Abandona La Caixa

Jaume Giró e Isidre Fainé: una pareja de poder y un divorcio político

Su salida pactada del universo La Caixa se ha despachado con la solemnidad de un acuerdo político. Por debajo de la foto oficial que escenifica la marcha hay muchísimos matices

Foto: Isidre Fainé (c), acompañado de Jaume Giro (d). (EFE)
Isidre Fainé (c), acompañado de Jaume Giro (d). (EFE)
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Martes 10 de diciembre. Auditorio Nacional de Madrid. La Caixa organiza su concierto navideño, con 'El Mesías' de Handel como reclamo. Sin embargo, la obra que ejecuta la Orquesta Barroca Casa da Música de Portugal no acapara el protagonismo de la tarde. Entre algunos de los invitados vip del evento corre como la pólvora una noticia. La sorpresa es generalizada. Solo unos pocos están al cabo de los detalles. Jaume Giró estaba fuera de la Fundación o, lo que es lo mismo, del paraíso gobernado por Isidre Fainé.

Una vez encendida la mecha, todo saltó por los aires el jueves, un par de días antes de lo previsto. La trascendencia de esta salida, tras once años al servicio directo de Fainé, primero en La Caixa, donde aterrizó como director de comunicación, marca, patrocinios y asuntos públicos, y ascendió luego a director general adjunto; y más tarde en la Fundación (cabecera del 'holding' del que cuelga Criteria y CaixaBank), donde ejercía como director general, encierra muchas más claves que el simple fin de una etapa profesional.

Natural de Badalona (1964), pocas veces un periodista, debutante en la delegación barcelonesa de Europa Press, alcanzó tal nivel de poder corporativo, incluido el Ibex 35, gracias a su habilidad para convertir la comunicación y las relaciones institucionales en una herramienta de poder ejecutivo dentro de una organización: primero en Gas Natural, luego en Repsol, en ambas casas sirviendo a las órdenes de Antonio Brufau; y más tarde en La Caixa, donde multiplicó exponencialmente su figura a la sombra de Fainé.

Su salida pactada del universo La Caixa se ha despachado con garantías para futuros silencios. Detrás de la foto oficial que escenifica la marcha hay tantos matices y medias verdades como enemigos ha acumulado el propio Giró en estas tres décadas en el mundo corporativo, donde ha hecho de todo. Gracias a su variedad de perfiles, igual ejercía de embajador de la obra social de la Fundación (presupuesto anual de 500 millones) como 'pintaba paredes' con quienes perdían la confianza del jefe. Era su trabajo y era el mejor.

Jaume Giró. (EFE)
Jaume Giró. (EFE)

Aunque desconocido a ojos del público, su nombre se convirtió en un imprescindible de las agendas del poder en España. Así quedó reflejado en un evento familiar celebrado la pasada primavera, donde entre sus muchos amigos y allegados Giró aglutinó a la flor y nata del mundo de la política (Mas, Aragonès, Rahola, Zapatero…) y de la empresa (Fainé, Florentino, Roca, Daurella…). Una exhibición de estatus que terminó reforzando los motivos por los que su mentor le retiró la confianza.

Giró estaba fuera de la Fundación desde el verano. De hecho, su desconexión formal se cristalizó en septiembre, cuando el patriarca de La Caixa nombró como adjunto a la presidencia a su amigo y persona de confianza Antonio Vila (70 años), a quien fichó para la caja catalana a mediados de los 80. Antes de este puntillazo, la fractura entre ambos se larva meses atrás, tras convencerse Fainé (y su núcleo duro) de que el empleado ambiciona parte del poder que él mismo ostenta. Porque todo se interpreta ya en clave sucesoria.

Mientras su trabajo, siempre entre bambalinas, resultó útil, tanto de puertas afuera como hacia dentro, como bien han sufrido Antonio Brufau, Juan María Nin o Francisco Reynés, el capo de La Caixa no dudó en aupar a Giró a su círculo estrecho de colaboradores. Sin embargo, la crisis política vivida en Cataluña, donde desde Madrid, bajo mandato del PP, se señaló a Fainé por su tibieza, precipitó el ocaso de su estrella, pese a que el cancerbero despachaba en la intimidad con Sáenz de Santamaría como ahora con Iván Redondo.

La situación fue tan crítica, y tanta la desesperación de Fainé, a quien Mariano Rajoy se negaba a recibir, que el propio líder de La Caixa se desplazó en persona hasta La Moncloa en la primavera de 2018 para entender el bloqueo institucional que sufría. La sospecha de que su mano derecha manejaba su propia agenda y sus tiempos (también en clave política) de manera paralela resultó el punto de inflexión para que la relación entre ambos se rompiera. Giró salvó entonces la bola de partido, pero la eliminatoria estaba ya decantada.

Fueron momentos de gran tensión. Todo lo que se hizo provocó desgarros institucionales, tanto en Madrid como en Barcelona, ante la dificultad de congraciarse con ambas plazas a la vez. De nada sirvió que las grandes compañías 'tuteladas' desde La Caixa cambiaran sus sedes sociales, pues para algunos fue demasiado tarde (el primero en salir fue Banco Sabadell) y para otros resultó excesivo mover todo, incluida la propia Fundación (instalada en Mallorca). Y en ese contexto tan binario, el arte de los matices era inútil.

Desde ese episodio, el papel de Giró en la organización menguó, aunque de puertas afuera se mostrara invulnerable. Dentro del castillo, sin embargo, este periodo ha sido de gran desgaste, incluidos dolorosos menosprecios personales. Pese a todo, sirvió a los intereses del jefe sin rendirse ante los otros validos, heridos por fuego amigo que le han atribuido. Intrigas palaciegas inherentes al Ibex. Tal vez por eso, el presidente de una cotizada resume con distancia lo ocurrido con el viejo dicho de "quien a hierro mata, a hierro muere".

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