es dueño de la plataforma HIP

Blackstone se juega su gran apuesta española en el plan de Sánchez para el turismo

El fondo estadounidense tiene invertidos más de 3.000 millones en HIP, la mayor plataforma hotelera de España y una de las principales interesadas en el plan de choque para el turismo

Foto: Imagen del Hotel Guadalmina. (HIP)
Imagen del Hotel Guadalmina. (HIP)
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Más de 3.000 millones de euros. Este es el dinero que, en grandes cifras, tiene invertido Blackstone en HIP, la mayor plataforma hotelera de toda España y, probablemente, del sur de Europa, ya que también está presente en Grecia y Portugal. Unos números que convierten el fondo estadounidense en afectado directo de la grave crisis en la que ha sumido el coronavirus al turismo y, por tanto, en uno de los mayores interesados en el plan de choque que ultima el Ejecutivo para salir al rescate del sector.

De hecho, aunque la exposición de Blackstone al mercado residencial pueda ser mayor, su principal incertidumbre está ahora en los hoteles, debido a que el turismo será uno de los últimos sectores en recuperarse de la pandemia del Covid-19, y a que mientras el sector no vuelva a volar, los establecimientos de HIP se enfrentan a seguir sin ingresos, o con facturaciones mínimas.

Exceltur, la patronal del sector turístico, cifra en 124.150 millones el impacto que va a tener el coronavirus en este 2020, lo que supone una caída del 81,4%, ante la que ha pedido al Gobierno un plan de choque para el sector que representa el 18% del PIB —producto interior bruto— del país, y que suma la actividad de aerolíneas, turoperadores, cadenas hoteleras y propietarios de los establecimientos.

De toda esta cadena, las aerolíneas son el eslabón más débil, al tener los mayores costes fijos, seguidas de las agencias y turoperadores, que necesitan seguir vendiendo y, por tanto, manteniendo activa parte de la plantilla. Después vienen las cadenas hoteleras, sobre cuyas espaldas descansa el grueso de todo el personal de los establecimientos, y, por último, los propietarios de los edificios, como HIP, que suelen tenerlos alquilados a diferentes operadores, aunque en algunos casos trabajan bajo régimen de gestión.

The Ritz-Carlton, Abama (Tenerife), de HIP.
The Ritz-Carlton, Abama (Tenerife), de HIP.

Esta rápida radiografía de la industria permite comprobar que, al final, Blackstone necesita que los turoperadores y las agencias vendan vacaciones en sus hoteles, y que las aerolíneas puedan trasladar a estos turistas, para tener sus establecimientos lo más llenos posible. Porque, como confiesa un hotelero, "ahora mismo, ninguna cadena está pagando la renta. Si están cerrados y no tienen turistas, nadie va a pagar nada". Lo que impacta directamente en las cuentas de Blackstone.

No obstante, gracias al pulmón financiero del fondo, HIP cuenta con recursos para aguantar un tiempo esta situación e, incluso, como señalan varias fuentes consultadas, también puede hacerse una lectura en positivo de cómo afectará esta crisis los intereses de Blackstone, ya que también abre la oportunidad de comprar más barato y acelerar la apuesta de crecimiento de la plataforma.

Sea como fuere, en un sentido u otro, la realidad es que el coronavirus ha hecho saltar por los aires el Excel que había hasta ahora y ha obligado al fondo a hacer una nueva hoja de cálculos. El problema es que esta depende tanto del plan que decida el Gobierno para ir rebajando el confinamiento como del programa de ayudas que termine acordando para el sector turístico nacional.

Del primero depende gran parte de la afluencia a los hoteles. Un régimen muy estricto de movimientos va directamente contra la línea de flotación de los hoteles, que por debajo de un 30% de ocupación operan en pérdidas, entre el 40-50% empiezan a entrar en 'break even' (cubren gastos) y necesitan al menos un 60% para empezar a hacer negocio.

Pero, además, estos establecimiento dependen de los turoperadores para llevar su oferta hasta el último rincón del planeta, y el futuro de estas empresas está ahora en manos de la decisión de los Estados de salir en su rescate, como acaba de hacer Alemania con la inyección de 1.800 millones a TUI.

Inversión estratégica

Blackstone ha construido su plataforma hotelera en varias fases. En 2017, adquirió HIP por 630 millones a Banco Sabadell, entidad que había construido esta empresa con hoteles que se había ido adjudicando en la crisis financiera, y aliado con un equipo gestor que capitaneaba Alejandro Hernández-Puértolas, que continúa al frente de la empresa.

Un año más tarde, lanzó una opa sobre Hispania que terminó triunfando previo pago de 2.000 millones de euros y que lo consolidó como el mayor propietario de hoteles de España, a la sazón, uno de los mercados turísticos más importantes del mundo. Tras integrar las dos sociedades y vender los activos de oficinas y residencial que tenía Hispania, llegó la hora de dar el salto internacional: el otoño pasado, adquirió cinco hoteles en Grecia, y en enero entró en Portugal, operaciones que suman ya unos 200 millones de euros.

A diferencia del residencial, en el sector turístico, la apuesta de Blackstone no es oportunista sino de valor añadido y centrada en adquirir hoteles únicos

A diferencia de lo visto en el mercado residencial, en el hotelero, el fondo no ha invertido con una estrategia oportunista sino de valor añadido, como demuestran los 500 millones que tiene previsto invertir en mejorar sus establecimientos y en la prima que pagó por adquirir unas compañías que le dieron la que es su verdadera apuesta: una posición única en el mercado.

El 85% de los 67 hoteles de HIP está en primera línea de playa, algo prácticamente imposible de conseguir ahora, y que Blackstone logró gracias a que Hispania aprovechó la anterior crisis para comprar una cuidada selección de establecimientos. Además, casi la mitad de la plataforma se ubica en Canarias, otro 25% está en Baleares y cerca del 30% restante se reparte entre la Península, Grecia y Portugal.

En el 70% de los casos, los diferentes operadores con los que trabaja HIP —Barceló, Meliá, Marriot, Hilton, NH, Room Mate, Lopesan o AMResorts— están en régimen de alquiler, con lo que son ellos quienes sostienen el empleo, mientras que el otro 30% se trata de acuerdos de gestión y, por tanto, la carga laboral la soporta Blackstone.

A la espera de conocer si el Gobierno termina dando algún tipo de ayuda para estas rentas, HIP está negociando con las cadenas suspensiones hasta que la situación se normalice, así como ERTE en los establecimientos cuya plantilla cae bajo su paraguas.

Entre las medidas que está negociando el sector con el Ejecutivo, que en esta ocasión ha puesto como interlocutora a la ministra de Industria, Reyes Maroto, destaca la posibilidad de prorrogar los ERTE por fuerza mayor, ya que sin turistas (y no parece que vaya a haberlos hasta final de año, más allá del turismo que pueda haber nacional) se muestran incapaces de sostener el empleo, lo que los abocaría a aplicar despidos y tener que devolver las ayudas o, en muchos casos, ir a concurso.

Este es el escenario que todas las partes quieren evitar, ya que la quiebra de cualquiera de los eslabones de la cadena —aerolíneas, turoperadores, agencias, cadenas o patrimonialistas— impacta en el resto, con el añadido de que se trata de un sector estratégico para el país. Pero, aunque se logre evitar este gran golpe, el sector está condenado a recibir otros en forma de guerra de precios y miedo a viajar, sin olvidar las posibles restricciones de movimientos ordenadas por los Estados, que golpearán directamente sus intereses en la progresiva vuelta a la normalidad.

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