tras realizar un test de estrés

Duro Felguera pide ayuda al Estado al disponer de liquidez para cuatro nóminas

La compañía de ingeniería reclama a la asegurada pública Cesce que le otorgue garantías por 50 millones para conseguir avales de la banca por 100 millones

Foto: El presidente de Duro Felguera, Acacio Rodríguez (c), durante una reunión de la junta de accionistas. (EFE)
El presidente de Duro Felguera, Acacio Rodríguez (c), durante una reunión de la junta de accionistas. (EFE)

Duro Felguera se la juega, otra vez, en las próximas semanas. Los nuevos gestores externos de la compañía han realizado un test de estrés para saber con exactitud hasta cuándo podrá hacer frente a sus compromisos con los proveedores y sus casi 2.000 empleados. Y la conclusión es que la multinacional de la ingenieria tiene liquidez, en el peor de los casos, para cubrir sus gastos los próximos cuatro meses. Una situación que podría mejorar si prosperan las negociaciones con el Estado, para que le conceda 50 millones en garantías, y con los contratistas de sus tres mayores obras.

Según han confirmado fuentes próximas a Duro Felguera, Senén Touza, el especialista de Deloitte en situaciones especiales que desembarcó en el grupo en septiembre, ha asegurado a los bancos acreedores y a los accionistas que entraron en la reciente ampliación de capital que la compañía tiene recursos suficientes hasta febrero de 2019. Apenas cuatro meses por delante en los que el nuevo equipo gestor externo que ha tomado las riendas de la empresa asturiana tiene que encontrar una solución para garantizar la viabilidad y esquivar de nuevo el concurso de acreedores.

Para ello, Touza, que se ha rodeado de tres exdirectivos de Sacyr y uno de Abengoa para reconducir la situación, ha puesto como prioridad obtener unas garantías de 50 millones por parte de Cesce. Los nuevos responsables de Duro Felguera, que han tomado las riendas con plenas funciones ejecutivas, han pedido esta cantidad a la aseguradora participada en un 50% por el Estado —el resto está en manos de Santander y BBVA, principalmente— para que sirva como crédito a la banca, que se ha comprometido a liberarle 100 millones de euros en avales si Cesce pone su parte.

Logo de Duro Felguera en su sede de Madrid. (Reuters)
Logo de Duro Felguera en su sede de Madrid. (Reuters)

Sin esos 100 millones de euros en avales, Duro Felguera no puede continuar con las obras que actualmente tiene en marcha ni presentarse a nuevos proyectos para engordar la cartera, que de no tener proyectos nuevos abocaría a una dura reestructuración de personal en la plantilla. Aunque en la compañía son optimistas sobre el acuerdo con la aseguradora estatal, a la par, y ante el riesgo de que no lleguen a buen puerto, se han intensificado las negociaciones con los contratistas de Bélgica, Argelia y Dubái, las tres obras en que el grupo se juega 900 millones de cartera.

Fuentes próximas a las conversaciones confían en que Fluxys, Société de Production de Electricité y DEWA, respectivamente, sean flexibles y den una nueva oportunidad a la empresa española, que les está pidiendo que compartan la financiación mientras consigue las nuevas garantías por parte de Cesce y los avales de la banca. Otras fuentes indican, por el contrario, que en estos países rige el concepto anglosajón de cumplimiento de los contratos y que, como ya les ha sucedido a otras compañía nacionales, suelen ser muy escrupulosos con lo pactado.

Para llegar a febrero, el equipo de Touza ha dado orden de renegociar todos los pagos pendientes con proveedores, algunos de ellos de gran renombre, como Rothschild, Fidentiis y Uria y Menéndez, tres de sus principales asesores en la primera refinanciación acometida por Duro Felguera. De momento, el responsable de Deloitte ha conseguido que varios de estos acreedores acepten cobrar parte de sus facturas en 2019, unos favores necesarios para poder seguir afrontando el abono de las nóminas de los empleados.

Otras fuentes indican que Touza va a llevar a cabo una ronda de presentaciones ante inversores para explicar con exactitud la situación actual de la compañía, que el pasado 28 de septiembre sorprendió al mercado al reconocer que tenía un agujero mayor al perimetrado para la realización de la ampliación de capital del pasado mes de julio. Los 125 millones captados con la emisión de nuevas acciones y la fuerte quita admitida por la banca se consideraron suficientes para mantener vivo el proyecto.

Pero Acacio Rodríguez, presidente de la sociedad, señaló al presentar los resultados de los seis primeros meses que la multinacional necesitaba más dinero y que las pérdidas entre enero y junio se habían disparado hasta los 56 millones. La reacción de la cotización fue un derrumbe del 50%, que ha reducido la capitalización bursátil apenas a 45 millones. El miedo que hay entre los accionistas es que el próximo 28 de octubre, cuando entre en vigor la nueva normativa de precios de las acciones —el mínimo posible pasará de 0,01 a 0,001—, los títulos sufran un derrumbe adicional que deje el valor del grupo en prácticamente nada. De hecho, la cotización lleva varios días consecutivos cotizando a 0,01 euros porque no puede bajar más.

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