implanta robots colaborativos en almussafes

La ingeniera de 24 años que agita Ford: "No me siento en un mundo de hombres"

Paula Carsí es la gerente de ingeniería más joven de la planta de Almussafes. Con el equipo que lidera ha implantado por primera vez robots colaborativos, que mejoran los procesos de fabricación

Foto: Paula Carsí, con una de las máquinas con las que trabaja en la planta de Ford Almussafes (Valencia)
Paula Carsí, con una de las máquinas con las que trabaja en la planta de Ford Almussafes (Valencia)

Ford Motor Company afronta un momento crítico para su estructura industrial en Europa. El fabricante multinacional de vehículos, con sede central en Detroit, está implementando un plan de ajuste de su división continental para tratar de hacerla regresar a la senda de la rentabilidad y prepararla para los retos que encara en general el sector del motor a nivel mundial. Ford ha expresado ya cuáles son sus intenciones en las plantas de Francia, Alemania o el Reino Unido y se prepara para iniciar una negociación con la factoría de Almussafes en Valencia, la más rentable y productiva en volumen de unidades fabricadas de cuantas posee en Europa. Si hasta ahora no ha habido noticias de cómo afectará el ajuste a la unidad española es porque es a partir de este mes de marzo cuando se van a iniciar las conversaciones entre la cúpula ejecutiva que dirige Steve Armstrong y los representantes de la plantilla, que acaba de renovar su comité de empresa con una nueva mayoría absoluta de UGT.

Pero además del factor sindical y laboral, Detroit es consciente de que debilitar la fábrica valenciana puede tener consecuencias negativas a largo plazo. Almussafes es una de las plantas más competitivas de Ford a nivel global. Actualmente, fabrica diversos modelos de éxito, como el Kuga, el Mondeo o la furgoneta Transit, y motores de cilindrada alta dirigidos principalmente a Estados Unidos. El 90% de su producción tiene como destino la exportación y gran parte de su eficiencia se debe no solamente al 'know how' que aporta la multinacional desde sus centrales en Estados Unidos, sino a la innovación que, desde que se inauguró en 1976, genera en su interior la propia fábrica. Este factor, que además se refleja en la exportación de innovación autóctona a otras plantas de la compañía, no es desdeñable y pone en cuarentena cualquier opción de deslocalización de producción precipitada y basada exclusivamente en criterios de coste o ahorros.

Los robots colaborativos o 'cobots' permiten el trabajo compartido con humanos; son máquinas sensorizadas que se adaptan al cambio

Paula Carsí ejemplifica mejor que nadie cómo Ford tiene mucho que ganar cuando da rienda suelta a la innovación en su red global sin necesidad de centralizarla. Con apenas 24 años, esta ingeniera espacial por la Universidad Politécnica de Valencia, máster en Aeronáutica y con formación técnica en Estados Unidos gracias a una beca Promoe, fue fichada como ingeniera junior en la planta de Almussafes en febrero de 2016. Fue seleccionada tras un primer contacto en una de las jornadas que la Politécnica organiza para poner en contacto a alumnos o exalumnos con grandes empresas. Previamente había trabajado unos meses con el fabricante de deportivos a la carta GTA Motor y en la empresa Comet, que ofrece soluciones de ingeniería.

La línea de producción de Ford Almussafes. (EFE)
La línea de producción de Ford Almussafes. (EFE)

En apenas tres años, Carsí ha pasado a ocupar un puesto de gerente en el departamento de Fabricación, Ingeniería y Nuevas Tecnologías de la planta de motores de Ford Almussafes, donde tiene diez ingenieros a su cargo. El ascenso tiene mucho que ver con el éxito en la implantación de robots colaborativos, un paso más en la automatización de procesos industriales. "Es una tecnología que coge todas las ventajas de la robótica industrial común a nivel de precisión, automatización y flexibilidad. Añade la parte de sensorización, que dota de sensibilidad al robot. Supone un cambio en el 'hardware' o el 'software' respecto de los robots tradicionales que permite que los humanos puedan trabajar con ellos. No acaban de ser como una persona, pero tienen cierta sensibilidad para ver que algo no está ocurriendo como tendría que ocurrir", explica Carsí a El Confidencial en una entrevista en las instalaciones de Almussafes.

También conocida como 'cobot', la robótica colaborativa hace más compatible a los robots con los humanos. Su introducción en Ford Almussafes ha permitido mejorar procesos, según explica Carsí. Ella empezó ensayando su uso en diciembre de 2016 con una primera máquina en la cadena de fabricación de motores. Hoy hay ya veinte en funcionamiento y para final de 2019 la previsión es que en haya entre 35 y 37 'corobots' operativos. También se han introducido en la línea de fabricación de coches, donde ya funcionan tres o cuatro máquinas más. "He sido parte de esto, pero ha sido gracias a la gente que hay en la planta y las circunstancias que se han dado. He sido un ejemplo entre muchos. Conmigo entraron muchos compañeros ingenieros en otros departamentos", se esmera en resaltar sobre la capacidad de renovación y captación de talento de la factoría. Al referirse a la incertidumbre que hay sobre el futuro de Almussafes y los planes de futuro de Ford, se muestra cauta. Prefiere no pronunciarse, aunque insiste: "Nosotros estamos trabajando de la mejor manera para que venga lo que tenga que venir".

"No me gustaría que nadie renunciase al sueño de trabajar en la ingeniería por pensar que es un mundo de hombres"

El proyecto ha permitido a Carsí, ascendida ya a gerente de ingeniería, exportar el conocimiento adquirido con responsables de otras plantas del grupo. También ofrece charlas de orientación en colegios e institutos sobre su papel en Ford Almussafes, con la intención de acercar su profesión a futuros alumnos de todo tipo de ingenierías y carreras técnicas. Lo hace en un contexto de todavía escasa presencia de mujeres en este tipo de profesiones. Un tema que trata abiertamente, cuando apenas faltan unos días para el próximo 8 de marzo. "En mi curso éramos 120 alumnos y solo había 15 chicas. Me gustaría identificar a qué se debe. Supongo que hay una parte de genética en cuanto a gustos y que depende también de que vayan pasando los años y de cómo son las carreras. En industriales, por ejemplo, sí que se ha visto la evolución y ahora hay más mujeres", afirma. "No me gusta decir: 'venga, chicas, estudiad ingeniería', sino que todo aquel que le guste que lo haga sin pensar que existe ninguna barrera".

La gerente relativiza su género en su entorno profesional y combate el tópico de que ello implica tener dificultades, al menos en Ford, aunque sí entiende que su generación no es la de hace cuarenta años, cuando se inauguró la planta. "Seguramente a estas primeras chicas les costó mucho más de lo que me ha costado a mí y lo enfrentarían de una manera diferente". No obstante, señala que el hecho de ser mujer no es un factor "relevante" para ella a la hora de proyectar su carrera profesional. "Desde que entré a trabajar aquí nunca he sentido discriminación entre mujeres y hombres. Pienso que es algo que está superaceptado. Hay bastante mujeres en el 'staff'. Nunca he tratado a la gente por ser hombre o mujer, así que tampoco me he sentido tratada así. No es algo a resaltar, ni que soy la más joven, ni que soy la primera mujer ni nada de ese tipo. Simplemente, creo que soy un ingeniero más de la planta que ha hecho bien su trabajo", asevera.

La joven profesional no niega que es una persona que fue calificada como estudiante con altas capacidades intelectuales (superdotada), que llegó a hacer dos cursos de la ESO en un solo año, y que necesita estar en un constante proceso de aprendizaje y superación de reto para no ver frenado su desarrollo personal. Trabajar en una planta donde la tecnología se palpa a diario y en un departamento en el que el objetivo es mejorar procesos de forma permanente le encaja como anillo al dedo.

La diversidad como factor productivo

Cuando se le pregunta sobre su mensaje a las puertas del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, Paula Carsí reivindica el valor de la diversidad en las empresas y los equipos de trabajo. "No tengo la sensación de que sea un mundo de hombres. Ese cliché hay que quitarlo. Es un mundo para personas con ganas de mejorar el mundo. Cualquier ingeniería lo que te permite es hacer uso de la tecnología existente y de las ciencias para aplicarlos a la vida real. No me gustaría que nadie renunciase al sueño de trabajar en la ingeniería por pensar que es un mundo de hombres. Mi impresión es que en las empresas en el sector privado se está trabajando mucho para igualar estos datos. Además, no solo se trata del tema entre hombres y mujeres. Hablo en general. La diversidad en un equipo para mí es la clave. Yo lo puedo ver en la planta de motores en la que trabajo. La diversidad en los equipos da un plus", explica.

Carsí expone que, como empresa multinacional y global, Ford se esmera en trabajar con sus plantillas para que esa diversidad que tarde o temprano se encuentra signifique una oportunidad y no un problema. Por ello realiza cursos entre sus empleados para fomentar el encaja de esas diferencias, de sexos, de raza, religión, de nacionalidad, etc. "Todo eso aporta y se trabaja esa mentalidad de que lo importante que es respetar".

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