanto de hacer el primer despegue de un cohete estadounidense en la última década.

El éxito supone un gran avance para la NASA, que se ahorra un buen dinero subcontratando todo el proceso, y para Estados Unidos, que se sacude la dependencia espacial de Rusia, bandera que llevaban todos los cohetes que ha usado el país desde hace nueve años. Pero más que nada, es una estupenda noticia para el bolsillo de Elon Musk.

Los viajes al espacio se han convertido en el anhelo de gigantes empresariales como Jeff Bezos, Richard Branson o el propio Musk, que ahora lleva la delantera para quedarse con la mejor parte del pastel. Además de tener ya a su nombre un puñado de contratos con la NASA por valor de miles de millones, SpaceX se ha posicionado como la gran aspirante para rentabilizar al máximo el transporte de mercancías y el turismo espacial.

De momento, Doug Hurley y Bob Behnken ya están de camino a la Estación Espacial Internacional a bordo de la cápsula Dragon, de SpaceX. Pasarán en órbita dos meses, antes de regresar en el mismo vehículo para, si todo va según lo planeado, aterrizar en una base en medio del océano Pacífico. La factura que Musk le ha pasado a la NASA por todo el proyecto alcanza los 3.000 millones de dólares.

Bob Behnken y Doug Hurley, en las pruebas para conocer la cápsula Dragon. (Reuters)
Bob Behnken y Doug Hurley, en las pruebas para conocer la cápsula Dragon. (Reuters)

El Pacífico, que será la culminación del éxito de Musk, ha sido el escenario donde su gran competidor, el magnate británico Richard Branson, ha visto cómo sus anhelos quedaban destrozados. O más bien incendiados.

Esta semana, Virgin Orbit, la compañía del entramado que trata de competir con SpaceX, realizó su primer vuelo de pruebas. El cohete, bautizado como LauncherOne, fue lanzado desde un Boeing 747 en pleno vuelo pero apenas tardó unos segundos en ser pasto de las llamas.

Desde la compañía, restan importancia al fracaso, explicando que ya sabían que existía un porcentaje amplio de posibilidades de que las cosas no salieran bien. Will Pomerantz, vicepresidente de Virgin Orbit, ha asegurado que habían cifrado en un 50% las opciones de éxito. Todavía no han aclarado qué ha salido mal exactamente, aunque Branson se ha apresurado a explicar que otro cohete estará listo en unas pocas semanas y que, en cuanto puedan, realizarán un nuevo test.

El golpe del coronavirus

Los efectos de la pandemia han obligado a Branson a retrasar sus planes y han supuesto un golpe a cualquier aspiración de superar a Musk. La actividad en la base de operaciones de Virgin Orbit en California se ha detenido, debido al confinamiento decretado para detener la expansión del virus. Esto, que debería ser un escenario similar para todos, no ha afectado a Musk.

Las instalaciones de SpaceX en Cabo Cañaveral, al otro lado del país, no han parado máquinas, aprovechando una orden del Gobierno que otorgaba a sus operaciones la calificación de "actividad esencial". Trump considera importante que los cohetes en los que viajan astronautas estadounidenses, que parten de suelo estadounidense y que están pagados con dinero estadounidense lleven el sello estadounidense en su fabricación. De hecho, el presidente estuvo presente en el lanzamiento.

El LauncherOne de Virgin Orbit, en tierra. (Reuters)
El LauncherOne de Virgin Orbit, en tierra. (Reuters)

Branson, por contra, ha tenido que afrontar problemas económicos. Esta misma semana, anunciaba la venta de 25 millones de acciones de Virgin Galactic, empresa hermana de Virgin Orbit, por un total de 500 millones de dólares. Con esta desinversión, la compañía apenas tiene a su nombre el 51% del capital.

Desde Virgin Orbit, han explicado en varias ocasiones que tienen en cartera docenas de misiones en colaboración con el Gobierno británico, la Fuerza Aérea estadounidense e incluso con Japón, pero todavía no han terminado de materializarse.

Según medios estadounidenses, la empresa tiene una lista de 600 clientes comprometidos a pagar 250.000 dólares para hacer un viaje al espacio, entre los que están el cantante Justin Bieber y el actor Leonardo DiCaprio.

El ingente entramado de Richard Branson atraviesa unos problemas que son endémicos en el sector de las aerolíneas. Su filial en Australia no puede asumir el coste de las devoluciones de los billetes de avión, su negocio de 'handling' en Gatwick se ha desplomado y además va a tener que despedir a un 30% de la plantilla. Branson ha contratado al banco de inversión Houlihan Lokey con el mandato de buscar liquidez de emergencia para afrontar la crisis.

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