EFECTOS DEL CORONAVIRUS

El covid-19 destruye en un mes cuatro años de armadura contable de los bancos

La virulencia de la pandemia ha hecho que se cambie temporalmente la normativa contable IFRS 9, que se diseñó para que los bancos se adaptaran más rápido a la crisis

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El covid-19 puede con todo. También a nivel contable. La virulencia de la crisis ha hecho que salten por los aires todos los modelos que tenían los bancos, incluida la normativa internacional IFRS 9, generando un debate sobre su eficacia. El sector financiero lleva casi cinco años adaptándose al nuevo método, que se anunció como el sistema que ayudaría a que los bancos navegaran mejor en las próximas crisis.

Resumida, esta normativa implica pasar de un sistema contable de pérdida incurrida a otro de pérdida esperada en el cálculo de las provisiones de la banca. Hasta 2018, las entidades solo afloraban dotaciones cuando un crédito se impagaba. Desde hace dos años, tienen que adelantar las provisiones en función de las previsiones macroeconómicas que tengan, aunque el préstamo siga 100% sano. Este modelo provocó desde el primer momento dudas en parte del sector financiero, por sus posibles efectos procíclicos, el efecto bola de nieve.

Así ha ocurrido con la crisis del covid-19, que ha superado con creces todas las previsiones, por su rapidez e intensidad. El derrumbe económico ha sido tan brusco que aplicar los modelos IFRS 9 hubiera implicado asumir desde el principio unas pérdidas inasumibles para gran parte de los bancos. El riesgo de que la crisis sanitaria evolucionara en una financiera era alto, por lo que las autoridades tuvieron que intervenir.

Lo hicieron a la vez, el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés), la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) y La Junta de Normas Internacionales de Contabilidad (IASB), con una batería de medidas para flexibilizar IFRS 9. La principal ha sido pedir a bancos y supervisores la máxima flexibilidad a la hora de considerar dañado un crédito. En el caso de un préstamo afectado solo temporalmente por el coronavirus, y con medidas mitigadoras como los avales públicos o las moratorias, se hará la vista gorda. Si no, entrarán en los dos niveles que más penalizan contablemente: el de créditos deteriorados ('stage 2') y de morosos ('stage 3'), que exigen provisiones superiores. Junto a ello, las autoridades anunciaron deducciones en el capital regulatorio por IFRS 9, para hacer más fácil su digestión. La pelota está actualmente en la Comisión Europea (CE), que tiene que aprobar un paquete de ayudas contables a los bancos por el covid-19.

Amenaza sobre el crédito

"IFRS 9 es una respuesta a una de las lecciones aprendidas de la última crisis financiera, en la que muchos bancos tenían provisiones muy bajas para absorber las pérdidas cuando quebraron empresas. Hay cada vez más preocupación de que la aplicación de las pérdidas esperadas de IFRS 9 implicarían un repentino y significativo aumento de las provisiones y que este derivaría en una menor capacidad para dar créditos. La aplicación de la pérdida esperada requiere flexibilidad y juicio. Como expone el IASB, los bancos no deberían aplicar mecánicamente el método de pérdidas esperadas para determinar sus provisiones en una situación excepcional como la crisis del covid-19", explican desde la CE.

Estas circunstancias han abierto un debate en sector financiero, entre los defensores de la normativa contable y sus detractores. Estos últimos se quejan del gasto material y humano que les ha exigido acoplarse a IFRS 9 durante los últimos años, cuando "era obvio que es una norma procíclica", señalan fuentes financieras consultadas por este medio. Los bancos españoles comenzaron a adaptarse a este nuevo método contable en 2016, con una normativa puente del Banco de España para hacer más fácil la transición, el Anejo IX de la Circular 4/2004.

Por su parte, los defensores argumentan que este modelo contable no puede juzgarse por su adaptación a la actual crisis. Añaden que las provisiones milmillonarias que han anunciados los bancos europeos y norteamericanos en el primer trimestre son sobre todo gracias a IFRS 9. De lo contrario, añaden, los bancos hubieran anunciado beneficios hace unas semanas. En el caso de las entidades españolas, se han adelantado provisiones por valor de 3.800 millones.

Un reciente artículo de Fernando Restoy, ex subgobernador del Banco de España y presidente del Instituto de Estabilidad Financiera (FSI, por sus siglas en inglés), y su compañero Claudio Borio, analiza este debate: "La elección de opciones depende de la visión sobre el equilibrio adecuado entre reducir la prociclicidad y mantener la credibilidad de los estados financieros y las normas contables". Estos expertos se decantan por la opción elegida por el FSB, de mantener IFRS 9 con mayor flexibilidad, lo que "podría proporcionar un equilibrio adecuado entre la efectividad y la transparencia".

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