En el World Business Forum

Whitney Johnson: "A la hora de contratar, tenemos que valorar la inexperiencia"

A través de la 'disrupción personal', esta experta financiera aporta las claves para lograr un el crecimiento empresarial basado en el aprendizaje continuado de todo su plantilla

Foto: Whitney Johnson.
Whitney Johnson.

Al echar un vistazo al currículum de Whitney Johnson, sorprende verlo coronado por el término “experta en desestabilización personal”. Sorprende porque Johnson se ha dedicado, durante más de una década, a analizar los mercados financieros, y Wall Street no parece un terreno en el que se valoren el desequilibrio, la intranquilidad o la neurosis.

Y, a juzgar por su nombre, sus apellidos y su acento, uno tampoco se espera que Johnson tenga DNI español. Ni que antes de pisar el parqué neoyorkino y dar conferencias, esta analista ejerciera de ‘cheerleader’ (animadora deportiva).

“La vida te da sorpresas…”, cantaba Celia Cruz. Aunque hacer giros, piruetas y dar saltos al vacío –pompones en mano– tampoco está tan lejos de los planes de crecimiento empresarial que propone esta experta financiera.

‘Desestabilízate’

“Que levante la mano a quien mandaron en el colegio al despacho del director”, ordena Johnson nada más comenzar su charla. Medio auditorio del World Business Forum Madrid –unas 600 personas– alzan sus brazos; algunas con más timidez que otras.

“Veo que muchos sois desestabilizadores desde pequeñitos”, ríe la experta. “Y habéis llegado aquí, eh…”, comenta desde el escenario a una sala repleta de altos ejecutivos.

"Lady Gaga es otra maestra de la desestabilización personal. Los empresarios pueden aprender mucho de ella"

“Un ‘disruptor’, cuando nace, es casi marginal en el mercado”, explica Johnson, aplicando el término al ámbito empresarial. “No son rivales; casi nadie se interesa por sus productos y las grandes compañías del momento no les consideran una amenaza”.

Hasta que se convierten en una, expone Whitney, mencionando los ejemplos de Netflix –el videoclub a domicilio que hirió de muerte a la industria del DVD– o Uber, la compañía de movilidad bajo demanda y la peor pesadilla hoy de todo taxista.

Lady Gaga y el Equipo A

Lady Gaga es otra maestra de la desestabilización personal”, prosigue. “Cuando bajaron las ventas de sus discos, colaboró con Tony Benett en un álbum de jazz”, un estilo que apenas había interpretado en su carrera. “Cuando ve que su popularidad baja, se reinventa. Y vuelven a subir sus ventas”.

La cantante integra la larga lista de ‘celebrities’, personajes históricos o figuras de la cultura popular que Johnson sugiere imitar.

“También fueron disruptores los miembros del Equipo A, el Spielberg de ‘Tiburón’ o el capitán Cook”, el explorador que descubrió Australia y que la exanalista convierte ahora en un icono del ‘management’ de dos siglos después.

La ‘curva de la S’

¿Y por qué estos nombres forman parte del listado de ‘desestabilizadores’? Porque cumplieron, de una u otra forma, una suerte de historia interminable de la desestabilización, que consiste en recorrer un gráfico en forma de ‘S’ que Johnson proyecta en pantalla.

Tres curvas, tres niveles: “Desde la inexperiencia, hasta la maestría, pasando por el 'engagement', situado a la mitad”. Los aspirantes a ‘desestabilizadores’ –que deberían suponer el 50% de la plantilla– empiezan por la franja inferior y pasan en ella en torno a 6 años.

Una vez han superado sus desafíos y ampliado sus límites, dan el salto al segundo bloque, en el que permanecerán entre 3 y 4. Ojo, porque el temor al cambio o la falta de nuevos desafíos, advierte Whitney, podrían romper la cadena.

Whitney propone un gráfico en forma de 'S' para resumir la reinvención empresarial. Cada curva, un nivel: inexperiencia, 'engagement' y maestría

“Como una ola, –¿sabrá Johnson que su charla con guiños pop también cita sin querer a Rocío Jurado?–, que nace gracias a la fricción del viento, una energía que el aire traslada al agua. Y si este empuje es mayor, al igual que la marea crece, los beneficios también”. Mar revuelto, ganancia de ejecutivos.

Una vez finalizado este tercer nivel –y ahí viene la mala noticia–, la gráfica se convierte en un tobogán: la saturación del mercado hace que el ‘disruptor’ resbale hasta la posición más baja; una vuelta a los orígenes que Johnson resume en 3 palabras: “Learn, leap and repeat” ("aprende, brinca y repite"). Y a por otros retos.

Pero este ‘desastabilizador’ curtido lleva consigo para su nuevo trayecto todo lo aprendido en el anterior, lo que le permitirá, además, convertirse en el mentor de los recién llegados a ‘la curva de la S’.

El papel de los jefes

Por todo ello, la gurú también ‘manda deberes’ a los ejecutivos de las compañías. Son quienes tienen que generar nuevos desafíos para seguir engrasando la máquina. “Porque sumar tiempo y competencias ya adquiridas solo genera aburrimiento”, recuerda.

Los jefes, apunta la exanalista, también tienen otra tarea pendiente: cambiar de mentalidad. “Hay que empezar a valorar la inexperiencia a la hora de contratar”.

La ignorancia, lejos de suponer un lastre, puede convertirse en una oportunidad. “Las preguntas sobre el porqué de las cosas abren la puerta a la innovación, a plantear otras maneras, quizá más eficientes, de funcionar; a otros puntos de vista que pueden ser beneficiosos para la compañía…”.

La tercera clave del ‘buen líder’ –predicar con el ejemplo antes de exigir resultados– Johnson la resume mediante un cuento popular: “Una madre llevó una vez a su hijo ante un sabio, porque el niño comía demasiadas golosinas”, narra la experta en liderazgo. Este, prosigue, ordenó a la mujer que regresase de nuevo una semana más tarde.

A los siete días, el crío seguía abusando del azúcar, para desesperación de la progenitora. “El filósofo volvió a decirle lo mismo a la mujer: otra semana más de espera”. Pasados 15 días, el sabio reprendíó al menor: “Comer demasiados dulces es malo para tu salud, deberías dejar de hacerlo”, a lo que el chaval asintió con la cabeza y se deshizo de su bolsa de caramelos.

“¿Ya está? ¿Tan sencillo? ¿Y por qué no hizo esto antes?”, preguntó la madre. “Porque dos semanas atrás –respondió el filósofo–, yo comía tantos dulces como él”.

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