ANÁLISIS

Mar de fondo en Telefónica: el PSOE de Sánchez busca su hueco en la operadora

Los allegados de Pedro Sánchez quieren poner en valor los 123 escaños del presidente, que ya colocó a muchos colegas del PSOE con apenas 84 diputados tras la moción de censura a Mariano Rajoy

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Cada proceso electoral suele provocar movimientos sísmicos en el universo empresarial. Un hecho que puso de moda José María Aznar, cuando en 1996, al ganar sus primeras elecciones, relevó a todos los presidentes de Endesa, Telefónica, Repsol, Argentaria (ahora BBVA) o Tabacalera, entre otras compañías con presencia del Estado en el capital. Allí colocó a Manuel Pizarro, Juan Villalonga, Alfonso Cortina, Francisco González y César Alierta, entre otros, para repartirse un poder con el que controlar el sistema, medios de comunicación incluidos.

José Luis Rodríguez Zapatero no se pudo resistir a la tentación cuando llegó a la Moncloa en 2004. Pero solo consiguió hacerse con la presidencia de Repsol ante la resistencia que encontró en los primeros espadas de empresas que ya habían sido privatizadas, aunque la mayoría de ellas aún dependían de los reales decretos del Boletín Oficial del Estado. El caso de FG en BBVA fue sonado, con consecuencias que han llegado hasta hoy mismo. Sin ir más lejos, la intermediación en asuntos oscuros del comisario José Manuel Villarejo, que han acabado con el prestigio del banquero gallego.

Ante tales problemas para imponer a sus allegados, Zapatero buscó la afinidad de los colegas de Aznar y del resto del 'establishment', con Emilio Botín, Isidro Fainé, Borja Prado y José Manuel Entrecanales al frente. Sobre todo, por la habilidad de estos con las puertas giratorias con fichajes como los de la infanta, el yerno del Rey emérito o el exministro Pedro Solbes.

Mariano Rajoy, poco proclive a los líos empresariales, se limitó a hacer huecos a amigos y mujeres de amigos, como Rodrigo Rato, cuya ex fue nombrada presidenta de Paradores, o al jefe de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, que fue designado consejero de Red Eléctrica y que hasta entonces tenía escaso bagaje en el sector de las redes de alta tensión.

Pedro Sánchez, con un gobierno cogido con alfileres, batió récord de rapidez a la hora de renovar a los primeros ejecutivos de Renfe, Adif, Loterías del Estado, Correos o Paradores, donde fue a parar Óscar López (180.000 euros al año) pese a no contar hasta entonces con experiencia empresarial. También busco asientos bien remunerados para leales en el consejo de administración de Indra y en Red Eléctrica, donde ha hecho la limpia ideológica más profunda.

Pero, como siempre ha ocurrido, el pastel más goloso es el de Telefónica, la todopoderosa compañía española sobre la que todo político ha intentado influir. Lo hizo Aznar sin ningún rubor y lo intentó Zapatero con Javier de Paz. En la etapa Rajoy, el presidente no se opuso a que el marido de su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, se incorporase al departamento jurídico de la compañía. El mismo César Alierta ya había fichado para la operadora de telecomunicaciones a personas de su confianza como Manuel Pizarro, expresidente de Endesa, y Yolanda Barcina, expresidenta de Navarra.

Ahora, el círculo íntimo de Pedro Sánchez cree que ha llegado el momento de tentar a la suerte sobre los asientos de Telefónica. A las plantas nobles de la compañía presidida por José María Álvarez-Pallete ya ha llegado el ruido de sables que están promoviendo distintas personas vinculadas al PSOE o más concretamente, al presidente del Gobierno. Los vigilantes de Álvarez-Pallete, que entre lo primero que hizo al ser nombrado presidente fue eliminar los numerosos contratos de políticos disfrazados de asesores, se han puesto en alerta al descubrir unas maniobras que podrían desestabilizar a una compañía en plena transformación y horas bajas por haber vivido de un negocio —la voz— totalmente caduco.

Ahora, el círculo íntimo de Pedro Sánchez cree que ha llegado el momento de tentar a la suerte sobre los asientos de Telefónica

El equipo de guardia de Pallete sigue la pista a Javier Gómez Navarro, el que fuera ministro con Felipe González, presidente de Aldeasa y responsable de la Cámara de Comercio entre 2005 y 2014. Tras un paso aciago por el consejo de Isolux, que le implicó en el pago de 15 millones a un hijo de Jordi Pujol, ahora tiene su propio bufete —MBO— para hacer 'business' y, sobre todo, ha resurgido como consejero de Prisa, el grupo de medios al que Telefónica financia y que persigue recuperar el cariño del PSOE tras sus escarceos con el PP durante la última etapa de Juan Luis Cebrián.

También tienen en el radar a Miguel Barroso, el que fuera secretario de Estado de Comunicación durante la presidencia de Zapatero. Barroso, que estuvo casado con la fallecida Carmen Chacón, ya intentó en su día hacerse con un puesto de relevancia en Telefónica. Experto internacional en el mundo de la publicidad y el marketing político, trabaja en la multinacional WPP, accionista de relevancia de Mediapro. Es, por tanto, una persona cercana a Jaume Roures y a Miguel Contreras, el responsable de los informativos de La Sexta.

El movimiento, ya detectado, contaría asimismo con el asesoramiento de Carlos López Blanco, exdirector general de Asuntos Públicos y Regulación de Telefónica hasta hace un año y que ha sido invitado por Javier Gómez Navarro para incorporarse a la Fundación Esys, una institución presidida por el exministro en cuyo consejo está también José Enrique Serrano, director de Gabinete de Presidencia de Felipe González, de Zapatero e integrante de los equipos de Alfredo Pérez Rubalcaba y del propio Pedro Sánchez.

Los allegados de Sánchez quieren poner en valor los 123 escaños del presidente, que ya colocó a muchos colegas del PSOE con apenas 84 diputados

Un presidente en funciones que sufrió en sus carnes las veleidades de Alierta, que le vetó en favor de Susana Díaz, y que, según indican distintas fuentes, tiene ahora una buena relación con Pallete. Las mismas fuentes indican que Sánchez no está en esos juegos de poder, que bastante tiene con formar gobierno haciendo equilibrios con Podemos, Cs y los partidos nacionalistas. Pero otras señalan que, si cuando tenía 84 diputados fue capaz de colocar a numerosos allegados con esa experiencia en puesto de responsabilidad, qué no hará ahora con 123 escaños.

Y ponen de ejemplo a Juan Manuel Serrano, el que fuera jefe de gabinete de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, aupado a la presidencia de Correos y que ahora suena para el Ibex 35. O a Maurici Lucena, a quien Sánchez puso a los mandos de Aena, que capitaliza 25.900 millones de euros, tampoco muy por debajo del rango en el que ya se mueve Telefónica (38.700 millones).

En el entorno de Telefónica se relativiza la credibilidad de estos devaneos, que califican más de deseos personales, de ambiciones puntuales, que de realidad verosímil. Porque mover la silla de la presidencia de una multinacional de este tamaño se vería como un ataque indefendible contra el gobierno corporativo de una sociedad cotizada. Pero la propia debilidad en bolsa de la compañía, la amenaza de fondos buitres por hacerse con una participación relevante y el interés de grupos chinos por aliarse con la española, es un argumentario con suficiente peso como para justificar cualquier aventura.

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