Se esperan novedades de su futuro laboral

El vía crucis de Siemens Gamesa que ha terminado con la presidencia de Rosa García

Las luchas internas entre la dirección alemana y la española han ido en aumento desde la fusión, hasta que finalmente la presidenta ha decidido romper con la compañía y dar un giro a su carrera

Foto: El nuevo presidente de Siemens España, Miguel Ángel López (d), la presidenta y consejera delegada saliente, Rosa García (i), y el CEO de Siemens Gamesa, Markus Tacke. (EFE)
El nuevo presidente de Siemens España, Miguel Ángel López (d), la presidenta y consejera delegada saliente, Rosa García (i), y el CEO de Siemens Gamesa, Markus Tacke. (EFE)

Rosa García cierra una etapa de Siemens España después de siete años al frente de la compañía. Tras vivir dos ERE al poco tiempo de llegar a la firma, los momentos más turbulentos le estaban reservados el último año y medio, tras convertirse en la presidenta de la fusionada Siemens Gamesa, multinacional del Ibex 35 y la mayor empresa de tecnología renovable del mundo junto con la danesa Vestas.

Existen varias razones para su renuncia. Fuentes próximas a la ya expresidenta esperan que anuncie un nuevo destino laboral en breve, un futuro que tiene parte de la culpa de la renuncia. Sin embargo, fuentes cercanas a la compañía apuntan a la fuerte tensión vivida entre las diferentes facciones de la empresa como la gota que ha colmado su paciencia. Por un lado, los dirigentes alemanes vinculados a Siemens. Y por otro, los españoles que venían de Gamesa y aquellos con vinculación a Iberdrola, segundo máximo accionista de la firma y quien firmó un pacto parasocial con Siemens para fijar el rumbo de la nueva multinacional de renovables.

La fusión tuvo complicaciones desde el principio. Un dirigente de Gamesa reconocía hace pocos meses que la filtración de la negociación en enero de 2016 dificultó la operación casi desde su inicio.

Sin embargo, los problemas vendrían mucho después. La compañía caminaba en bolsa viento en popa hasta la primavera de 2017. En marzo, la acción superaba los 22 euros. Pero en julio de 2017 sufrió el primer fuerte desplome. Hubo un día en que cayó un 17%. Fue justo después de unos resultados que decepcionaron a los analistas. La razón achacada por la compañía fue el parón de India, uno de sus principales mercados. Ya empezaron a salir directivos de la empresa.

Los problemas no habían hecho más que empezar. En octubre de 2017, hace un año, Siemens Gamesa se veía obligada a lanzar un 'profit warning', ya que no podría cumplir con los objetivos comprometidos. El fuerte derrumbe de la acción le dejó a la mitad de precio de sus máximos (alrededor de 11 euros). Comenzaron a trascender los problemas dentro del consejo. Los representantes de Iberdrola pedían cambios en la dirección de la empresa a finales de octubre, en vista de que el valor de su participación del 8% cada vez era menor. El mismo día en que se filtraron las protestas, Siemens Gamesa realizaba tres cambios en la cúpula.

Entraba Miguel Ángel López como CFO, que este martes ha sido elegido presidente de Siemens España y presidente no ejecutivo de Siemens Gamesa. Aquí se produjo un cambio que no gustó a Iberdrola: se nombró a Jürgen Bardtl secretario general en sustitución de un histórico como José Antonio Cortajarena.

Tras estos movimientos, llegaría otro movimiento significativo para la compañía. A principios de noviembre, se anunciaba un ERE dentro de la compañía para 6.000 trabajadores tras registrar 135 millones de euros de pérdidas. La acción se hundía aún más, al nivel de los nueve euros. El ERE provocó fricciones con la plantilla y obligó a cambiar los despidos forzosos por bajas incentivadas. En este contexto, también cambió al director de Recursos Humanos.

En esta difícil coyuntura y solo unos días después, el presidente de Iberdrola reprochaba públicamente a Siemens el alejamiento de la 'españolidad' acordada para Gamesa.

Desde los mínimos de finales de 2017, se fue recuperando levemente el valor. Sin embargo, el nuevo plan estratégico que anunció en febrero de este año la compañía no amainó el malestar de Iberdrola, siempre con la posibilidad de venta y salida de la compañía en el ruido de fondo.

La eléctrica vasca reclamó entonces más compromisos para Siemens Gamesa. Así, introdujo dos puntos en el orden del día de la junta general de accionistas. Uno, para reforzar los controles en materia de operaciones vinculadas. El otro, para garantizar que la sede de la compañía se quedara en España. La propia firma vasca llegó a pedir a la CNMV que velara por que se cumplira el pacto entre compañías.

Con esta ofensiva se llegó a la junta en el mes de abril. Una junta presidida por Rosa García a cara de perro. Intervenciones desde el público de los sindicatos, molestos con la marcha de empleados y el cierre de la fábrica de Miranda de Ebro. Pero lo más destacado fue la intervención del representante de Iberdrola, que defendió las dos medidas que pretendía sacar adelante la compañía, y la de un representante de Siemens AG, que se opuso a la misma por considerar que la empresa ya tenía en cuenta esos compromisos.

Finalmente, las peticiones de Iberdrola fueron denegadas con el voto mayoritario del primer accionista alemán. En todo este periodo, siempre surgieron los recelos por el cambio de proveedor que decidió Iberdrola para algunos de sus parques eólicos, que pasaron de Gamesa a Vestas.

El último capítulo conocido ha sido el nombramiento de David Mesonero, directivo procedente de Gamesa y yerno de Ignacio Sánchez Galán, como director financiero de la compañía en detrimento de Miguel Ángel López, histórico de Siemens. El ascenso de Mesonero se produce después de vencer los 18 meses de pacto parasocial tras los cuales Iberdrola tenía derecho a proponer un nombre para ese puesto.

La respuesta de Siemens ha sido colocar a Miguel Ángel López como presidente no ejecutivo, un puesto en el que sustituye a Rosa García, que a sus 54 años deja una compañía turbulenta, que ha vuelto a beneficios en el último trimestre pero cuya acción se acerca de nuevo a mínimos y ha vuelto a caer por debajo de los 10 euros. Las dificultades siguen presentes en la nueva era ya después de Rosa García.

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