CUM/EX FILES

Historia de una extorsión: así se rompió la trama de los dividendos 'black'

El presunto cerebro de la operativa cum/ex fue víctima de un extorsionador que amenazó con denunciar el entramado a las autoridades

Foto: Foto: Reuters
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Cum/ex-Files es una investigación periodística europea coordinada por el medio alemán Correctiv.

Como en las buenas películas sobre los bajos fondos, también en el caso de la trama cum/ex hubo chantajes, según desvela el sumario de la causa, al que ha tenido acceso El Confidencial. La diferencia es que aquí, en lugar de en naves industriales abandonadas o callejones mal iluminados, las amenazas se hacían por correo electrónico en un tono aséptico e impersonal. Sin embargo, el mensaje de fondo era el mismo que en el mundo del hampa: o me pagas o me voy de la lengua.

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Eso era, en términos más sofisticados, lo que decía el primer email, fechado en abril de 2011, que recibió Hanno Berger, el presunto cerebro de la "banda organizada" que podría haber defraudado 7.000 millones de euros a la Hacienda alemana en el mayor escándalo fiscal de la historia de aquel país. Lo enviaba un tal Jürgen Schmidt, del que Berger no había oído hablar nunca, pero que parecía estar muy bien informado.

Schmidt le daba una semana para que le ingresara 1,5 millones de euros en una cuenta en Suiza. Consideraba que se le debía ese dinero en concepto de comisión por haberles conseguido a Berger y a sus socios del Banco Sarasin, un cliente que aportó, en total, 30 millones de euros a varios fondos, a través de los cuales la trama llevó supuestamente a cabo negocios cum/ex a costa del fisco alemán. Si el ingreso no se realizaba a tiempo, decía el mensaje, se harían llegar al Ministerio de Hacienda y a la Oficina Federal Central de Tributos varios documentos comprometedores.

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Berger intentó regatear y le ofreció a Schmidt 250.000 euros por zanjar el asunto. Quería evitar así "una dramática escalada de consecuencias extraordinariamente desagradables para una serie de personas y bancos". "Rechazo su propuesta", respondió el extorsionador en un escueto correo. "La cuenta bancaria indicada sigue siendo válida". Berger y el Banco Sarasin continuaron negociando con Schmidt y ganaron algo de tiempo. A él, explicaba en otro de sus mensajes contenidos en la causa judicial abierta en Colonia, tampoco le interesaba seguir aumentando la tensión.

Mientras tanto, las comunicaciones de Berger cada vez manifestaban más preocupación: "Los posibles perjuicios para los inversores y para el Banco Sarasin en caso de una mayor escalada serían mucho mayores", relata el antiguo inspector de Hacienda en uno de sus mensajes a la dirección de la entidad suiza. "Si la administración financiera se hiciera con este caso, el procedimiento contencioso correspondiente podría alargarse durante muchos años", argumenta Berger. "En nuestra opinión, iría en el interés de todos los implicados —especialmente en interés de su casa [el Banco Sarasin]— arreglar el asunto de una vez mediante el pago de una cantidad acordada entre las partes", concluye. Tras varios días más de negociaciones, se firma finalmente un acuerdo, en virtud del cual el extorsionador recibirá 1,2 millones de euros.

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El asunto quedaba así zanjado. Sin embargo, cuando las autoridades alemanas comenzaron a investigar el presunto fraude a sus arcas públicas, uno de los inversores en aquellos negocios que tan jugosos rendimientos prometían destapó el asunto, indignado porque, cuando Hacienda empezó a hacer preguntas y congeló los pagos, él se quedó sin las ganancias que esperaba. Facilitó a los inversores la documentación que acreditaba la extorsión y desveló que tras el pseudónimo de Jürgen Schmidt se ocultaba Ralf Zirn, antiguo empleado de UBS y del banco australiano Macquarie —también investigado por el presunto fraude de las operaciones cum/ex— y que había ayudado a Berger a poner en marcha las estructuras que ahora están bajo sospecha. La Fiscalía le acusa de extorsión y de no haber denunciado lo que sabía. Así que, después de intercambiar tantos emails, quizás Zirn y Berger acaben viéndose las caras en el juicio.

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