Por casos como Cambridge Analytica

De la adoración a la regulación: así han caído en desgracia los dioses de Silicon Valley

En marzo de 2018, la revista 'Wired' sacó a Mark Zuckerberg en su portada. Hasta aquí nada inusual, tratándose del fundador y CEO de la red

Foto: Silicon Valley
Silicon Valley

En marzo de 2018, la revista 'Wired' sacó a Mark Zuckerberg en su portada. Hasta aquí nada inusual, tratándose del fundador y CEO de la red social más importante del mundo. Pero Zuckerberg aparecía ensangrentado, cubierto de moratones, como si le hubieran dado una paliza.

El consejero delegado llevaba un año y medio capeando diferentes acusaciones sobre la gestión de la privacidad, la diseminación de noticias falsas y la campaña de propaganda rusa en Facebook para influir en las elecciones presidenciales de 2016. Lo que nadie sabía es que este solo era el principio: los golpes reales aún estaban por llegar. Las grandes tecnológicas caerían de sus pedestales y en Washington despertaría un impulso regulador.

El mismo mes en que salió la portada, 'The Guardian' y 'The New York Times' destapaban el escándalo de Cambridge Analytica: una consultora británica que había obtenido, sin permiso, los datos personales de 87 millones de usuarios de Facebook, y los había usado para afinar su propaganda política en beneficio de Donald Trump. Zuckerberg se enteraba por la prensa.

El CEO de Facebook pidió perdón en la CNN, prometió reformas y extendió a todas las operaciones de su compañía los estándares que se le exigían en la Unión Europea. Mientras, las audiencias aprendían más sobre el tráfico de sus datos personales, y sobre el tamaño monopolístico de Alphabet o Amazon. En abril de 2018, Zuckerberg testificaba ante el Congreso estadounidense.

"El punto de inflexión estuvo ligado a lo que era visto como propaganda estatal apareciendo en Facebook y en otras grandes plataformas", dice a El Confidencial Robyn Caplan, investigadora de Data & Society Research Institute. "Creo que desde 2016 ha habido un vínculo más fuerte entre la influencia de estas plataformas y las instituciones democráticas. A medida que se fortalecía ese vínculo, ha habido un mayor apetito regulatorio".

El cambio de actitud hacia Silicon Valley, aquel laboratorio en el que jóvenes visionarios inventaban un futuro luminoso de conectividad, coches autónomos y diagnósticos médicos exprés, se hizo evidente. El lugar con el que soñaban las nuevas generaciones de gente creativa y trabajadora se parecía, cada vez más, al mundo corporativo de siempre: avaricia, monopolios. Espontáneamente se formó una coalición de críticos. Una coalición variopinta.

Por un lado estaban los académicos. Voces que habían estado años advirtiendo sobre los peligros del "capitalismo de la vigilancia" o los "mercaderes de la atención", y que ahora ganaban fuerza. Estaban los conservadores airados, convencidos de que Twitter y Facebook censuraban su discurso, como el propio Trump. Y la izquierda: los demócratas partidarios de regular al sector, e incluso de romperlo en cachitos, como si se tratase de los grandes monopolios de Carnegie o Rockefeller a principios del siglo XX.

Había gurús de Silicon Valley decepcionados, como Tristan Harris, de Google, o Chamath Palihapitiya, exvicepresidente de Facebook y responsable de ampliar el número de usuarios. El ejecutivo aseguraba que Facebook engancha al usuario generando subidones dopamínicos en su cerebro. "Este es un problema global", declaró. "Está acabando con las fundaciones de cómo se comporta la gente en solitario y en relación con otros".

Un cofundador de la red social, Chris Hughes, está actualmente reuniéndose con altos funcionarios del Departamento de Justicia y la Comisión Federal de Comercio: las dos entidades gubernamentales que investigan a las tecnológicas. El objetivo de Hughes es convencerlos de que rompan Facebook.

Se formó una alianza extraña, una gran coalición de actores que, en cualquier otra área de debate, habrían estado en desacuerdo, pero que se habrían unido en las críticas a Silicon Valley. Y por debajo de ellos, también cambiaba el magma de la opinión pública estadounidense.

Según una encuesta del portal Axios, junto con la agencia The Harris Poll, la reputación de las tecnológicas sufrió una caída en picado entre 2017 y 2019. Google y Apple pasaron de estar entre las diez corporaciones más respetadas de Estados Unidos, a ocupar los puestos 28 y 29, en 2018, y pasar a la mitad de la tabla este año. Facebook ha bajado hasta el número 94.

Otros sondeos apuntan en la misma dirección. Una encuesta de NBC News y 'The Wall Street Journal' refleja que el 75% de los estadounidenses "no confían o confían de forma limitada" en estas empresas. Según el Pew Research Center, siete de cada diez norteamericanos cree que es probable que las redes sociales censuren sus puntos de vista políticos, y algo más de la mitad estima que las corporaciones tecnológicas tendrían que estar más reguladas.

Ahora hay tres investigaciones en curso, como una hidra de tres cabezas: está la de la Comisión Federal de Comercio, la del Congreso y la del Departamento de Justicia. El foco de esta última es muy amplio: no ha mencionado nombres concretos de empresas; quizás no haga falta. La Fiscalía estudiará los sistemas de búsqueda en internet, las redes sociales y el comercio minorista online.

De momento, solo ha mordido la comisión de comercio (FTC): una multa récord de 5.000 millones de dólares a Facebook por violación de los datos personales, y la orden de crear un comité independiente, dentro de la corporación, que supervise las decisiones del CEO respecto a la privacidad.

"No tenemos la autoridad legal para quitar al Señor Zuckerberg del asiento del conductor", declaró Christine Wilson, comisaria de la entidad reguladora FTC, al anunciar estos cambios. "Pero hemos impuesto un sistema robusto de controles y equilibrios que extingue su habilidad unilateral de trazar la hoja de ruta respecto a la privacidad del consumidor en Facebook".

Facebook, Google, Amazon. El Gobierno tiene hambre. "Creo que, si miras a Amazon, aunque esto haya dejado ciertos beneficios, han destruido la industria minorista por todo EEUU", declaró el secretario del tesoro, Steve Mnuchin, poco después de que la Fiscalía anunciase la investigación antimonopolio. "No hay duda de que tienen una competencia limitada".

Otra manera de verlo es que Estados Unidos trata de recuperar el tiempo perdido en materia de regulación. "En Europa y Canadá ha habido mucho interés en regular la cuestión de la privacidad desde hace una década o así", dice Robyn Caplan. "Hay mucha más desconfianza hacia la manera en que operan las compañías y cómo utilizan los datos".

Según Caplan, sería precipitado elucubrar hasta dónde llegarán las pesquisas o hasta qué punto los funcionarios de Washington están mirando a la UE como un modelo (una UE atacada por Donald Trump al haber impuesto multas a Google o Facebook). Las que sí miran a Bruselas son las tecnológicas, como si buscaran una manera de predecir los golpes que les pueden caer en EEUU.

"Las compañías tecnológicas están mirando a lo que ocurre en Europa, como algo importante a lo que tienen que prestar atención", dice Caplan. "En términos de protección de datos, antimonopolio, y o violaciones de contenido y otras cosas. Se están tomando la regulación europea muy en serio".

Empresas

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios