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Echegoyen y Ábalos estudian la fórmula para una sociedad pública de alquiler desde Sareb

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones, movimientos y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

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Jaime Echegoyen está desempolvando sus mejores artes políticas para encajar el modelo de Sareb bajo las nuevas reglas de juego. El presidente del conocido como ‘banco malo’ estudia desde hace semanas la posibilidad de aterrizar los deseos (y necesidades) del actual Gobierno para atajar la subida de precios en la vivienda de alquiler, un problema que afecta a varias de las ciudades más habitadas del país. Según fuentes involucradas en el proceso, la propuesta embrionaria sobre la que se trabaja pasaría por crear el equivalente a una sociedad pública del alquiler con activos procedentes del fondo de armario de la gestora de activos inmobiliarios, participada al 45% por el FROB.

Sin embargo, las cuentas no son tan fáciles. De entrada, porque a día de hoy el 65% de los activos son préstamos, mientras que el 35% restante se reparte entre viviendas, suelos, garajes, trasteros, locales comerciales... Por este motivo, tanto desde Fomento como desde Sareb son conscientes de que el banco malo no es la solución magistral para resolver el problema de precios que vive el mercado del alquiler, aunque pueda ser una palanca útil. Aun así, existe la presión por parte de Podemos, cuyo apoyo es necesario para aprobar los Presupuestos, de nacionalizar Sareb, un planteamiento de máximos inasumible para el Gobierno por las minusvalías latentes que irían a déficit.

Los bancos y compañías de seguros que arrimaron el hombro para constituir Sareb penan su compromiso a 15 años como accionistas al margen de estas negociaciones. Más aún, verían como un regalo la posibilidad de que su 55% pudiera nacionalizarse a cambio de un justiprecio, pero son conscientes de que nada de eso va a ocurrir y valoran el proyecto de 'spin off' sobre el que se está trabajando como una concesión asumible, tal como lo define un alto cargo del sector financiero. De hecho, hay un ejemplo interno de Sareb, el de la socimi Tempore, con 1.400 viviendas, gestionada por Azora, que podría servir como guía para las posibles vías de actuación con los activos existentes.

Esta solución, aún por definir, no figuraba de forma detallada en el plan que el titular de Fomento, José Luis Ábalos, presentó a las puertas del verano. Entonces, presentó una batería de medidas entre las que destacó la idea de construir 20.000 viviendas de alquiler barato… a cuatro años vista. La urgencia por resultados a corto ha girado los focos a Sareb, con la esperanza de que dentro de sus 37.000 millones de euros en activos (financieros e inmobiliarios) haya una solución inmediata. De momento, a falta de dar con la fórmula, las conversaciones son “constantes y fluidas”, aunque desde Fomento aseguran que "esta posibilidad no esta ahora en nuestra agenda de actuaciones".

Mientras este eje político se ha colado en la hoja de ruta de Sareb, su modelo de negocio sigue (sexto año) al ritmo que le permiten sus reservas de capital, muy distinto del que sigue el resto del mercado, con operaciones mil millonarias por parte de todas las entidades financieras. En su caso, los 3.500 millones de capital le permiten un margen de maniobra mucho menor, como demuestra la fallida operación que trató de sacar adelante con Goldman Sachs antes del verano. Todo cuanto sale adelante se hace bajo la premisa (una de ellas) de evitar que los accionistas tengan que afrontar nuevas aportaciones de capital. Ahora, si culmina, será también servir de embrión de una sociedad pública del alquiler.

Ni española ni italiana

Ya hay luz verde a la oferta de la tailandesa Minor por la cadena NH Hoteles. Una de las marcas españolas de referencia del sector turístico pasará a manos de la cadena asiática, que ya controla cerca del 50%. Tras el amago de los Barceló, hubo otra opción remota, pero el interés de la firma de inversión Investindustrial (Benetton-Bonomi) quedó en agua de borrajas. Ni siquiera la presencia accionarial de Hesperia (José Antonio Castro), en minoría y apalancado, ha servido para formar otro núcleo duro español. El ardor que hubo para plantar cara a los chinos de HNA fue cosa de los fondos ‘oportunistas’. A partir de ahora, mandará Minor.

Refuerzos ‘secretos’

La llegada de Andrea Orcel ha sido el más sonoro de los cambios en la cúpula del Banco Santander. Sin embargo, fuera del radar de lo público, la entidad que preside Ana Botín incorporó a sus filas esta primavera a una reciente peso pesado del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que llegó a tener rango de secretaria de Estado, para comandar su unidad de Seguridad e Inteligencia. Desde su llegada, Elena Sánchez ha ido configurando su propio equipo, para lo que no ha dudado en repescar a compañeros de la antigua ‘casa’, un trasiego al sector privado bastante común, aunque por lo general casi siempre desconocido. Discreción obligada.

Conexión eléctrica

Quién podría imaginar que en el futuro de BBVA influiría tanto haber pasado por las filas de Endesa (en la época del turolense Manuel Pizarro). Ahora que Carlos Torres es oficialmente presidente del banco, falta por despejar la incógnita del consejero delegado. Y, entre varios nombres, dos con opciones tienen pasado común eléctrico, igual que el propio presidente. En el caso de Javier Rodríguez Soler, su trayectoria ha ido de la mano de Torres desde su época en McKinsey hasta ahora en el banco. El otro con pasado en Endesa es Ricardo Forcano, también ingeniero y ex MIT como el propio Torres. La banca del futuro no necesita banqueros.

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