única inmobiliaria que sobrevivió a la crisis

Josep Lluís Núñez, el expresidente del Barça que acabó convertido en el último promotor

Lejos del deporte, Núñez convirtió a Núñez y Navarro en una referencia en el sector inmobiliario y en el grupo más potente dentro de las promotoras familiares en Cataluña

Foto: Fotografía de archivo  del empresario Josep Lluís Núñez. (EFE)
Fotografía de archivo del empresario Josep Lluís Núñez. (EFE)

Josep Lluís Núñez Clemente ha fallecido este lunes en la clínica Teknon de Barcelona a los 87 años. Había tenido dos vidas pero fue popular sólo por una. Ejerció de líder indiscutible de los promotores catalanes de carácter familiar, sucesor de José María Figueras. Sólo que lo hizo mejor y llegó a ser mucho más grande que sus competidores. Sin embargo, este éxito en los negocios siempre estuvo eclipsado por los 22 años en los que ocupó la presidencia del FC Barcelona. Su legado no fueron tanto los títulos conseguidos –27 sólo en la sección de fútbol– como las obras en el Camp Nou y la existencia del “nuñismo” un supuesto colectivo de socios conservador y resultadista opuesto al “cruyffismo”. La ironía es que los mayores éxitos deportivos de Núñez llegaron de la mano de Johan Cruyff, tanto como jugador como luego entrenando el primer equipo. Sin embargo, lejos del deporte, Núñez convirtió a Núñez y Navarro en una referencia en el sector inmobiliario y en el grupo más potente dentro de las promotoras familiares en Cataluña, mientras sus competidores iban cayendo víctimas de la crisis.

Josep Lluís Núñez era odiado o temido. Querido, bastante menos. Se había casado con María Lluisa Navarro, hija de un pequeño constructor. Y en los años sesenta creó Núñez y Navarro que con el tiempo se convirtió en el líder del sector siguiendo una política muy concreta, con casi toda la obra concentrada en Barcelona. Si Núñez se iba a hacer una promoción lejos lo hacía en Sitges o en Sant Cugat. Núñez pasó apuros en la crisis de 1973 y desde entonces aplicó una política conservadora basada en recurrir muy poco al endeudamiento externo.

En sus inicios compraba esquinas en el Eixample, fincas que entonces no quería nadie. Compraba barato y vendía caro, clave para hacerse rico

Se declaraba apolítico pero a medida que iba avanzando la democracia se iba posicionando más en el ámbito del PP catalán donde también se enmarcaban buen parte de sus epígonos como el hotelero Joan Gaspart (Husa) –quien le sucedió en la presidencia del FC Barcelona, en el año 2000– o el promotor Enric Reyna que ejerció durante 35 años la presidencia de la asociación de promotores APCE, siempre con el beneplácito de Núñez, que en la práctica era un veradadero poder fáctico en la ciudad.

En sus inicios, Núñez compraba esquinas en el Eixample, fincas que entonces no quería nadie, y levantaba bloques de pisos uniformes y muy similares unos a otros. Compraba barato y vendía caro, una de las claves para hacerse rico. Con el tiempo se convirtió en el mayor promotor familiar de Cataluña y gracias a resistir la crisis de 2007 sin deuda Núñez se va dejando un grupo que acumula un patrimonio de más de 1.500 millones. Un imperio que suma diversos activos patrimoniales, entre ellos una cadena hotelera y diversos edificios de oficinas, la mayoría alquilados en su totalidad, 500 locales comerciales o 11.000 plazas de aparcamiento.

Supervivencia empresarial

En el día de su muerte hay que recordar la ironía de que empresarialmente ha sobrevivido a todos sus competidores catalanes. A los Sanahuja, que se arruinaron en su aventura bursátil de Metrovacesa; a Bruno Figueras, el hijo de José María, quien cayó en la crisis de Habitat; a Espais –familia Casamitjana–, despiezada por la banca acreedora; al resto de promotores que como La Llave de Oro –familia Marsà– o Vèrtix –Felip Massot– quedaban reducidos a una mínima parte de lo que habían sido como consecuencia de la última crisis. Antes, en 1993, ya había sucumbido Comfort, de la familia Torné. Incluso sus más afines, como Joan Gaspart acabaron mordiendo el polvo en la suspensión de pagos de Husa en 2014. Así que en el sector inmobiliario en Barcelona, Núñez había sido, como empresario, el último hombre en pie. En 2017, Núñez y Navarro ganó 31 millones de euros.

Durante la última crisis, Núñez frenó su actividad promotora. Pudo sobrevivir por sus edificios de oficinas y por sus hoteles muy bien ubicados

Como empresario dio muchas batallas. Por ejemplo, se enfrentó al alcalde Joan Clos por el 22@, intentando que el nuevo distrito tecnológico del Poblenou tuviera más m2 destinados a vivienda, su especialidad. Núñez perdió, vendió sus solares en el Poblenou y no apostó por la zona. En Sant Cugat entró en una larga guerra con el ayuntamiento convergente por edificar la zona de la Torre Negra. Ganó todos los juicios pero no pudo edificar ni un m2.

Fue condenado por sobornar a inspectores de Hacienda y acabó condenado a más de dos años de prisión. Pasó un total de 71 días en la cárcel cuando ya estaba en su ocaso: tenía 84 años, en un episodio que dañó su imagen todavía más.

Durante la última crisis, Núñez frenó su actividad promotora. Pudo sobrevivir por sus edificios de oficinas y por sus hoteles muy bien ubicados. Esa vertiente patrimonialista y su bajo endeudamiento le permitió salir airoso de la peor crisis económica del sector.

Posee edificio magníficos pero la sede la empresa sigue estando donde estuvo siempre, en un recóndito principal de la calle Urgell, sin lujos

Dos hijos

Núñez siempre fue muy austero. Posee edificio magníficos pero la sede la empresa sigue estando donde estuvo siempre, en un recóndito principal de la calle Urgell, sin lujos y más bien dando una imagen un tanto anticuada.

Núñez deja dos hijos: José Luis, el mayor, que lleva el negocio promotor y José María, que administra el negocio hotelero. Ambos tendrán que asumir ahora el futuro del grupo Núñez y Navarro.

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