ELEVA RIESGOS

La amenaza de esta crisis para el ICO: lidiar con las tasas de morosidad de la banca

El banco público siempre ha tenido beneficios y una mora controlada respecto a las entidades privadas. Pero ahora ha intensificado su participación en créditos sindicados

Foto: José Carlos García de Quevedo, presidente del ICO. (EFE)
José Carlos García de Quevedo, presidente del ICO. (EFE)
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El papel del Instituto de Crédito Oficial (ICO), el banco público español, gana relevancia cada vez que hay una crisis. Y esta vez no solo es así sino que su importancia se ha intensificado. Tanto por la responsabilidad de tener que dar el visto bueno a los avales públicos que ha desplegado el Gobierno, y que está previsto que alcancen los 100.000 millones, como por su participación en créditos sindicados con las entidades privadas, que están apretando para que el ICO eleve su peso en las financiaciones de más riesgo. Dos ejemplos del último mes han sido Iberia y Air Europa.

El ICO siempre ha contado con niveles de morosidad con una evolución menos cíclica que en los bancos privados. A esta crisis llega en ratios similares a la de la banca privada, con un 4,72% en el ICO y un 4,8% en el sector. La mora escaló en el ICO en el inicio de la recuperación económica. En 2013, tenía un 5,3%, que fue aumentando hasta un máximo del 10,5% en 2016, para empezar a descender después.

Hay dos factores que explican esta tendencia, que puede parecer contraintuitiva. Uno es que, según el Tribunal de Cuentas, la morosidad alcanzó en 2016 al 83% de un saldo de 8.012 millones de operaciones de crédito concedidas por una línea de préstamos a pymes y autónomos entre 2010 y 2012, que se impulsó con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El otro factor es que la tasa de morosidad se calcula como una ratio entre dudosos y saldo de crédito. Aunque disminuyan los impagos, como también lo hace el activo que actúa de denominador, la ratio no baja o lo hace más lentamente.

En los bancos privados, ocurrió lo contrario. La crisis disparó la morosidad hasta el récord del 13,6% en 2013, para ir disminuyendo posteriormente. Los picos por encima del 10% de 2012 a 2015 son más altos que en el ICO. Pero especialmente es llamativa la diferencia si se mira la morosidad del conjunto de la banca solo en el segmento de empresas y autónomos, para el que terminaron 2019 con un saldo de 534.000 millones. En este caso, en 2011 alcanzó el 11,3%, y se disparó en 2013 hasta el 20,3%, y no disminuyó por debajo del 10% hasta 2018.

Así, los bancos han trabajado en la última década, especialmente en crisis, con niveles de morosidad mucho más altos que el ICO. También tienen más capacidad de hacerlo, al diversificar sus balances y sus fuentes de financiación entre mayorista (emisiones o crédito interbancario) y minorista (depósitos). Pero el ICO está siendo más activo que nunca en ir de la mano con las entidades privadas a conceder préstamos a empresas en problemas surgidos por las derivadas de la pandemia, como las citadas aerolíneas.

La gestión del activo y del pasivo del ICO es diferente a la de un banco privado. La entidad que preside José Carlos García de Quevedo capta liquidez en los mercados, y como es un ente público, ha podido recibir dinero por emisiones a tipos más ventajosos —a menudo negativos, según los plazos— que los bancos privados. También acude en ocasiones al Banco Europeo de Inversiones (BEI), como ocurrió en abril, con 1.500 millones para pymes y 'mid caps'. Mientras que el pasivo se centra en crédito a empresas, con mayor peso a pymes y micropymes, empresas que empiezan a exportar o con poca trayectoria, y que por lo tanto difícilmente cumplirían los criterios de los comités de riesgos de la banca comercial.

La banca concede líneas ICO, que fueron más usadas en la crisis de deuda, y ahora ofrece préstamos con avales del Estado que tiene que aprobar el banco público. Como son limitados, las entidades privadas están priorizando a sus clientes. Su importancia es capital, aunque entidades, empresas y autónomos están denunciando atascos en este canal. La entidad cuenta con algo más de tres centenares de trabajadores, cifra muy alejada de las firmas privadas, lo que facilita entender que estén desbordados.

Pero el ICO también concede financiación a pleno pulmón. No en vano, entre las medidas del Gobierno está la ampliación del límite de endeudamiento en 10.000 millones respecto al tope marcado en los Presupuestos. Esto supone casi triplicar la capacidad del banco público, cuyo límite marcado en los Presupuestos Generales del Estado de 2018, prorrogados posteriormente, era de 5.900 millones.

De esta forma, el ICO volverá a engordar su balance, que se había ido reduciendo en los últimos años. Tras los picos de 115.230 millones en 2012 y 102.203 millones en 2013, fue descendiendo hasta los 32.416 millones en 2019. En 2020, crecerá por primera vez desde los peores momentos de la crisis de deuda. Lo hará con financiación a empresas que, por sus características, no entran en el circuito de los bancos privados pero son viables, pero también con financiaciones de riesgo, y esto es lo que no es habitual.

Iberia firmó un crédito de 1.000 millones con la banca. El ICO puso 190 millones, 40 millones más de lo previsto inicialmente, porque la banca restringió su participación. El presidente de la aerolínea, Luis Gallego, tuvo que lanzar un SOS al ministro José Luis Ávalos, que pasó la petición urgente a la vicepresidenta Nadia Calviño. La ministra de Economía pidió al propio García de Quevedo elevar el esfuerzo del banco público en el crédito.

En Air Europa ha ocurrido algo similar, según fuentes conocedoras. Las cifras son inferiores porque también lo es el tamaño de la aerolínea de Globalia, pero el peso del ICO ha acabado siendo más elevado en el crédito sindicado de 140 millones que ha coordinado Banco Santander. Abanca y Novo Banco se bajaron, y los bancos participantes (Santander, CaixaBank, Bankia, Sabadell y Bankinter) apretaron para que el banco público llegara hasta los 35 millones, lo que supone un porcentaje nada desdeñable del 25% en esta financiación. Nuevamente, algunos comités de riesgos de los bancos se negaron a participar con la cantidad que les correspondía por cuota, y hubo que presionar al ICO para que subiera su participación.

Estos dos ejemplos muestran cómo el ICO está incrementando su exposición a los mayores riesgos de esta crisis económica. Según fuentes financieras, está siendo habitual. Pese a que el sector financiero ha pedido que se eleve la cuantía de los avales, que cubren el 80% de las pérdidas de créditos a pymes y autónomos, y el 70% en grandes empresas si son nuevas operaciones, o el 60% si son renovaciones, el objetivo sigue estanco en los 100.000 millones.

Hasta ahora, el Ejecutivo ha desplegado 60.000 millones para crédito bancario, junto con 4.500 millones para pagarés que reactiven el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF), tal y como avanzó este medio. Los bancos reciben su parte de cuota de mercado, y limitan los avales a las empresas que son ya clientes, por eso hacen un esfuerzo con grandes compañías que están pasando problemas como las aerolíneas, ya que tienen los aviones en tierra y no saben cuándo podrán volver a volar y cómo.

Las entidades cuentan con avales públicos para estas nuevas operaciones de crédito, con lo que se juegan el 30%. Además, tienen un balance más diversificado, con hipotecas y crédito al consumo, además de ingresos por comisiones con la venta de fondos y otros productos financieros, y empiezan a acumular deuda pública para ganar con el diferencial entre los cupones de los bonos y los intereses de la financiación que obtienen del BCE (a tipos negativos), lo que se conoce en la jerga como ‘carry trade’. Para las potenciales pérdidas crediticias, los supervisores han flexibilizado.

Según datos dados por Calviño la semana pasada en el Senado, ha habido 371.070 operaciones con garantías con valor de 36.291 millones, canalizando 47.751 millones, lo que supone que el 76% de los préstamos está cubierto por el Estado. Sobre el crédito concedido por el ICO no hay datos, pero sí se sabe por las operaciones en las que está participando que está siendo más activo y asumiendo más riesgos respecto a su operativa habitual.

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