nominación de josé manuel campa

El gran viraje de la banca española: de oveja negra de la UE a controlar la regulación

José Manuel Campa será el presidente de la EBA, donde se cuece el esquema normativo para la banca. Será un arma de doble filo tras no conseguir la presidencia del MUS

Foto: Campa, en la comisión de investigación de la crisis financiera del Congreso. (EFE)
Campa, en la comisión de investigación de la crisis financiera del Congreso. (EFE)

La economía española recupera peso en Europa tras dejar de ser uno de sus grandes problemas. La banca ejemplifica este cambio, ya que hace menos de siete años que se aprobó un rescate de hasta 100.000 millones con el fin de evitar el colapso financiero. Ahora, sigue recibiendo rapapolvos, pero sin que impidan que un español, José Manuel Campa, se ponga al frente de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés).

El empuje institucional, en especial del Banco de España (BdE), ha permitido esta nominación, según fuentes financieras. El fichaje cuenta también con el beneplácito del Ministerio de Economía, comandado por un ex alto cargo europeo como Nadia Calviño, y los propios bancos españoles.

La postulación al cargo es personal, y es la junta de supervisores la que decide, en la que están presentes representantes de los bancos centrales europeos. Por parte del BdE está Jesús Saurina. Francia y Hungría pujaron hasta el final por llevarse la presidencia, pero finalmente se impuso España.

Campa —salvo sorpresa, ya que debe ser ratificado— sustituirá al italiano Andrea Enria, que dejó el cargo el 1 de enero para ocupar la presidencia del Consejo de Supervisión del Banco Central Europeo (BCE). En otras palabras, el órgano del banco central que es responsable de supervisar el sector, pero las normas se cuecen en el cuartel general de la EBA, que se trasladará de Londres a París por el Brexit.

La institución nació en 2011 como una agencia europea independiente para contribuir a un desarrollo normativo que evite crisis financieras como la de 2008. Su misión es contribuir “a asegurar un alto nivel de regulación y supervisión bancario, que sea efectivo y consistente en toda la Unión Europea”. Dicho de otra manera, a evitar una excesiva asunción de riesgos y déficit de capital como en la década de la burbuja.

La experiencia de la banca italiana con Enria muestra que es un arma de doble filo para las entidades españolas la llegada de Campa, como reconocen los banqueros consultados. Por una parte, esperan que sea más comprensivo y sensible con los mensajes que lleguen desde las entidades españolas. Por otra, está el riesgo de que sea más duro o ejemplificante con la banca de su país. No en vano, los bancos italianos han sido muy críticos con Andrea Enria en los círculos financieros.

En cualquier caso, la banca española tendrá un interlocutor más accesible, con conocimiento de la problemática del sector tras sus pasos por el Ministerio de Economía y, hasta ahora, en Banco Santander. Fuentes de la industria apuntan que se intentó que Fernando Restoy se postulase para suceder a Danièle Nouy en el brazo supervisor del BCE, aunque el exsubgobernador del BdE prefirió seguir en la presidencia del Instituto de Estabilidad Financiera del Banco Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés).

Exsecretario de Estado con Salgado

José Manuel Campa Fernández (Oviedo, 1964) fue secretario de Estado de Economía entre 2009 y 2011, con Elena Salgado como ministra, y desde 2014 es directivo de Banco Santander, donde se encarga de la división de Asuntos Regulatorios, cargo que dejará para presidir la EBA si es ratificado por la comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo.

Campa será el segundo presidente de la EBA, o el tercero si se considera al belga Jo Swyngedouw, que ocupa la presidencia de forma interina desde el 1 de enero. Enria tomó las riendas de la institución desde que se fundó. Su perfil es diferente al de Campa, al llevar más de dos décadas en puestos técnicos sobre supervisión bancaria en el Gobierno de Italia, en el BIS, en el BCE y en el Comité de Supervisores Bancarios Europeos (CEBS, por sus siglas en inglés), que fue el órgano predecesor de la EBA. Entre su paso por el CEBS y su regreso a Londres para presidir la EBA, pasó tres años por el Banco de Italia, en el inicio de la crisis.

El economista asturiano ha trabajado los últimos cinco años en Banco Santander, y desde su paso por el ministerio ha mantenido buena sintonía con el sector financiero. Su incorporación a la EBA no implica que la banca española sea el ejemplo a seguir en Europa, de hecho la italiana no lo ha sido cuando estaba Enria. La banca italiana ha sido durante la última década una de las grandes preocupaciones del proyecto común europeo. Incluso en los últimos requerimientos de capital (SREP), las cartas enviadas a los consejos para comunicarlos por parte del BCE recogieron recomendaciones generalizadas para elevar su coberturas en activos tóxicos, algo que también sucedió con algunas entidades españolas.

Pero la salud de la banca española tampoco es un impedimento para Campa, después de la masiva limpieza de balances. Además, Luis de Guindos ocupa la vicepresidencia del BCE, que habitualmente ha acaparado funciones sobre el sector financiero, mientras que en la Junta Única de Resolución (JUR o SRB, en inglés), Antonio Carrascosa es uno de los seis miembros del consejo.

Los supervisores han pedido esfuerzos adicionales a los bancos españoles para reforzar su posición de capital, que está a la cola en Europa si se mide con los activos ponderados por riesgo. Pero admiten que está en la media europea en apalancamiento (‘leverage ratio’, en la jerga). Asimismo, la venta de carteras de activos adjudicados y créditos fallidos ha permitido que el sector se acerque a la media europea, aunque aún sigue por la media. El volumen de activos dudosos se ha reducido de 190.000 millones en 2013 hasta los 75.000 millones en 2018, según cálculos del BdE, que prevé 50.000 millones en 2020.

En lo que sí supera la banca local al promedio europeo es en eficiencia y en rentabilidad —aunque aún por debajo del coste del capital—, con un 7,6%, estima el BdE. Los supervisores, según los banqueros, han basculado su “obsesión” desde la solvencia a la rentabilidad para que las entidades puedan generar y atraer capital, por lo que incluso alientan nuevas fusiones para otro impulso a la rentabilidad.

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