RECHAZA SU ÚLTIMA PROPUESTA

DIA: Botín da un ultimátum a Fridman y exige a los bonistas asumir pérdidas

El banco español, dueño de un tercio de la deuda, ha rechazado el exigente plan de LetterOne al no aceptar dar dinero para que puedan cobrar los tenedores de bonos

Foto: La presidenta del Banco Santander, Ana Botín. (Reuters)
La presidenta del Banco Santander, Ana Botín. (Reuters)

El destino de DIA se reduce a un cara a cara entre Ana Botín y Mikhail Fridman. Ante la estampida de la mayoría de los bancos acreedores del préstamo impagado de 912 millones, las negociaciones para refinanciar la deuda del grupo de supermercados y evitar su quiebra inmediata se han convertido en un duelo entre LetterOne y Banco Santander, que ha rechazado la última propuesta del inversor ruso al exigir que los bonistas asuman una pérdida.

Según han confirmado fuentes financieras, Fridman ha mantenido su dura postura de obligar a los acreedores que aún no han vendido su parte del préstamo a extender el vencimiento hasta 2023, no amortizar ni un euro en los próximos cuatro años y concederle líneas adicionales de crédito de 380 millones para financiar las necesidades inmediatas de liquidez. El magnate nacido en Ucrania y nacionalizado ruso e israelí no ha cedido ni un palmo en su hoja de ruta, que considera vital para poder sacar a DIA de su situación actual de insolvencia en un plazo mínimo de dos años.

Pero la severa postura de LetterOne ha chocado de lleno con Santander, que tiene 325 de los 912 millones del crédito sindicado. Según las mismas fuentes, el banco presidido por Ana Botín no ha dado su brazo a torcer y le ha dado un nuevo portazo a Fridman. La diferencia con los anteriores es que el primer banco español también ha puesto sus condiciones y que apenas quedan tres días —el próximo 20 de mayo— para que DIA tenga que solicitar a la fuerza el concurso de acreedores.

Al contrario, Santander ha comunicado al millonario ruso con residencia en Londres que rehúsa alargar el vencimiento y concederle dinero nuevo si LetterOne destina los 500 millones adicionales de la ampliación capital a repagar a los bonistas en lugar de a la banca. Como los bancos, los bonistas tienen también 900 millones de deuda —1.800 millones en total—, pero hasta el momento no han tenido que asumir pérdidas ni han entrado en la negociación.

Como es sabido, si triunfa la opa y llega a un acuerdo de reestructuración con las entidades financieras, Fridman hará una aportación de capital por el citado importe para terminar de recapitalizar la compañía. De esos 500 millones, 300 irán a repagar la primera emisión de bonos que vence en julio y que, de no amortizarla, los tenedores de esos valores de renta fija podrían instar el concurso.

Pero el Santander ha trasmitido a Fridman que no está dispuesto a darle más dinero de su balance para que cobren los bonistas —las otras dos emisiones expiran en 2021 y 2023— y la banca tenga que esperar hasta dentro de cuatro años. En otras palabras, que los inversores de bonos tienen que sumarse a la lista de perdedores después de que los accionistas hayan visto evaporarse más del 80% de su dinero en un año y que las entidades financieras tengan que provisionar parte del crédito impagado.

Huida general

El futuro es tan incierto que varios de los principales acreedores de DIA han vendido a derribo su deuda en el mercado secundario. La huida de Commerzbank, Deutsche Bank, JP Morgan y el amago de BNP Paribas han dejado las negociaciones prácticamente en manos del Banco Santander, que hasta el momento ya había rechazado la anterior propuesta de rescate de LetterOne. Ante el riesgo cada vez mayor de quiebra, estos bancos han preferido liquidar sus posiciones vendiendo con un descuento medio del 40% y asegurar el cobro del 60% restante.

Mientras tanto, LetterOne espera poder tener antes del viernes los datos finales de la polémica opa voluntaria lanzada sobre el 70% del capital de DIA a 0,67 euros por título. El multimillonario ruso confía en que, después de que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) le exonerara de cumplir con la obligación de ofrecer un precio equitativo —3,80 euros en este caso— y de un porcentaje mínimo de aceptación, alcance al menos un respaldo del 50% del capital.

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