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El misionero que defiende a Blackstone: "Las ONG deberían pensar más como los fondos"

Álvaro Ramos encontró su misión entre los pobres de Honduras después de haber trabajado para fondos y bancos de inversión. Hoy, como misionero, aplica lo aprendido a ayudar a los demás

Foto: Álvaro Ramos durante la entrevista con El Confidencial. (Jorge Álvaro)
Álvaro Ramos durante la entrevista con El Confidencial. (Jorge Álvaro)
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A primera vista, nadie diría que es un sacerdote. No lleva sotana, sino una sencilla camisa de cuadros con chaqueta de punto azul; dice 'bi-ai-pi- (vip) para referirse a algo exclusivo y reconoce su admiración por fondos como Blackstone, cuyo sentido común y forma de gestionar aplica en su labor misionera en Honduras, pero, en vez de maximizar el dinero, su objetivo es maximizar la vida de los pobres.

Álvaro Ramos visita esta semana su Madrid de origen para recoger el premio Derechos Humanos Rey de España que se entrega hoy a ACOES, asociación fundada en 1993 por el padre Patricio Larrosa y centrada en proyectos educativos en Honduras, uno de los países más pobres del mundo. Ramos llegó aquí como voluntario y encontró su misión en la vida, hasta el punto de que hace dos años se ordenó sacerdote, pero sin por ello renunciar a su mentalidad de hombre de finanzas.

Álvaro Ramos. (Jorge Álvaro)
Álvaro Ramos. (Jorge Álvaro)

Al contrario, lo considera una ventaja que ahora debe explotar en favor de la mejor empresa posible: la destinada a ayudar a los demás. Con la mirada apacible de quien duerme con la conciencia tranquila, Ramos relata sin tapujos su pasado, cómo empezó a jugar al golf a los 13 años y conoció la pobreza gracias a los 'caddies' de los que se hizo amigo; su licenciatura en la elitista ICADE, el MBA que cursó en Estados Unidos y que le llevó a trabajar en Bank of America, donde diseñó estructuras de las hipotecas subprime; sus noches en discotecas como Gabana; los años en el bufete de abogados Freshfield y en la gestora inmobiliaria Azora...

"Ahora digo, ¡ay, Dios mío!, la cantidad de horas que he perdido con una copa en la mano", bromea, consciente de que todo ese bagaje es lo que le ha permitido estar donde está para aplicar todo lo aprendido en ayudar a los demás. "Nuestro proyecto en Honduras lo veo con una perspectiva de fondo de inversión. El problema es que pensamos que la empresa genera dinero para el accionista y esto es un proyecto que genera dignidad para las personas. Nuestros resultados son que los niños estudien y terminen la universidad".

"Nuestro proyecto en Honduras lo veo con perspectiva de fondo de inversión. Nuestros resultados son que los niños estudien"

Rosa, vicepresidenta de ACOES, es uno de esos niños que se ha beneficiado de la labor que inició el padre Patricio y ahora empuja, a su lado, Álvaro Ramos. Con seis años, cada mañana, salía junto a su madre y su hermana a moler y vender tortitas de maíz; ahora, con 38 años y ya casada, ha decidido quedarse en la asociación ayudando a que otros puedan seguir su mismo camino.

"El proyecto está tomando una nueva línea, personas que pensamos de otra manera, que hemos crecido como adultos solidarios, sin caer en el consumismo ni el individualismo. Somos ya más de 12 que hemos terminado la universidad y seguimos como voluntarios en el proyecto, en vez de irnos a trabajar para comprarnos una casa a nosotros o a nuestros padres", dice Rosa, sin darse cuenta de que, en el primer mundo, consumismo es comprarse el quinto par de zapatos de esta temporada, no una casa para los padres. Y, cuando se le apunta, sonríe humilde.

Álvaro Ramos. (Jorge Álvaro)
Álvaro Ramos. (Jorge Álvaro)

"Este proyecto persigue enseñar a los jóvenes el valor de ayudar. Después de tener lo mínimo, hacerles ver que vale la pena gastar la vida en cosas que sirvan para transformar el mundo. Porque, cuando trabajas, estás vendiendo tu vida, ¡y cuánta gente hay que gasta su vida en tener dinero en el banco que está muerto de risa! Yo mi vida la he gastado en ser útil a la sociedad, no la he gastado en ropa, ni en un diamante, sino en hacer que la gente cambie".

Para conseguirlo, hay cinco españoles sobre el terreno (el padre Patricio, Ramos, dos laicas y un laico) y toda una red de más de 200 voluntarios hondureños que, cada día, logran que 6.000 personas coman y 11.000 estudien. "Este proyecto es una gestora de resolver la pobreza", dice Ramos, para quien la educación es la base de todo. Y la economía, el instrumento. "Economía es distribuir recursos limitados entre las personas, es la gestión de las necesidades de una casa, no es ganar el máximo. Ahora entendemos economía como obtener el máximo beneficio, pero eso no es economía", asegura.

"Economía es distribuir recursos limitados entre las personas. Ahora, entendemos economía como lograr el máximo beneficio, pero no es economía"

El misionero español también se muestra convencido de que "las mayores diferencias en el mundo no son económicas, son en educación. Nosotros, en Honduras, necesitamos que los niños no se mueran, que coman, mientras que aquí, en el primer mundo, ya están programando. Ahí aspiran a ser taxistas o agricultores, sin saber que en 20 años todos esos trabajos los hará la inteligencia artificial...".

Un ejemplo de la mentalidad empresarial con la que Ramos aborda su labor solidaria es que tiene contabilizado el retorno de esta 'inversión': "De media, un estudiante puede costarnos entre 5.000 y 7.500 euros y, cuando acaba su proceso de formación, puede generar riqueza por 280.000 euros. Este es el valor de la educación: tú coges a un niño y le das de comer, estudiar y un poco de salud y en 15 años ese niño es una máquina de generar riqueza".

Álvaro Ramos. (Jorge Álvaro)
Álvaro Ramos. (Jorge Álvaro)

El gran problema que, en opinión de Ramos, tiene el mundo de las ONG es que les falta esta visión a largo plazo. "Muchas de ellas funcionan muy mal, no utilizan el sentido común ni la eficiencia. Te construyen una escuela y se marchan o hacen un proyecto de seis meses para mujeres". Con los proyectos de responsabilidad social corporativa de las empresas pasa un poco lo mismo: "Hay mucho 'marketing', pantalla, buenismo y poco sentido común".

Según su análisis, a esto se une un problema de estructura: hay muchos intermediarios y pocos operadores, poca gente en el terreno. Y para explicarlo, Ramos vuelve a recurrir a los fondos de inversión. "En el mundo de las ONG hay muchísimos intermediarios que captan dinero, pero faltan operadores. Es como si en el mundo de los fondos no existiesen Azora, Blackstone o Apollo. Se necesita gente que conozca las operaciones, los barrios pobres, que se quede diez años cuidando a los niños. Y no hay muchos equipos de ese tipo".

"El mundo de las ONG lo han complicado para no tener que meterse en el terreno y porque el mundo de la cooperación se ha convertido en negocio"

El triste resultado final es que "la gente envía dinero y ese dinero no va a un niño, sino a hacer un diagnóstico", dice crítico. "El mundo de las ONG lo han sofisticado un montón para justificar no estar ahí. Lo han complicado aposta para no tener que meterse en el terreno y porque el mundo de la cooperación también se ha convertido en un negocio. Si uno analiza los bancos bilaterales, ONU, etcétera, ¿cuánto cuesta y cuánto genera? Al final se ve que no es rentable".

Ramos sabe de qué habla. Antes de irse a Honduras, cuando estaba en Bank of America, trabajó en proyectos que, en teoría, iban dirigidos a ayudar al desarrollo, pero vio que era puro 'marketing'. "En el primer mundo cometemos el error de invertir más por buenismo o pantalla y en Bank of America pasaba eso, en algunos proyectos tirabas el dinero". Pero toda regla tiene excepciones, y en su opinión, Cáritas o Manos Unidas son dos ejemplos. "Me parecen un superejemplo de marca España y ojalá se desarrollasen en otros países".

Otro motivo de orgullo para nuestro país es que somos el que tiene más misioneros "y donde llegan, se hace el milagro. Pero el milagro nace y se forma en España", afirma Ramos. Una reflexión que invita a pensar en el papel que cada persona puede jugar, desde el primer mundo, en esta empresa dirigida a cambiar el planeta. "Necesitamos gente dispuesta a apoyarnos financieramente. Muchas donaciones son por un año o dos años..., pero nosotros construimos proyectos a 15 años para miles de personas. Si consiguiéramos cuatro o cinco grandes donantes dispuestos a apoyarnos así a largo plazo...".

ACOES cuenta con un sistema de becas y apadrinamiento de niños desde 15 euros al mes, y también se le puede ayudar con donativos tanto de dinero como materiales. "Que haya pobreza, en el corto plazo, puede beneficiar, pero en el largo plazo, no beneficia a nadie. Y las multinacionales, gracias a Dios, cada vez están más preocupadas, pero deben tener una visión más amplia, porque tienen ante sí una gran responsabilidad y una gran oportunidad".

España es el país del mundo que tiene más misioneros "y donde llegan, se hace el milagro. Pero el milagro nace y se forma en España", dice Ramos

Defensor de firmas como Blackstone o Azora (esta última, por su pasado común, le apoya en diversos proyectos), deja claro que "no los considero buitres. Con sus inversiones, dan rentabilidades a los fondos de pensiones de los policías, de los bomberos... Al menos, en lo que yo he visto, llamarles fondos buitres es, en general, equivocado. En 'advisory' (banco de inversión) sí tengo mis dudas, porque éramos muy agresivos, estábamos detrás de crear las estructuras de las subprime y no mirábamos las consecuencias, porque lo que buscábamos era llevarnos el 'fee' (comisión)", confiesa.

Álvaro Ramos. (Jorge Álvaro)
Álvaro Ramos. (Jorge Álvaro)

Conocedor de los dos extremos de la cadena, Ramos sorprende con su respuesta cuando se le pregunta por las enormes diferencias salariales de las empresas: "Pienso que el problema no está tanto en las estructuras de los salarios como en las conciencias de la gente. Se generan diferencias grandes porque existen diferentes capacidades entre las personas. Si ponemos suelos y techos estamos frenando la iniciativa de la persona. El problema no está en si alguien gana mucho, sino en su conciencia, en que vea que con su salario puede crear un gran patrimonio de ayuda a los demás".

Llegados a este punto, resulta inevitable preguntarle su opinión respecto a las críticas recibidas por Amancio Ortega cuando donó 20 millones a Cáritas o los 320 millones destinados a adquirir equipos oncológicos para la sanidad pública. "No las entiendo, creo que son muy injustas. A quienes critican, les diría que sean más humildes y no mezclen: creo que deberíamos estar en un sistema más eficiente, pero que no echen la culpa a Amancio Ortega".

Ramos tampoco esquiva la respuesta cuando se le pregunta si el problema de la Iglesia Católica es falta de 'marketing' o exceso de riqueza: "Un poco de todo. La Iglesia tiene que aprender a compartir mejor los bienes y la riqueza y a decir mejor lo que hace y no me refiero solo a los misioneros, sino a las monjas que están cuidando ancianos, por ejemplo. Yo me hice sacerdote porque me di cuenta de que no podía solo criticar a la Iglesia, pero claro, uno se tiene que involucrar, y la Iglesia también tiene que dejarse ayudar. Afortunadamente, la Iglesia donde estamos nosotros nos deja".

"El pueblo de Dios somos todos. No podemos dejar el desarrollo solo en manos de cooperantes. Hace falta gente formada, currante y de empresa"

En esa constante simbiosis de sus dos vidas, Ramos no duda en afirmar que si Blackstone, alguna vez, decidiera crear una asociación de ayuda, lo más normal sería que lo hiciera con la Iglesia Católica. "El pueblo de Dios somos todos y son las empresas, por eso, no podemos dejar el desarrollo solo en manos de cooperantes. Hace falta gente formada, currante y de empresa". Gente dispuesta a romper los moldes y clichés establecidos, como hace él.

"Todo empieza por ahí, eso es Jesús de Nazaret, el camino contracorriente. Habrá un día en que llegará una empresa que diga: si hago esto, me van a sacar del Ibex 35, pues que me saquen. Y la gente le seguirá".

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