44.000 EMPLEOS EN EL AIRE

Pánico en DIA, entre la ruleta rusa de Fridman y el duelo con Ana Botín

El inversor ruso despliega una estrategia de miedo para que los accionistas y la banca acepten sus duras condiciones y se rindan a su plan de rescate

Foto: Enrique Villarino.
Enrique Villarino.

Apenas quedan 48 horas para que se resuelva el futuro inmediato de DIA, empresa que emplea a 44.000 trabajadores en todo el mundo, 'más de 26.000 en España', situación que no ha tenido mención alguna en la eterna campaña de las elecciones generales. El próximo martes se sabrá si la Oferta Pública de Adquisición (OPA) lanzada por LetterOne tendrá éxito o será un fracaso, resultado que supondrá la apertura de una vía de salvación a la cadena de supermercados o su sentencia de muerte. El destino está también en manos de la CNMV tras el último órdago lanzado este viernes.

Se trata de una operación de rescate promovida por un inversor ruso sancionado con 800 millones en Estados Unidos (Veon, empresa de telecomunicaciones, de la que es el mayor accionista) por soborno. Un magnate que a su vez se siente engañado por un consejo de administración que, tras oponerse frontalmente a sus intenciones, tras echar pestes sobre sus rudas formas de negociar, se ha pasado a su bando ante el miedo a acabar sus vidas en los tribunales por administración desleal. Porque lo que define la situación actual en DIA es el pánico. Un pánico legalmente medido al detalle.

Una estrategia perfectamente diseñada por Mikhail Fridman, cuyos hombres de máxima confianza, como Stephan DuCharme, llevan con absoluta naturalidad, confiados plenamente en que, al final, accionistas, bancos y CNMV hincarán la rodilla, como ya ha hecho el consejero delegado, Borja de la Cierva. La carta personal remitida a los accionistas minoritarios y el adelanto de unos pésimos resultados que había anunciado para el 14 de mayo delatan que De la Cierva siempre mantuvo la cordialidad con sus amigos rusos.

Como si fuese un pistolero del Oeste, o un espía de la antigua Unión Soviética, el planteamiento de Fridman ha sido binario: o aceptas mis condiciones a rajatabla, o lo pierdes todo y mueres. Así lo hizo primero en diciembre del pasado año cuando pidió la dimisión del consejo de administración con una carta llena de agravios poco diplomáticos y cuando en febrero lanzó la OPA voluntaria a 0,67 euros por acción en contra del consejo de sus asesores financieros más directos, que no dieron crédito a su hoja de ruta. Una fórmula poco común en la que te la juegas todo como a la ruleta rusa.

LetterOne está seguro de ganar esta partida. Justifica su cara o cruz porque desde que invirtió en DIA, en el verano de 2017, ha perdido 600 de los 700 millones que destinó a comprar el 29% del capital. Porque desde que hizo su apuesta, la compañía ha reconocido irregularidades en sus cuentas que ni el director de la comisión de auditoria —el propio Borja de la Cierva— supo ver y que supuso el reconocimiento de unas fuertes pérdidas en 2018 y la denuncia de presuntos delitos por varios altos directivos en la Fiscalía Anticorrupción. En consecuencia, si el consejo no fue capaz de advertir estas falsedades, debía haber dimitido meses atrás y haberle dejado gestionar a sus anchas. Y, evidentemente, todos tienen que participar de la pérdida. No solo los accionistas, como él, sino también la banca, por haber prestado dinero a una empresa sin que sus departamentos de riesgos alertasen de la situación. Incluida la CNMV, a la que le ha lanzado un órdago sin precedente para dar por bueno un precio que en condiciones normales debería ser cinco veces superior.

Fridman se siente engañado por el consejo de administración, que ahora se ha pasado a su bando, y los accionistas, timados por el ruso y Goldman

El ejecutor del este plan de Fridman es DuCharme, un hombre educado, que demuestra una frialdad espectacular. Inflexible, no hace el mínimo gesto para expresar lo que piensa por dura que sea la situación. Mientras a las personas de su alrededor les tiemblan las piernas por enfrentarse a la banca sin la mínima concesión, pese a exigirle una bajada de pantalones sin precedentes, y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), DuCharme está convencido de que todos pasarán por el aro tras endurecer su postura. "O me vendes, o lo pierdes todo", se han encargado de difundir esta última semana con la ayuda de De la Cierva.

Pero los rusos, se han encontrado con dos resilientes en el fuerte. Uno es el colectivo de los pequeños accionistas, que se niegan a vender a un precio que consideran ridículo teniendo en cuenta que DIA cotizaba hace poco más de un año por encima de los tres euros y ante las sospechas de que los ataques bajistas de Goldman Sachs —el banco de Fridman han tenido mucho que ver en el desplome de la cotización. En otras palabras, que la ha hundido la empresa a propósito para comprarla a derribo, hilo de investigación que ni la CNMV ni el consejo de la compañía han podido demostrar en absoluto.

El otro, en esta caso la otra, es Ana Botín, la presidenta del Banco Santander, que ya perdió 30 millones de euros en la quiebra del Grupo Zed+. Una empresa española de tecnología de la que Fridman era un accionista destacado y que vivió capítulos policiales como la detención de un abogado del ruso nada más aterrizar en Madrid o la prisión provisional de su consejero delegado, Javier Pérez Dolset, por unas supuestas cuentas bancarias en Panamá que de momento no aparecen.

La partida está en manos de la presidenta del Santander, que ya perdió 30 millones con el magnate, y en la de los castigados proveedores

El Santander es el único banco de los doce que forman parte del préstamo sindicado de 912 millones que ha decidido no aceptar las duras exigencias de LetterOne, que es no cobrar ni un euro de deuda hasta 2023, concederle otros 340 millones adicionales y no tener derecho a exigirle ninguna obligación financiera. A cambio, eso sí, de poner 500 millones adicionales de su bolsillo moscovita. Una propuesta con quita encubierta que condena al banco a perder porque, por exigencia del BCE, tendrá que provisionar un crédito que se considera impagado según criterios contables.

Ante este planteamiento, la respuesta de Botín ha sido clara: el ruso quiere quedarse con el activo que, bien gestionado, es rentable, para recuperar mucho más de lo que ha perdido (DIA llegó a valer 3.000 millones hace año y medio) a costa de la banca. Ante esa tesitura y para preservar el dinero de los accionistas del Santander, la presidenta prefiere quedarse la cadena de supermercados mediante el canje de deuda por capital. Una decisión siempre indeseada para cualquier banco, pero que ya se aplicó a SuperSol años atrás, y más recientemente a Abengoa. Prestar dinero para que el beneficio se lo lleve otro —Fridman— no entra en la cabeza de la hija de Emilio Botín, curtida en esto de echar pulsos. Es la tercera vía para salvar a DIA que pone en entredicho la estrategia del pánico de LetterOne y De la Cierva.

Un duelo sin precedentes que mantiene en vilo a 44.000 empleados y a miles de proveedores, que ya exigen a la compañía cobrar por adelantado para servirle mercancía. Sin producto en los lineales, la muerte puede acelerarse en cuestión de días. Una situación que recuerda a la de Banco Popular, que cayó por quedarse sin dinero —su producto— en ventanilla.

Empresas

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
8 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios