LA INVERSIÓN DE OAKTREE DA SUS FRUTOS

El fondo buitre que repuebla la España vacía a base de millones y puestos de trabajo

Ha invertido 100 millones en recuperar una mina de wolframio en Barruecopardo, al norte de Salamanca, un pueblo olvidado donde hoy trabajan 800 personas

Foto: Mina de Barruecopardo (i) y una piedra con mineral de wolframio (d).
Mina de Barruecopardo (i) y una piedra con mineral de wolframio (d).

Posiblemente, ninguno de los líderes de los cinco partidos que se disputan los escaños del Congreso de los Diputados el próximo 28 de abril saben donde está Barruecopardo. Una pequeña población al norte de Salamanca, que linda casi con Portugal y en la que apenas viven 40 personas. Y si lo conocen, en sus hojas de ruta de sus respectivas campañas electorales no tienen previsto hacer una parada y fonda. Sin embargo, la mayoría de los representantes del PSOE, PP, Ciudadanos, Podemos y Vox aprovecharon la manifestación que tuvo lugar en Madrid el pasado 31 de marzo para coger la bandera de la llamada España vaciada y lanzaron sus propuestas para repoblar esa otra parte del país abandonada por la Administración central.

Los 50.000 manifestantes acabaron con su protesta con un discurso en el que reclamaron "menos palabrería y más inversiones". Una advertencia por la consabida hipocresía política. "Sin inversión, despoblación, España despoblada, España arruinada", rezaban las pancartas que ya han dejado de ser noticia porque el debate electoral del día a día busca otros intereses más cortoplacistas.

De hecho y a la hora de la verdad, solo Albert Rivera, el único que asistió 'in situ' a la manifestación, tuvo el detalle este jueves de arrancar oficialmente la campaña de Ciudadanos desde Pedraza, población segoviana a cerca de hora y media de Madrid. Un pueblo de apenas 400 habitantes, conocido por sus deliciosas viandas en forma de cochinillo y por el festival veraniego de las velas. Una villa medieval amurallada repleta de restaurantes y tiendas de suvenires que es inundada todos los fines de semanas por turistas en busca de paz y buena comida por sus calles empedradas.

Barruecopardo es un ejemplo de que, con inversión, hay vida. De que con dinero, se puede repoblar la España olvidada. El responsable de esta resurrección de una población que tuvo décadas atrás actividad industrial y población es Oaktree. Un fondo de capital riesgo al que comúnmente se identifica con los fondos buitre que aprovechan momentos de crisis para comprar barato y vender caro.

Oaktree, que también tiene esa área oportunista, no tiene esa visión cortoplacista. Al contrario, invirtió 90 millones de euros en 2015 en comprar a una empresa irlandesa una mina olvidada de wolframio, un material muy resistente al calor y con una dureza solo inferior al diamante que hoy en día se utiliza para teléfonos móviles, coches, aviones, trenes, instrumental odontológico y maquinaria pesada. Un mineral que ha sido calificado como estratégico por la Comisión Europea dado que el 85% de la producción mundial la controla China, país que ya puso cuotas a la exportación.

Invirtió 90 millones de euros en 2015 en comprar a una empresa irlandesa una mina olvidada de wolframio

Esta apuesta, liderada por Carlos Gila, la misma persona que rescató Panrico, ha llevado a este pueblo a unas 800 personas que trabajan en la zona para extraer el metal conocido también como tungsteno. Aunque censados hay 400 habitantes, en realidad, diariamente, solo viven unos 40, por lo que la llegada de los ingenieros y trabajadores de Saloro SL han inundado el pueblo. Los que solo vuelven a Barruecopardo en vacaciones de verano han rehabilitado las casas, muchas heredadas, para alquilarlas a los empleados de esta compañía, cuya matriz final —Barruecopardo Join Venture BV— tiene la sede fiscal en Holanda, donde se pagan menos impuestos.

El regreso de la actividad industrial ha supuesto la reapertura de tres bares y dos hostales donde se reúnen profesionales de todas las partes del mundo. Como el presidente de Saloro SL, Hubertus Vogt Jorn, alemán de nacimiento, o el consejero delegado, John Nicol Stephen, australiano, quien asegura estar encantado de vivir en España y este pequeño pueblo salmantino.

Cuatro años después de la inversión y tras superar las habituales reticencias políticas y de los ecologistas, en Oaktree esperan empezar a ver los frutos este mismo año. Las previsiones más optimistas hablan de que se llegará a la veta buena antes del verano. Las más conservadoras, en septiembre. En cualquier caso, el fondo de capital riesgo espera empezar a recuperar su apuesta en cuestión de meses. A partir de ese momento y de forma progresiva, el personal se irá reduciendo hasta los 400 trabajadores que formarán la plantilla definitiva, diez veces los habitantes habituales de este pueblo charro que tuvo su auge después de la Segunda Guerra Mundial y que quedó casi deshabitado cuando no había dinero ni futuro.

Todo un ejemplo de repoblación por el que no pasará la caravana del 28-A.

Empresas

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
32 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios