En el World Business Forum

Nicholas Negroponte: "Se debería acabar con los exámenes en los colegios, son nefastos"

El informático dedica sus esfuerzos a reducir la brecha digital en países pobres educando digitalmente a sus menores mediante ordenadores portátiles y tabletas de 100 dólares

Foto: Nicholas Negroponte, en el World Buisiness Forum.
Nicholas Negroponte, en el World Buisiness Forum.

Si existiese un grupo de personas capaces de mejorar la vida en el planeta a gran escala, el informático y arquitecto Nicholas Negroponte (Nueva York, 1943) formaría parte de él.

En el año 2011, el periodista argentino Jorge Lanata le incluyó en su lista de '26 personas para salvar el mundo', una docuserie en la que el reportero charló con académicos, filósofos y sociólogos para explorar cómo la ciencia y el conocimiento pueden reducir la desigualdad o luchar contra las epidemias.

¿El motivo? Desde que el ‘inventor’ Negroponte –así tituló Lanata la entrevista– puso el broche a un completísimo currículum que incluye el nacimiento de la revista 'Wired' y del MediaLab del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), dedica sus esfuerzos a reducir la brecha digital en países empobrecidos educando –“haciendo aprender”, matiza—digitalmente a sus menores a través de ordenadores portátiles y tabletas con un precio de fabricación que no supera los 100 dólares (unos 80 euros) y cuyas pantallas, en ocasiones, son la única fuente de luz en remotos poblados de Camboya o Senegal.

Un futuro distinto

“Cada mañana, cuando me levanto, me pregunto cómo van a actuar las fuerzas normales del mercado”, explica Negroponte al auditorio –1.500 personas– del Palacio de Congresos de Madrid, inaugurando el escenario del World Business Forum.

“Y procuro hacer algo que no vayan a hacer estas fuerzas corrientes del mercado”, añade, sin perder la seguridad con la que pronunció, allá por 1984, la primera charla TED de la historia.

“Al contrario de lo que piensan muchos líderes políticos con los que he trabajado, los niños son el recurso más preciado que tenemos, más que el petróleo o los minerales".

Y Negroponte apoya esta sentencia en una anécdota real, la de cómo sus tablets y ordenadores cambiaron la vida de una paupérrima comunidad africana. “Les dimos PCs embalados en cajas, sin instrucciones; uno a cada niño”, narra.

"Al contrario de lo que piensan muchos líderes políticos, los niños son el recurso más preciado que tenemos"

“Y a los pocos días la relación de los menores con sus profesores había cambiado notablemente: todos se sentaban en círculo y aprendían y descubrían juntos”, explica mientras señala una fotografía en la que un adulto, también analfabeto digital, toquetea el aparato junto a sus alumnos. “Los métodos de aprendizaje eran otros: por ejemplo, el docente dejó de abofetear a los niños cuando no memorizaban la lección”.

Nicholas Negroponte, en el World Buisiness Forum.
Nicholas Negroponte, en el World Buisiness Forum.

Y la vida doméstica de los muchachos también se transformó: los vástagos se iban a casa con el ‘gadget’ bajo el brazo y enseñaron a leer y escribir a sus padres analfabetos con él. “En una ocasión, una mujer se me acercó y me dijo que había aprendido a escribir gracias a la computadora de su hijo”, recuerda. “Y fue emocionante”.

Pero el suyo no es un alegato a favor de suprimir la figura del profesor, explica Negroponte. Es una apuesta por la cooperación.

“La competencia en la educación es muy dañina”, sentencia. “Habría que dejar de hacer exámenes, como hacen países a los que les va muy bien. Estos nefastos test buscan la simplicidad del sistema, no el beneficio del niño”. Y sentencia: las pruebas contrarreloj, individualizadas y puntuadas “no son una buena manera de evaluar el progreso”.

Críticas a su método

Pero el proyecto ‘Un ordenador para cada niño’ también ha generado críticas. “Ha salido hace unos días un libro –me dan ganas de vomitar cada 4 páginas, relata– en el que se dice que nosotros les dimos ordenadores a los niños y ya”.

“En Etiopía fuimos a una aldea en la que nadie había visto jamás una palabra escrita. Le dimos una tableta a cada niño, sin ningún manual, e instalamos un panel solar en la entrada del pueblo”, prosigue. “Ellos mismos encontraron el botón de encendido de los ‘gadgets’ y cómo recargarlos; en dos semanas estaban cantando el abecedario todos juntos y en 6 meses sabían 'hackear' Android”, añade. “Ahora hablan perfecto inglés”.

Telecomunicaciones: un derecho básico

Por todo ello, Negroponte tiene claro que “las telecomunicaciones –wifi gratuito en espacios comunes, por ejemplo– deberían ser una infraestructura pública”; una afirmación que apoya en las consecuencias beneficiosas que genera y que repercuten en toda la comunidad.

Y debe hacerse cuanto antes, explica el profesor, “especialmente ahora, cuando comienza a implantarse el 5G”, que, “aunque no fue tan disruptivo como el paso del tercer al cuarto nivel”, sí será traerá novedades en las conexiones de las personas con las máquinas.

“Te atropella un coche y llega la ambulancia”, propone Nicholas. “Lo óptimo será que el vehículo cuente con todo tu historial médico en una pantalla”. Sin embargo, esta postura sí generaría conflicto, reconoce, con la defensa de la privacidad. “Tenemos que analizar con cautela por qué nos decantamos, porque no podremos elegir todo”.

La semilla

“¿Se imaginan plantar una semilla y que ‘brote’ un coche?”, pregunta Negroponte al auditorio del World Business Forum. “No se rían”, reprende a algunos murmullos entre las butacas. “Acabarán viendo que esta idea fructifica”.

‘Esta idea’ sale de la cabeza de una de las alumnas del ‘inventor’ en el laboratorio del MIT. Y su promesa de ‘florecimiento’ no es baladí. “Ahora estamos trabajando en una planta modificada que dé luz”. Y trasladarlas a cualquier parte del mundo no requerirá ni espacio ni mucho dinero. Bastará con transportar una semilla del tamaño de un grano de azúcar.

“El reverso de sus hojas será luminiscente y funcionará como una farola en zonas menos desarrolladas, sin ocupar apenas espacio”, añade. En cuestiones de invención, relata, “es más importante la voluntad que la viabilidad científica del momento”.

"Las telecomunicaciones, como el wifi gratuito en espacios comunes, por ejemplo, deberían ser una infraestructura pública"

“Porque, ¿saben dónde se escribió la primera tesis sobre nanotecnología?”, vuelve a preguntar Negroponte. “En el MediaLab del MIT”, se responde, barriendo para casa. “Antes, al estudiante que la escribió le habían llovido críticas y muchos se habían reído de su idea”.

De Negroponte también se rieron “los inventores de Internet –les conocí a todos; fuimos muy amigos”, narra–. “En 1988, hicimos una apuesta: les dije que en el año 2000 habría más de mil millones de usuarios en la Red; ellos no creían que iba a haber más de 30 millones”. El ganador se llevaría 30.000 dólares.

Llegado el nuevo milenio, tocó hacer cálculos. Nicholas les pidió de plazo hasta el 31 de diciembre. “Me aproveché un poco de que no hubiésemos fijado una fecha entonces”, relata. En Fin de Año, los internautas superaban, aunque por poco, los pronósticos de Negroponte. “¿Adivinan quién ríe ahora?”, culmina, mientras suelta una tímida carcajada.

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