se niega a acatar la inspección de trabajo

Carne "manchada" de explotación laboral: el caso de Vall Companys salta a Europa

Vall Companys es una de las empresas agroalimentarias más grandes de Europa. Sus cifras de beneficio récord quedan empañadas por la acusación de fraude laboral en 2.000 empleos

Foto: Empleados del Grupo Vall Companys en la línea de producción. (Vall Companys)
Empleados del Grupo Vall Companys en la línea de producción. (Vall Companys)

Es uno de los gigantes agroalimentarios de Europa. Segundo productor de porcino y segundo productor de pollo en España. Beneficio récord el año pasado con 107,8 millones, un 28% más que en 2016, que a su vez fue un 48% más que en 2015. Facturación también récord, 1.646 millones, un 30% negocio de exportación. Con estas cifras, Vall Companys debería ser un referente de la marca España, y sin embargo esta empresa familiar ilerdense se encuentra en la picota por sus discutibles prácticas laborales.

El pasado mes de julio, la Inspección de Trabajo emitió un informe demoledor en el que quedaba acreditado el uso de "sociedades pantalla" para defraudar a la Seguridad Social mediante el empleo de falsos autónomos, que se contarían por miles. La empresa se niega a dar de alta a esos trabajadores y a ingresar los cuatro años de liquidaciones pendientes que se le reclaman. Por este motivo, Comisiones Obreras ha convocado una huelga en todas las filiales del grupo el próximo 6 de noviembre.

"Vall Companys no acepta la actuación de la Inspección de Trabajo ni de la Tesorería de la Seguridad Social, que ha estado dando de alta de oficio a esos falsos autónomos solo para ver que al día siguiente la empresa los volvía a dar de baja. Es una vergüenza que una empresa líder, un grupo industrial con esa facturación y esos beneficios, tenga un modelo productivo con más de 2.000 falsos autónomos, el 50% de su plantilla", explica Vicente Canet, secretario de Industria de CCOO. Y adelanta: "Si Vall Companys no regulariza a sus trabajadores, el siguiente paso será hablar con las grandes superficies que compran sus productos y advertirles de que están vendiendo carne manchada de explotación laboral. Haremos que la gente sepa cómo se abusa de miles de trabajadores mientras el grupo obtiene beneficios récord".

Estand de Vall Companys en la feria Alimentaria 2018. (Vall Companys)
Estand de Vall Companys en la feria Alimentaria 2018. (Vall Companys)

La estructura fraudulenta que detalla la Inspección de Trabajo es sencilla y no es exclusiva de Vall Companys, sino de buena parte del sector cárnico. Con el fin de ahorrarse costes laborales, las empresas contratan a cooperativas de trabajo asociado para que cubran ciertos puestos de trabajo, y estas lo que hacen es 'contratar' a cooperativistas que cotizan en régimen de autónomos a la Seguridad Social. No son cooperativistas voluntarios, sino personas forzadas a darse de alta como peaje para obtener el empleo, peaje que abonan cada mes en su cuota de cooperativista.

La práctica comenzó a extenderse en 2008, pero ha sido en los últimos cuatro años, al calor de la crisis económica y la reforma laboral, cuando ha explotado hasta canibalizar las empresas cárnicas. En algunas filiales de Vall Companys hay el doble de cooperativistas trabajando que empleados del grupo. Es decir, a Vall Companys le sale a precio de saldo un 50% de sus trabajadores, ya que no tributa por ellos ni les cubre bajas, pagas dobles, vacaciones ni antigüedad. Al contrario, estos trabajadores deben descontar de su magro salario la cuota a la Seguridad Social y son condenados a vivir en tensión permanente por la precariedad, el miedo a que les dejen de llamar al día siguiente y a soportar condiciones leoninas en jornadas que fácilmente superar las 12 horas. Sin cobrar horas extra, claro está.

Datos principales de Vall Companys en 2017
Datos principales de Vall Companys en 2017

CCOO calcula el presunto fraude de Vall Companys a la Seguridad Social en 10,8 millones de euros anuales. En total, 43,2 millones de liquidaciones pendientes en cuatro años, más las posibles sanciones del Ministerio de Trabajo. El grupo catalán señala mediante un comunicado que "las condiciones económicas con las empresas subcontratadas están por encima de lo que marca el convenio del sector", que no entiende el "cambio repentino de criterio por parte de la Administración" en relación al uso de cooperativas y esgrime las "22 sentencias del Tribunal Supremo y de Tribunales Superiores de diferentes comunidades autónomas que avalan el modelo". Ya en julio, Vall Companys anunció que no acata el informe de Inspección de Trabajo, lo que probablemente llevará el caso a los tribunales.

CCOO calcula el presunto fraude de Vall Companys a la Seguridad Social en 10,8 millones anuales

Entretanto, los grandes productores agroalimentarios de Europa comienzan ya a presentar sus quejas a España por la competencia desleal que entraña una macroestructura que no asume el 50% de sus costes laborales. El sector cárnico es el cuarto pilar industrial español, con una facturación de 24.000 millones y una tasa de exportación del 20%. En Europa empieza a extenderse la acusación de tramposos, principalmente en Francia, que compite directamente con España.

Manifestación contra Servicarne de trabajadores de Coren en Galicia. (EFE)
Manifestación contra Servicarne de trabajadores de Coren en Galicia. (EFE)


El rey de la cooperativa

"Nos han dicho que no nos contratan porque salimos muy caros", explica Antonio (nombre ficticio), uno de los falsos cooperativistas afectados. Él trabaja en las instalaciones de Frimancha (Valdepeñas), una de las múltiples filiales de matadero y procesamiento cárnico de Vall Companys. Quien emplea a Antonio es Servicarne, la cooperativa más señalada por los inspectores. Servicarne cuenta hoy con 5.300 cooperativistas que reparte por mataderos y plantas de 20 provincias, principalmente a las filiales de Vall Companys.

El informe de los inspectores es durísimo con Servicarne, cooperativa creada en Barcelona en 1977. La califica de "sociedad pantalla", de "mera apariencia", de "oficina de ocupación dirigida a proporcionar trabajadores" con el fin de reducir las cotizaciones de las empresas cárnicas. A cambio de ello, Servicarne obtiene un pago de Vall Companys y otras empresas cárnicas por los servicios prestados. Junto a eso, cada mes Servicarne ingresa 50 euros de sus 5.300 cooperativistas, a quienes les cobra 90 euros como cuota de alta cuando les 'contrata'. Trabajo asegura que la cooperativa no concede beneficios sociales a sus cooperativistas. Además de Servicarne, Vall Companys se nutre de mano de obra de otras dos cooperativas principalmente, Auga y Copergo.

Mapa de las filiales del Grupo Vall Companys en España
Mapa de las filiales del Grupo Vall Companys en España

"Pagamos 50 euros cada mes a Servicarne que es como tirarlos a la basura. Llevo muchos años con ellos y solo he recibido 127 euros de beneficios de la cooperativa. Hacemos jornadas interminables sin previo aviso y luego pasamos varios días sin trabajar, a veces nos llaman a las 6 de la mañana porque ha entrado un pedido grande y nos pasamos 20 horas allí". Antonio gana una media de 1.400 euros mensuales a los que luego descuenta autónomos y la cuota. "La cooperativa se encarga de todo, ellos liquidan y ya nos hacen el ingreso limpio", explica.

Servicarne ha rechazado atender a este periódico y se agarra al comunicado que emitió en junio, antes del informe de los inspectores, donde califica de "voluntaria" el alta de los cooperativistas, acusa a los sindicatos de querer dañarles para ganar afiliados y alega las distintas sentencias favorables del Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional.

Vall Companys y Servicarne también rechazan valorar las amenazas que algunos trabajadores están recibiendo días antes de la huelga. "El jefe de recursos humanos de Servicarne lleva días bajando a preguntarnos si haremos huelga. Nos dice que ojo, que eso tiene consecuencias. Queremos hacerla, pero hay miedo. Nos pueden sancionar o no llamar nunca más. Hace dos meses hubo una protesta y no nos dejaron salir a la calle ni a la hora del desayuno, nos dijeron que por contrato no teníamos derecho", indica Antonio sobre la situación en Frimancha, una de las filiales de Vall Companys más afectadas con cerca de 150 trabajadores, el 70% del total de la mano de obra. En el lado opuesto al gigante catalán del cerdo y el pollo se encuentra Grupo Coren, quien tras conocer el demoledor informe de Inspección de Trabajo decidió dar de alta como asalariados a 1.1000 cooperativistas de Servicarne que trabajaban en sus instalaciones. No sin presentar antes cierta batalla.

Dolores de Cospedal en una visita a Frimancha cuando era presidenta de la comunidad. (EFE)
Dolores de Cospedal en una visita a Frimancha cuando era presidenta de la comunidad. (EFE)

"Es indecente que una empresa líder como Vall Companys se resista a tener en nómina a sus empleados y se agarre a este fraude de ley terrible", sostiene un inspector de trabajo cercano a las investigaciones del sector cárnico. "Fue una sorpresa ver que daban de baja a los empleados que justo había dado de alta Tesorería, pero por suerte ya se ha encontrado el mecanismo para que no puedan hacerlo más. Es muy mezquino". Y se pregunta este inspector: "¿Por qué Vall Companys y el resto de empresas tenían antes a sus trabajadores dados de alta y ahora no? No podemos solo culpar a la reforma laboral, es también esa idea que se ha extendido de que hay que agradecer a las empresas que den trabajo aunque sea a coste mínimo, porque más vale tener trabajo que no tenerlo. Hay que erradicar esa concepción".

UGT ha acusado a CCOO de "oportunista" por convocar esta huelga, ya que hay firmado un preacuerdo de convenio laboral

Patronal y sindicatos están negociando actualmente un nuevo convenio colectivo para el sector, presentado por UGT, quien ha acusado a CCOO de "oportunista" por convocar esta huelga en las plantas de Vall Companys. De hecho, la mesa tripartita entre patronal, sindicatos y Ministerio de Trabajo ha firmado un preacuerdo, a falta de resolver el papel de las cooperativas de trabajo asociado, que a todas luces la patronal luchará por mantener.

Tal como señala el inspector, Vall Companys no precisó de cooperativistas en el pasado para convertirse en un gigante agroalimentario. Todo comenzó en 1956 con la adquisición de una harinera en Lleida con la que el grupo comenzó a hacer harinas panificables, lo que llevó a aprovechar los subproductos derivados de la molienda para integrarlos en granjas porcinas y posteriormente avícolas. A partir de ahí, especialmente con el cambio de siglo, Vall Companys inicia una verticalización del negocio que le lleva a expandirse rápidamente mediante la compra de mataderos y plantas cárnicas.

Todo a la vez que su presidente, Josep Vall Palou, segunda generación familiar, optaba por llevar un perfil público muy bajo, al igual que hiciera su padre, impulsor del negocio. En 2015, con la muerte de Josep Vall, los tres hijos toman las riendas accionariales y se mantiene a Josep Pedrós como director ejecutivo. Los tres hermanos Vall se adjudicaron en 2017 unos 10 millones en dividendos cada uno, fruto del fantástico momento financiero que vive la empresa.

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