manuel morales enfila su jubilación este año

El cerebro de Migasa culmina su salida tras profesionalizar la mayor aceitera española

El directivo externo ha sido clave, por austeridad, visión y firmeza, en la creación de un grupo de 1.200 millones. Antonio Gallego (padre e hijo) y Diego Gallego, nuevo tándem directivo

Foto: Antonio Gallego, actual primer directivo de Migasa, en el centro. (Ontier Abogados)
Antonio Gallego, actual primer directivo de Migasa, en el centro. (Ontier Abogados)

Manuel Morales López es tan discreto y ha mantenido en público un perfil tan bajo que apenas hay fotos de él. Unánimemente considerado el cerebro detrás de la creación en las dos últimas décadas del mayor grupo aceitero de capital español, Migasa, Morales enfila su salida definitiva de la empresa previsiblemente en este año. El tándem que formó con Antonio Gallego, representante de una de las tres ramas familiares que controlan la empresa sevillana, les llevó a integrar varias marcas reconocidas de aceite de oliva que atravesaban dificultades: Rafael Salgado, Mueloliva, La Masía e Ybarra son las más relevantes. Esta última, a la que Morales estuvo especialmente dedicado ya que la familia Ybarra exigió en 2010 que fuera él quien liderara la integración en Migasa en nombre de los Gallego, fue la guinda de su carrera.

Tras ello, y desde inicios de 2017, Morales ha ido cediendo progresivamente sus funciones al tiempo que promocionaba tanto a directivos de la familia como a externos. Así lo explican dos fuentes empresariales muy cercanas a la compañía, y la propia Migasa confirma incidiendo en que el traspaso de funciones se ha venido produciendo de manera paulatina. Morales impulsó también la creación de un comité de dirección y, aunque aún va físicamente a Migasa un día a la semana (al denominado consejillo de los viernes), ha estandarizado y procedimentado el grupo ante su próxima jubilación al llegar a los 65 años. Es también consejero de la compañía.

El nuevo tándem que viene asumiendo la toma de decisiones estratégicas está conformado por el citado Antonio Gallego y su hijo Antonio, y Diego Gallego (sobrino de Antonio). La convivencia no es sencilla entre Antonio y su hermano Miguel, presidente pero sin funciones ejecutivas relevantes. Las discrepancias entre ambos se arrastran desde hace años y eran limadas, o al menos encauzadas, con la figura de Morales. Miguel, de hecho, trató de vender su 33% en el grupo hace seis años pero la operación no fructificó. Los otros dos paquetes de otro 33% cada uno están, respectivamente, en manos de las ramas de Antonio y su sobrino Diego (hijo del fallecido Diego Gallego, a la sazón hermano de Antonio y Miguel)

"Es una persona firme, muy responsable, de una gran austeridad en la gestión y su vida cotidiana. Siempre defendió que el dinero que se gana donde mejor está es en la empresa, lo que ha dado lugar a una firma tremendamente capitalizada [284 millones de patrimonio neto en 2017]. Deja una empresa estandarizada y que funciona ya prácticamente sin él. En el plano familiar, Diego está asumiendo ese papel de nexo de unión entre los intereses de sus dos tíos, Antonio y Miguel". Voz tremendamente crítica, en ocasiones, con lo que la familia quería hacer, Morales se ganó el respeto de todos.

"Fue crítico con los Gallego en ocasiones y defendió que el beneficio donde mejor está es en la empresa: por eso la dejó tan capitalizada con 284 millones"

Ha promocionado a Antonio Gallego hijo como director comercial; a Francisco Gallego (otro sobrino) como director jurídico; al citado Diego como responsable de Operaciones (la parte industrial); y a Iván Hermoso como director financiero. Este último, externo a la familia, ha sido tutelado personalmente por Morales y era el número dos del departamento financiero en Ybarra. La centenaria marca aceitera de la familia Ybarra entró en barrena en 2009 y fue rescatada por Migasa. Otra persona relevante en el nuevo organigrama surgido de desgajar las responsabilidades de Morales es Fernando Medina Gallego, director comercial de Ybarra y enlace entre la matriz y la filial.

Ybarra tardó solo seis meses en entrar en beneficios tras caer bajo la tutela de Morales. Eliminó gastos superfluos relacionados con actividades privadas de los antiguos gestores y renegoció a la baja los sueldos para acercarlos al promedio de Migasa, significativamente inferiores. Es por eso que igual que tiene defensores -empezando por la familia, que oficialmente señala que no hay duda de su compromiso total con la compañía durante más de dos décadas-, tiene detractores. Otro de sus logros fue crear un equipo de compras que es el corazón del negocio y la base para que el beneficio anual ronde los 30 millones los últimos años. "Migasa no es un banco ni somos las hermanitas de la caridad: queremos ganar dinero", solía decir a quienes acudían a solicitar apoyo para dejar claras las bases del diálogo.

Evolución de la cifra de negocio de Migasa. (Registro Mercantil)
Evolución de la cifra de negocio de Migasa. (Registro Mercantil)

"Va a haber estabilidad tras el adiós definitivo de Manuel Morales", resume una de las fuentes consultadas. "Ya venimos trabajando con la nueva organización profesionalizada desde hace más de dos años y venimos cumpliendo lo que nos marca el consejo de administración", señalan desde la propia Migasa. El reto será seguir teniendo el mismo tino no solo para comprar aceite de oliva o girasol al mejor precio, sino para adquirir las marcas que permitan darle salida con el mayor valor. Y todo ello sin olvidar que, tras integrar Ybarra, los Gallego le han cogido cariño al negocio de salsas (especialmente mayonesa). En 2017 adquirieron la marca cordobesa Musa a Dcoop y puede ser una vía de diversificación interesante a futuro.

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