Un extrabajador de Alierta, inhabilitado

Historia de un pelotazo fallido: así se urdió el fraude al calor de la opa de IAG sobre Vueling

Estas fueron las maniobras del exdirectivo de Iberia, que junto con un gestor de carteras de inversión trataron de sacar tajada de la información privilegiada que poseían. Pero no acabó como esperaban

Foto: Foto: iStock
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Primer acto: la revelación

Otoño de 2012. Tras la festividad de Todos los Santos, en noviembre, Sergio Turrión Barbado, a la sazón responsable de recursos humanos de Iberia, estaba a punto de recibir una información trascendente. El entonces consejero delegado de la aerolínea Marca España, Rafael Sánchez Lozano, explicó a Turrión Barbado que en el consejo de administración de IAG, el 'holding' británico al que ya entonces pertenecía Iberia, que se celebraría solo cuatro días después, el 6 de noviembre, se trataría nada más y nada menos que la posible opa de IAG sobre Vueling, la aerolínea catalana de bajo coste. El motivo de tamaña revelación a este empleado no era otro que el de encargar una valoración sobre el impacto que esta operación tendría sobre los recursos humanos de Iberia.

La compra de IAG sobre Vueling traería sinergias con Iberia y por consiguiente, duplicidades de personal que tendrían que ser subsanadas con lo que ello implica a nivel humano: el siempre difícil trance de despedir gente. Sin embargo, esto no era lo que parecía preocupar a Turrión Barbado, directivo de Iberia consolidado desde años atrás. Tenía en sus manos algo de lo que podría sacar buena tajada. Es verdad que los analistas habían especulado en prensa durante 2012 con esa posibilidad. La típica operación para ganar tamaño y rentabilidad que tiene sentido empresarial, pero no había nada concreto al respecto.

Segundo acto: la llamada

El responsable de recursos humanos de la aerolínea decidió que era momento de pasar a la acción. No había tiempo que perder. De esa manera, telefoneó al consejero delegado de MG Valores, Rafael Collada, un gestor de carteras de inversión curtido en mil batallas. Trabajó a las órdenes del que posteriormente sería uno de los popes empresariales del país, César Alierta, cuando el aragonés dirigía el bróker de inversión Beta Capital. Años más tarde, Collada decidiría seguir adelante por su propia cuenta con MG Valores, pero no se desvincularía del presidente primero de Tabacalera y posteriormente de Telefónica, alcanzando unas cotas de poder difícilmente alcanzables desde el mundo empresarial.

Foto de archivo de César Alierta. (EFE)
Foto de archivo de César Alierta. (EFE)

Collada gestionaba varias sociedades de inversión de César Alierta, y más tarde también manejó patrimonios de otros grandes poderes fácticos del 'establishment' patrio.

Rafael Collada descolgó el teléfono. Era Sergio Turrión, un cliente que tenía desde hacía tiempo un contrato de gestión discrecional de cartera con la agencia MG Valores, siendo así que, con la misma agencia, tenían otros tantos contratos su esposa y dos hijas mayores de edad. El directivo de Iberia quería hablar con él en persona y la fecha estaba marcada en el calendario: el 6 de noviembre de 2012. Era lunes. ¿Cuándo quedaron? A las tres de la tarde se verían en un restaurante de Madrid para comer. La cita era solo una hora antes de que arrancara el consejo de administración de IAG en el que se trataría una operación empresarial de amplio calado.

Tercer acto: la comida

El encuentro entre Turrión (Iberia) y Collada (MG Valores) duró menos de lo que lo hizo el importante consejo de administración que celebraba en Londres IAG. De hecho, la cumbre empresarial no terminó ese lunes, sino que tuvo que continuar a las nueve de la mañana del martes. La comida que a miles de kilómetros compartían Sergio Turrión y Rafael Collada tenía un objetivo concreto: había que comprar acciones de Vueling en el mercado y había que hacerlo ya. Turrión podía intuir que el consejo de administración depararía importantes e inminentes anuncios que pondrían, a buen seguro, patas arriba el mercado.

Un avión de Vueling se dispone a aterrizar en el Aeropuerto de Barcelona-El Prat. (EFE)
Un avión de Vueling se dispone a aterrizar en el Aeropuerto de Barcelona-El Prat. (EFE)

Collada debió tomar buena nota de las palabras de su cliente y ese mismo martes, 7 de septiembre, como en la canción de Mecano, pasó a la acción. MG Valores compró nada menos que 38.236 acciones de Vueling. El inversor adquirió la friolera del 11% de la negociación total de la sesión de ese día (362.872 acciones, en total). MG valores tenía en ese momento 150 clientes, pero las compras de acciones de Vueling fueron solo para ocho clientes. Entre los mismos estaban las carteras de Sergio Turrión Barbado, el directivo de Iberia con el que había comido el día anterior. Se compraron acciones de Vueling para las cuatro carteras de la familia de Turrión. Es decir, su mujer y sus dos hijas mayores.

Cuarto acto: el pelotazo

Tras la compra de acciones, ya estaba hecha la siembra, faltaba esperar la cosecha. Y germinó casi de forma instantánea. Ese mismo martes de aquel otoño de 2012, mientras España agonizaba con la crisis económica, IAG anunció a través de un hecho relevante enviado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) la posible opa sobre Vueling, lo que llevó al regulador a suspender de cotización a la aerolínea de manera instantánea.

Las acciones no volverían a cotizar hasta el día siguiente, miércoles 8 de noviembre, con el consiguiente subidón de precio. El pelotazo estaba casi logrado. Las 38.236 acciones que estaban en las carteras de la familia de Turrión Barbado se mantuvieron en barbecho hasta marzo de 2013, cuatro meses después, cuando se vendieron para recoger ya la cosecha de beneficios.

Quinto acto: la caída

El pelotazo se había consumado. Toda una maniobra urdida a la sombra de una opa que, sin embargo, no pasó desapercibida para la CNMV, la policía de los mercados. El organismo que dirigía por aquel entonces Elvira Rodríguez tardó varios años, pero el 20 de mayo de 2016, el consejero delegado de MG Valores y el directivo de Iberia recibieron la llamada que nunca hubieran deseado.

Toda una maniobra urdida a la sombra de una opa que, sin embargo, no pasó desapercibida para la CNMV, la policía de los mercados

El Ministerio de Economía y Competitividad, encabezado en aquel momento por Luis de Guindos, impusieron varias sanciones. 200.000 euros contra MG Valores como responsable de la comisión de una infracción muy grave que atentaba contra varios artículos de la Ley del Mercado de Valores, así como la suspensión de seis meses como miembro de la Bolsa de Madrid. También castigó con 100.000 euros a Sergio Turrión Barbado por comunicar información privilegiada relativa a las acciones de Vueling. Por su parte, Rafael Collada fue multado con 100.000 euros en su condición de consejero delegado de la firma y por la misma razón: comprar acciones de la aerolínea para terceros disponiendo de información privilegiada.

Sexto acto: la sentencia

Los culpables recurrieron. El 7 de septiembre de 2017, el entonces Ministerio de Economía, Industria y Competitividad desestimó un recurso de reposición contra la anterior resolución. Aun así, no se dieron por vencidos y acudieron a la justicia ordinaria.

Con la decisión de la justicia ordinaria, la inhabilitación para administrar y gestionar una sociedad ya no podía ser demorada por más tiempo

Pero la Audiencia Nacional no tragó con las razones de los hombres que urdieron el pelotazo. La Sala de lo Contencioso-Administrativo volvió a desestimar un recurso interpuesto, que se votó y falló el pasado 19 de febrero de 2019. Habían pasado ya casi siete años del fraude. La sentencia, a la que ha tenido acceso El Confidencial y de la que ha extraído los hechos para este artículo, condenó además a los recurrentes a pagar las costas del proceso.

Con la decisión de la justicia ordinaria, la inhabilitación para administrar y gestionar una sociedad ya no podía ser demorada por más tiempo. El consejero delegado de MG Valores cesó de este cargo ejecutivo el pasado mes de marzo, según consta en el registro mercantil. Por su parte, Sergio Turrión Barbado abandonó Iberia tras muchos años en la compañía. Antes de que se descubriera todo el pastel, en 2015, el directivo dejó —o quién sabe si le invitaron a dejar— la aerolínea más grande de España.

Y así es como aún colea una historia que ambicionaba sacar tajada de ese bien tan preciado como cotizado del que dicen que, quien lo tiene, ostenta el poder: la información. Por un puñado de dólares.

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