El grupo se la llevó con la crisis soberanista

Agbar abre la puerta al regreso de más empresas a Cataluña y mete presión a Fainé

El regreso de la sede social de la compañía, que se gastó 15 millones de euros en los trámites para irse, se debe más bien a un posicionamiento estratégico

Foto: Isidre Fainé. (EFE)
Isidre Fainé. (EFE)

El retorno de Agbar y su sede social a Barcelona tiene más pinta de una gota en el desierto que de un torrente que pueda convertirse en caudaloso río. Ni a corto ni a largo, otras grandes empresas —ni vinculadas al grupo La Caixa ni multinacionales del signo que sea— tienen previsto volver a Barcelona después de la fuga que se produjo la primera semana de octubre del año pasado, según confirman fuentes empresariales. Agbar regresa por un interés estratégico propio, si bien ha aprovechado el momento de ligera distensión que vive la política catalana. Eso sí, su vuelta presiona a Isidre Fainé para que imite a esta compañía, en un momento en que nadie tiene planes para eso.

El presidente de Agbar es Ángel Simón, un alto directivo nada sospechoso de simpatizar con el independentismo. El regreso de la sede social de la compañía, que se gastó 15 millones de euros en los trámites para irse, se debe más bien a un posicionamiento estratégico que no resulta extrapolable al resto de compañías que se dieron a la fuga ante la crisis política del año pasado.

El presidente ejecutivo de Agbar, Ángel Simón. (EFE)
El presidente ejecutivo de Agbar, Ángel Simón. (EFE)

Agbar se quiere posicionar cara a un futuro concurso público para el servicio público de agua para Barcelona y el área metropolitana, el mismo que ahora explota una sociedad mixta participada por Agbar —70%— y por Criteria y el Área Metropolitana de Barcelona en un 15% cada uno. En Agbar han decidido que no ser una empresa catalana jugaría en contra de ellos y han decidido volver cuanto antes, para que nadie les pueda acusar de oportunismo, según apuntan fuentes cercanas a la compañía.

Sobre todo, se vuelve antes de la municipales. Ada Colau, con la que Simón está enfrentado, quiere remunicipalizar el servicio público del agua. No lo hará de manera inmediata porque espera un fallo del Tribunal Supremo que ya apunta que será contrario a los intereses de Agbar, ya que cuestionó que la concesión de este servicio se esté explotando sin un concurso público. De manera que había que regresar antes de la sentencia y antes de que pueda cambiar el Gobierno municipal o de que Colau renueve su mandato, la peor perspectiva para Agbar. Cara a un futuro concurso, la catalanidad de Agbar era un activo demasiado importante para arriesgarlo por una crisis política que está generando parálisis, sí, pero no inestabilidad económica.

Sin embargo, este interés no resulta extrapolable al resto de empresas que se marcharon, por lo que por el momento todo seguirá igual, pese al esfuerzo de la Generalitat por que vuelvan las sedes de las compañías que el pasado mes de octubre interpretaron su particular 'tocata y fuga'.

Fainé, avisado

Simón había comunicado sus intenciones a Fainé en el mes de julio, según explican fuentes cercanas a Agbar. Sin embargo, una cosa es estar en el ajo y otra que se les vaya a imitar. No se prevé que haya un 'efecto arrastre' del retorno de Agbar. A muchos altos directivos les gustaría poder volver. Pero una cosa es el deseo personal y otra cosa los intereses societarios.

Tal y como han comunicado a la 'consellera' de la Presidencia, Elsa Artadi, y al vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, en este momento no se dan en Cataluña condiciones objetivas para que las compañías vuelvan. Y los bancos, que perdieron 6.000 millones de depósitos de manera efectiva y otros 35.000 millones derivados a cuentas espejo, no volverán. Ni mañana ni nunca.

Capital y voluntad

Las empresas que se han marchado no dependen solo del capital de La Caixa. Naturgy ya está más en manos de fondos. Lo mismo pasa con Colonial, que también se fue y donde Criteria ya no tiene presencia alguna. De la misma manera, los nuevos socios italianos de Abertis y Cellnex no volverán a traer sus sedes, por solo poner algunos ejemplos. Además, grupos netamente financieros como SegurCaixa o Catalana Occidente, que operan en el mercado de capitales, no pueden permitírselo. Agbar no es un ejemplo extrapolable a otros casos.

En el caso de Agbar, hay en juego un negocio de 400 millones de facturación y más de tres millones de clientes, que es con lo que cuenta la sociedad mixta que el Grupo Suez controla de forma mayoritaria. Por esas cifras, vale la pena correr el riesgo. Sin embargo, como dice la frase, una flor no hace estío.

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