EN LA JUNTA DE ACCIONISTAS DEL 31 DE MAYO

Los dueños de Repsol votan a favor de la continuidad de Brufau hasta los 75 años

ISS y Glass Lewis, las dos mayores agencias mundiales de asesoramiento a inversores, aconsejan respaldar la última renovación del presidente de Repsol

Foto: Antonio Brufau y Miguel Antoñanzas. (EFE)
Antonio Brufau y Miguel Antoñanzas. (EFE)

Antonio Brufau se someterá el próximo 31 de mayo en la junta general de accionistas a la reelección como presidente no ejecutivo de Repsol, una renovación que había sido puesta bajo la lupa porque, tal y como se acordó en 2015, el primer directivo de la petrolera iba a dejar su cargo este mismo año. Sin embargo, los inversores institucionales de la compañía energética han validado la continuidad del ingeniero catalán, que llegó a la cúpula de Repsol en 2004 y que se irá definitivamente en 2023, cuando cumpla 75 años.

Según fuentes del mercado, tanto ISS como Glass Lewis, los dos mayores asesores mundiales en recomendaciones de voto para inversores institucionales, han aconsejado a sus representantes que apoyen la reelección de Brufau, un asunto vital, como se ha demostrado en las recientes juntas de accionistas de ACS o Iberdrola. En el caso de la constructora, hasta un 35% de los accionistas votó en contra de la renovación de Florentino Pérez, mientras que en el de la eléctrica, la continuidad de Ignacio Sánchez Galán fue el punto del orden del día de la junta que más rechazo registró.

Al empresario nacido en Mollerusa le vencía ahora el contrato modificado en la junta de 2015 por el que renunciaba a un blindaje de 14,2 millones de euros a cambio de elevar su retribución anual hasta los 2,5 millones. Tal y como anunció Repsol hace cuatro años, la relación contractual de Brufau se extinguiría en 2019, por lo que se daba por sentado que el presidente dejaría definitivamente sus funciones. Así lo confesó incluso internamente a algunos de sus consejeros.

Pero el buen funcionamiento con el consejero delegado, Josu Jon Imaz, que se hizo cargo de todas las funciones ejecutivas, y la estabilidad accionarial de la compañía tras una etapa muy complicada por los enfrentamientos con Sacyr, Lukoil, Pemex e YPF llevaron a varios miembros del órgano de gobierno a proponerle continuar cuatro años más.

Los 'proxys' vigilan la separación de funciones entre el presidente y el consejero delegado, el tiempo en el cargo y la independencia de sus miembros

Brufau sondeó esta posibilidad ya a mediados del año pasado, cuando aún quedaban 12 meses para el vencimiento de su contrato, como adelantó El Confidencial en julio de 2018. El consejo de administración confirmó oficialmente su deseo de que continuara como presidente el 31 de octubre, un mes después de que CaixaBank, el mayor accionista de la compañía, comunicase la venta en diferido de su 9,4% del capital por unos 2.550 millones de euros, con pérdidas contables de 450 millones. Aunque ambas partes, que mantenían una relación tensa desde hacía tiempo, desvincularon ambos hechos, lo cierto es que los dos representantes del banco catalán abandonaron el órgano de gobierno, por lo que no tuvieron que refrendar la renovación de Brufau.

El anuncio oficial en octubre de la reelección puso en alerta, no obstante, a los conocidos como ‘proxys’, las empresas especializadas en velar por el buen gobierno corporativo de las compañías cotizadas. En especial, en cuanto a la separación de funciones entre el presidente y el consejero delegado, el tiempo en el cargo y la independencia de sus miembros. Tanto ISS como Glass Lewis se reunieron con la cúpula de Repsol en marzo para preparar la junta general que se celebrará el próximo 31 de mayo.

Y le trasmitieron que, aunque le apoyarían en su renovación, sería bueno que adelantase que sería su último mandato, que lo dejaría en 2023, cuando el ingeniero tenga ya 75 años. Así lo hizo Brufau, que a finales de marzo hizo público que sería su última presidencia y que abandonaría su cargo dentro de cuatro años, algo poco habitual entre los presidentes del Ibex 35. De hecho, en los últimos años, en los que se ha producido la sustitución o la renovación de los primeros espadas de BBVA, Endesa, Telefónica, Iberdrola o ACS, solo la del banco vasco estaba programada de antemano.

El apoyo de los ‘proxys’ a Brufau refrenda el tándem que forma con Imaz y el reparto del poder pactado entre ambos en 2014, justo después de resolver el conflicto con Argentina por YPF y de sofocar el enfrentamiento con Pemex, la primera empresa mexicana. Una transición que ha venido acompaña de una mejora en la cuenta de resultados, como demuestran los beneficios de 2018, los mejores en ocho años, y la paulatina subida del dividendo tras los recortes obligados de 2015 y 2016. Sin embargo, estos datos no se han reflejado en el comportamiento de la acción, que ha caído cerca de un 6% en los últimos 12 meses, pese a la revalorización del precio del petróleo.

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