la mesa de aceite sostenible lo censuró

Nestlé pone satélites para controlar el aceite de palma tras estar a punto de perder su sello

La multinacional quiere recuperar la confianza de los clientes sensibilizados con la deforestación con una nueva iniciativa para monitorizar su cadena de suministro. Máxime tras el varapalo de RSPO

Foto: Nestlé mueve ficha para lavar su imagen después del ultimátum de RSPO.
Nestlé mueve ficha para lavar su imagen después del ultimátum de RSPO.

Nestlé mueve ficha para evitar nuevos sobresaltos con el aceite de palma. Ya estuvo a punto de perder su sello sostenible, expedido por la Roundtable on Sustainable Palm Oil (RSPO), por no acreditar que había obtenido este producto sin dañar el medio ambiente.

La mesa redonda readmitió a Nestlé 'in extremis', tras darle un ultimátum para que presentara su plan de acción de cara a 2023. La compañía de alimentación estuvo a punto de agotar el plazo (20 de julio), pero entregó toda la documentación para salvar su sello y su reputación.

Ahora aspira a recuperar la confianza de los clientes sensibilizados con los problemas medioambientales. Su nueva estrategia se llama Starling, y consiste en un servicio por satélite para monitorizar el 100% de la cadena de suministro de aceite de palma. O dicho de otra manera, Nestlé controlará sus plantaciones desde el cielo.

El desarrollo de la herramienta corre a cargo de Airbus y The Forest Trust (TFT), cuya función es implantar un sistema de verificación para demostrar que no se está produciendo deforestación en toda la cadena de suministro.

El objetivo es controlar todas las fases de la cadena de suministro. (Fuente: RSPO)
El objetivo es controlar todas las fases de la cadena de suministro. (Fuente: RSPO)

Nestlé se ha fijado 2020 como fecha tope para garantizar el objetivo de 'no deforestación'. Mientras tanto, deberá colaborar con RSPO —la misma que audita y expide el sello CSPO a las empresas que usan aceite de palma obtenido de manera sostenible—, al margen de sus estrategias a nivel particular.

Greenpeace redobla la presión

La ONG Greenpeace reclamó a marcas como Nestlé, Mars, Pepsico o Unilever que dejasen de comprar aceite de palma a un proveedor acusado de destruir selvas tropicales en Indonesia entre 2015 y 2017, una acción con un impacto dramático para el clima y la biodiversidad.

En consecuencia, Nestlé publicó a principios de junio un listado de 10 empresas con las que va a dejar de trabajar por no respetar unas mínimas normas de abastecimiento responsable. Eso no impidió que RSPO suspendiese de manera provisional a la compañía por los recurrentes "incumplimientos de los estatutos y del código de buenas prácticas".

La multinacional suiza no facilitó los informes anuales correspondientes a 2016 y 2017, donde debía explicar su política sostenible, ni pagó la cuota de 2.000 euros exigida a todas las empresas asociadas, por ejemplo. En vista de los últimos acontecimientos, nunca es tarde para rectificar.

El aceite de palma es un ingrediente cuestionado también desde el punto de vista nutricional, una inquietud que ha llevado a las grandes marcas (de la talla de Ferrero, Natra o Unilever) a impulsar la Fundación Española del Aceite de Palma Sostenible. Una de sus tareas es mejorar tanto el conocimiento como la percepción de este polémico producto.

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