En juego más de 20 millones de euros

Mazazo a Springwater: la Audiencia revisará si es responsable de las deudas de Unipapel

El Supremo acepta el recurso de casación de CCOO y obliga a la Audiencia a revisar si existe grupo laboral. Hace cinco meses el fondo de capital riesgo perdió otro caso similar con Delion

Foto: Martin Gruschka, fundador de Springwater.
Martin Gruschka, fundador de Springwater.

La estrategia del fondo buitre de Martin Gruschka, Springwater, recibió el viernes otro nuevo revés de los tribunales. Y esta vez se trata de su apuesta más ambiciosa: Unipapel, lo que amenaza con generar un gran 'roto' en las cuentas del fondo. El Tribunal Supremo decidió estimar los recursos de casación interpuestos por la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO (FSC-CCOO) y el Sindicato Lab y obligará a la Audiencia Nacional a revisar si existe grupo laboral entre Springwater y Unipapel. De esta forma, el Supremo ha declarado nula la sentencia inicial de la Audiencia y obliga a analizar si existe grupo laboral entre las dos compañías, como solicitaban los sindicatos.

Esta sentencia, 843/2018 de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo, da un giro completo al caso, ya que en el fallo inicial de la Audiencia Nacional no se entraba a analizar si existía tal grupo laboral y ahora tendrá que hacerlo. En caso de que la Audiencia reconozca la existencia del grupo, Sprinwater tendrá que hacerse responsable solidario de la quiebra a la que llevó a Unipapel y, por tanto, asumir el pago de sus deudas. Una cuantía que supera los 20 millones de euros según las estimaciones de FSC-CCOO, incluyendo sus deudas con la Agencia Tributaria, ya que la empresa figura en la lista de morosos.

Los trabajadores han celebrado esta sentencia ya que confían en que la Audiencia Nacional reconozca que existe grupo laboral como ya ocurrió hace cinco meses con otra operación similar de Springwater. En ese caso se trataba de otra de las 'víctimas' del fondo: Delion. Sin embargo, en este caso la deuda que tendría que asumir Springwater es muy superior, lo que podría generar un gran agujero en las cuentas del fondo gestionado por Gruschka.

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El fallo del Supremo no entra a valorar la existencia o no del grupo laboral, pero advierte que "si finalmente se evidencia la realidad de un grupo laboral, la ocultación por la empresa de ese tipo de información supone una actuación que constituye grave trasgresión de la buena fe" que tienen que seguir las dos partes negociadoras en caso de conflicto laboral: la empresa y los trabajadores. En ese caso, la sanción para la empresa es "la declaración de nulidad de la medida que habría sido adoptada sin que el periodo de consultas hubiere versado sobre la verdadera y real situación económica del grupo empresarial en su conjunto que se configura como el verdadero empleador de los trabajadores", esto es, que Springwater tendría que responder de forma solidaria a las deudas pendientes de pago de Unipapel. Por si fuera poco, la empresa se enfrenta a la posibilidad de que los despidos sean declarados improcedentes, lo que aumentaría el coste de esas salidas en más de 10 millones de euros.

Si finalmente se evidencia la realidad de un grupo laboral, la ocultación por la empresa supone una grave trasgresión de la buena fe

"Nosotros afirmamos que hay grupo de empresas porque entendemos que hemos acreditado que hay transacciones dentro del grupo y responsabilidad única por parte de Martin Gruschka", explica Raúl Olmos, secretario de acción sindical de servicios a la ciudadanía de CCOO. "En nuestra opinión declarará que existe grupo de empresas porque así lo determinó en la sentencia de Delion que era similar y porque los tribunales del País Vasco han dado la razón a los trabajadores en otros casos de demandas individuales ", explica Olmos. De esta forma se abre un nuevo horizonte para los casi 300 trabajadores afectados por el cierre de Unipapel, una empresa que era viable hasta que cayó en las manos de Gruschka.

Una aventura que comenzó en 2014

La decisión del Supremo cierra uno de los capítulos del periplo judicial que comenzó hace dos años. Fue entonces cuando los trabajadores empezaron a denunciar a la empresa por la “baja actividad” que experimentaba Unipapel desde que en 2014 el fondo suizo Springwater adquiriese la compañía a Adveo, entonces dueño de Unipapel. En apenas unos meses, la compañía pasó de tener unas cuentas saneadas a presentar pérdidas millonarias.

Poco tiempo después de que el fondo bajo la dirección de Martin Gruschka tomase las riendas de Unipapel, la empresa empezó a perder clientes por no satisfacer los pedidos y a cortar el pago a los proveedores, que dejaron de suministrar material. En poco más de un año, empezó a arrojar unas pérdidas de más de cuatro millones de euros, diez veces más que en el ejercicio anterior. Mientras, transfirieron participaciones a otras empresas del grupo y pidieron nuevos créditos hasta alcanzar la desorbitada cifra. El objetivo de este “desastre”, alegaron desde CCOO, era desviar la mayor cantidad de dinero posible a otras empresas del grupo antes de declararse en concurso de acreedores y endosar al Estado las deudas laborales. “Es un suicidio, hicieron una serie de operaciones para que cuando estallase, haberse llevado ya lo máximo posible a otras empresas”, aseguraba a este diario Raúl Olmos, representante de Acción Sindical de FSC-CCOO hace casi un año.

Poco después de que Gruschka tomase las riendas, la empresa dejó de satisfacer pedidos y comenzaron los impagos a proveedores

La empresa dejó de pagar los salarios en abril de 2016, y a las pocas semanas la Inspección de Trabajo levantó acta de infracción por falta de trabajo, no pagar los salarios y no hacer frente a las cotizaciones.

Unipapel acabó, efectivamente, declarándose en concurso de acreedores y llevando a cabo un ERE y un ERTE sobre la plantilla de 300 trabajadores de los que el sindicato siempre le ha pedido responsabilidades. De hecho, CCOO también ha recurrido el expediente de regulación de empleo temporal porque considera que no era temporal, ya que la empresa se había declarado en concurso de acreedores.

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Además les dejó sin pagar cinco meses de sueldo y una paga de beneficios, aunque abonó 500 euros a cada trabajador. La Audiencia Nacional ya dio la razón a CCOO, considerando que la intención del empresario era cargar los costes laborales a las arcas públicas, pero no entró a valorar si existía grupo laboral. Ahora el Supremo obliga a la Audiencia a ir más lejos en su sentencia y estudiar si Springwater tiene que responder como responsable solidario de sus deudas.

El modus operandi de la empresa, arruinarla hasta la quiebra, es similar al que Martin Gruschka ha llevado a cabo con otras empresas como Imtech, o la francesa Isère. En total, Unipapel tenía tres centros: uno en Tres Cantos (Madrid), con 123 trabajadores; otro en Logroño, con cerca de 60, y el último en Aduna (Guipúzcoa), también con 60. Entre sus clientes, estaban empresas como Banco Santander, Alcampo, La Caixa, Ibercaja, Carrefour Francia o administraciones como el Ayuntamiento de Madrid.

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