Verdades y mentiras sobre los créditos de la banca y el ICO para salvar a las pymes
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AVALES PÚBLICOS

Verdades y mentiras sobre los créditos de la banca y el ICO para salvar a las pymes

Los bancos han desplegado toda una serie de medidas para recuperar su reputación, que se ha visto manchada en los últimos días por quejas por la venta de créditos ICO

Foto: Oficina bancaria durante el confinamiento. (EFE)
Oficina bancaria durante el confinamiento. (EFE)

Los créditos ICO se han convertido en un arma de doble filo para la banca. La polémica por su comercialización ha provocado en los últimos días una oleada de críticas y advertencias que el sector no recordaba desde 2012. Los bancos defienden que las malas prácticas responden a casos excepcionales y que todo se ha magnificado por el momento de nervios que viven empresas y autónomos. Esta polémica amenaza con golpear una vez más la reputación del sector, que se encontraba en fase de recuperación por todas las medidas anunciadas para contener el avance del coronavirus.

Los banqueros tienen complejo de 'punching ball', al que medios, redes sociales y agentes sociales castigan hagan lo que hagan. Reconocen que lo hicieron mal en la crisis de 2012, pero creen que están pagando justos por pecadores en la actual.

Las diferencias entre ambas crisis son palpables. La de 2012 se produjo por la burbuja inmobiliaria, impulsada por los bancos. La actual del coronavirus es ajena a ellos y llega en el momento en el que el sector está mucho mejor preparado, con menos créditos morosos y con más capital que en ningún momento de su historia. Algo que debería ayudar a evitar a que la crisis sanitaria y económica se convierta en financiera.

Foto: Una mujer pasa ante una sucursal bancaria. (EFE)

Junto a ello, las entidades han puesto toda la carne en el asador para ayudar en esta crisis y, de paso, mejorar su maltrecha reputación, algo que llevan intentando hacer desde hace ocho años. Han destinado decenas de millones a la compra de materiales para combatir el Covid-19; han bajado los sueldos de los principales directivos; han cancelado dividendos; y se han comprometido a no hacer ERE ni ERTE. Todo lo que no hicieron en la anterior crisis, comprimido en tres semanas.

Estas acciones han valido para que los banqueros españoles sean puestos como ejemplo por el 'Financial Times', mientras en España las buenas palabras han sido efímeras, hasta las polémicas del ICO y la moratoria hipotecaria.

Cinco críticas

Respecto a los créditos con avales públicos, para salvar a las empresas y autónomos afectados por el Covid-19, a los bancos se les ha criticado por distintas razones: la colocación obligatoria de otros productos (venta cruzada) para acceder a las líneas ICO; por pedir más avales además del estatal; por intereses abusivos; por rechazar a algunos clientes necesitados; y por usar esta financiación semipública para tapar agujeros del pasado.

El análisis de todas estas críticas no es simple. Ni los propios banqueros se ponen de acuerdo, criticando lo que hacen otras entidades. Pero todas las fuentes consultadas señalan que se están cumpliendo las normas fijadas por el Gobierno, salvo casos esporádicos y pasados. El debate está entre lo que "tienen" y lo que "deben" hacer las entidades. Las prácticas claramente prohibidas son la venta cruzada de productos y el uso de estos créditos para amortizar anticipadamente otros concedidos previamente. Algunas entidades intentaron tomar este camino hace dos semanas, como adelantó este medio, pero el ICO y el Banco de España se pusieron guardia para pararlo. Además, cuando lo hacían no había firmado ningún convenio con el Gobierno. Desde entonces, estas prácticas han desparecido salvo casos puntuales, según las fuentes consultadas.

placeholder La vicepresidenta Nadia Calviño. (EFE)
La vicepresidenta Nadia Calviño. (EFE)

Otra cosa son los intereses, la petición de avales extra y el rechazo a algunos clientes. El real decreto y el acuerdo del Consejo de Ministros que regulan estas ayudas no prohíben que se requieran más garantías para la parte que no cubre el Estado —entre el 20% y el 40% de los créditos—, ni obligan a aceptar todas las solicitudes. Tampoco fijan un límite claro de precios, tan solo que no se cobre más de lo que venía pidiéndose antes de que estallara la crisis sanitaria.

A este respecto ha habido quejas de determinados clientes por intereses cercanos al 4% para autónomos. La realidad es que las estadísticas de enero del Banco de España reflejaban un interés medio (TAE) para pymes del 3,5% y del 1,6% para medianas y grandes. Y también parece cierto que los precios medios ofrecidos por los bancos se aproximan más al 2% en el caso de pymes-autónomos. Las entidades aclaran que hay mucho nuevo cliente que no tenía historial crediticio previo al que se le da peores condiciones.

Autocrítica

Aun así, desde las entidades reconocen que hay cierta confusión en el sector: "Las ayudas no son para nosotros, ni para que hagamos negocio o mejoremos nuestro perfil de riesgo, son para que la economía no colapse", señala un directivo bancario. Sugiere que aunque no hay obligación, se debería levantar el listón.

Aun así, añaden las fuentes consultadas, el fallo es de origen. Por un lado del Gobierno, al fijar que los departamentos de riesgos hagan una criba previa de los créditos. Y, por otro, del BCE-Banco de España, que ha dado flexibilidad contable para no reflejar la morosidad de estos préstamos, salvo que haya certeza de que el cliente vaya a terminar quebrando. De esta forma, las normas conducen a las entidades a ayudar a las empresas y autónomos con un problema puntual de tesorería, pero no a las que verdaderamente están atascadas por la crisis del coronavirus.

Foto: El gobernador del Banco de España, Pablo Fernández de Cos (i), junto al presidente de la patronal AEB, José María Roldán (d), y el presidente de BBVA, Carlos Torres (c). (EFE)

Un problema parecido es el desatado por la moratoria hipotecaria. Esta medida fue de las primeras anunciadas por el Gobierno. Generó una gran controversia, ya que se limitó a las familias vulnerables y cumplir los requisitos se hacía difícil. Esto provocó quejas contra las entidades, por poner supuestamente obstáculos a la medidas. Los bancos estuvieron estudiando pedir una aclaración al Ejecutivo, pero al final optaron por ir más allá de lo que imponía el Gobierno ofreciendo un aplazamiento del capital de doce meses para hipotecas y de seis meses para créditos al consumo. Aun así, recibieron críticas.

La consejera delegada de Bankinter, María Dolores Dancausa, se ha quejado en más de una ocasión de que a los profesionales del sector se les trata como a los “banqueros de Mary Poppins”. La financiera tiene razón en que la banca española nunca ha hecho tanto como ahora para arrimar el hombro, y aun así tiene mala imagen.

Incluso así, los bancos no van a disputar esta batalla en los despachos, sino en la calle. No valen las palabras y actos de los consejos y comités de dirección. Una crisis de este calibre hace que su reputación esté en manos de cada una de sus sucursales, de cómo traten sus comerciales a las pymes, autónomos y familias con el agua al cuello. La banca tiene una oportunidad de oro para mejorar su reputación, o para enterrarla.

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