críticas a la propuesta de sánchez

¿Un impuesto a la banca encarece el crédito? Argumentos no probados y mucho miedo

Los principales ejecutivos del sector financiero han defendido razones contra un tributo finalista, aunque los economistas advierten de que no hay evidencia de que distorsione o encarezca el crédito

Foto: Foto: iStockphoto.
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La amenaza del impuesto a la banca es la principal preocupación del sector financiero. Aunque el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha evitado por ahora dejar claras sus intenciones al respecto, la propuesta del presidente cuando aún estaba en la oposición genera recelos. De hecho, la banca ha sacado su artillería argumental contra el tributo, con justificaciones no demostradas en varios casos.

Varios primeros espadas de la industria financiera han pasado por Santander esta semana en el curso 'La economía ante el blockchain' que han organizado la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE) y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo con el patrocinio del BBVA. El consejero delegado de este banco, Carlos Torres, fue el primero en arremeter contra el tributo, alegando que "encarecería y distorsionaría el crédito". Un argumento que durante las últimas semanas se ha esgrimido continuamente desde la banca.

Sánchez puso encima de la mesa en enero una nueva figura tributaria, y después señaló que sería un incremento de ocho puntos porcentuales en Sociedades. Este fin de semana asegura en una entrevista en 'El País' que los ministerios de Hacienda y Economía están analizándolo y que quiere abrir el debate. Los cálculos del equipo de Manuel Escudero fueron hace meses de un extra de recaudación de 1.000 millones de euros en un año, con el fin de colaborar en la revalorización de las pensiones. Es decir, un impuesto finalista, algo que según Torres "genera distorsiones". "En materia fiscal hay que evitar los experimentos", agregó esta semana.

Sin embargo, no está claro que un impuesto en la banca se traslade al consumidor, según advirtió en las mismas jornadas José Luis Escrivá, presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF). Escrivá, ex economista jefe y director de estudios de BBVA y una de las voces más autorizadas en fiscalidad, recuerda que solo se puede analizar un impuesto después de que esté en funcionamiento, y que en todo caso "no está claro" que afectaría al precio.

Escrivá recordó que el 'lobby' bancario usó el mismo argumento antes de la crisis, cuando el Banco de España, bajo la dirección de Jaime Caruana, impuso unas provisiones anticíclicas. Las entidades presionaron para evitarlo, alegando que encarecería y reducirá el crédito, pero ocurrió lo contrario, "los tipos de interés bajaron porque había una elevada competencia".

Este punto es clave, como argumentó Javier Alonso, subgobernador del Banco de España, que volvió a clausurar el curso. El año pasado lo hizo con la frase "sospecho que el banco tenía más garantías porque las que nos trajeron fueron relativamente pocas", que trató de matizar la institución, esta vez cargó contra el impuesto a la banca con un argumento que generó dudas entre los asistentes.

Mucha competencia

Alonso, cuyo futuro como subgobernador aún está en el aire, un tributo a la banca puede derivar en dos opciones. La primera es que se encarezca el crédito, aumenten las comisiones y se reduzca la remuneración de los depósitos, "siempre y cuando el mercado pudiera aceptarlo". Sin embargo, "hay mucha competencia". Y si no puede ocurrir esto, lo que sucedería es que "bajaría la rentabilidad", justo en un entorno de tipos bajos y mayor competitividad sobre varias líneas de negocio que provocan que haya "una presión a la baja sobre la rentabilidad".

Desde la Asociación Española de Banca (AEB) también ha habido críticas a la propuesta de Sánchez. Su presidente, José María Roldán, recordó que la banca ya paga más impuestos que otros sectores. En 2015, según las últimas estadísticas comparables disponibles en la Agencia Tributaria, las entidades de crédito soportaron un tipo impositivo en Sociedades del 28% (entonces era el tipo máximo, que se redujo en 2016 al 25%), con el pago de 3.000 millones de euros, frente al tipo efectivo del 24% del conjunto empresarial. Actualmente, según Roldán, la brecha actual es de cinco puntos en el tipo impositivo efectivo entre la banca y el resto.

No obstante, Roldán, que antes de incorporarse a la AEB en 2014 estuvo 25 años analizando el sector financiero desde distintos puestos como en el Banco de España, no se atrevió a dar como seguro un encarecimiento del crédito si hay un tributo adicional en el sector. Esto dependería de la elasticidad, señaló. Así es como se conoce a un concepto microeconómico para analizar el impacto en oferta y demanda, que generalmente se reparten la carga tributaria. Es decir, la asumen productores y consumidores.

La teoría económica dice que cuando la demanda es más elástica, y por lo tanto fluctúa más por las variaciones de precio, que la oferta, entonces los productores asumen mayor parte del impuesto. Incluso asumen todo el gravamen si la demanda es perfectamente elástica, un caso extremo en el que, en este caso, nadie solicitaría un crédito si aumenta el tipo de interés. Y, al contrario, si la oferta es más sensible al precio que la demanda, son los consumidores los que soportan mayor parte de la carga.

Si la demanda es más elástica, y por lo tanto fluctúa más por las variaciones de precio, que la oferta, los productores asumen mayor parte del impuesto

Al menos, esto es lo que dicen los manuales de microeconomía. En resumen, arguye Roldán, según su experiencia en un momento bajo del ciclo es más difícil trasladar un impuesto al precio y en un momento alto del ciclo es más fácil. En este caso, el crédito se está recuperando, con una guerra de precios entre las entidades para firmar nuevas hipotecas, aunque el 'stock' total aún sigue disminuyendo porque las amortizaciones todavía superan a las contrataciones.

Pese a que finales de mes es probable que los ejecutivos de la gran banca española presuman de cifras ante el mercado con los resultados del segundo trimestre, con la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa han reculado para mostrar modestia. De hecho, varios primeros espadas se han esmerado en recordar el suspenso en rentabilidad que se produce en el contexto de tipos de interés al 0%, con un retorno sobre fondos propios (ROE) del 6% de media frente al coste del capital, que es la rentabilidad exigida por el inversor a cambio de asumir un riesgo del 10%, según estimaciones del Banco de España.

"Sin sector bancario no hay crecimiento. Un sector fuerte, saneado y rentable es positivo para cualquier país", expresó Roldán. En la misma línea, José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia, cree que "hay que contextualizar la situación del sistema bancario español para que se entienda el reto de la rentabilidad, porque es difícil explicar a la opinión pública que hablemos de un reto de rentabilidad cuando ve la cifra absoluta de beneficio (14.000 millones la banca del Ibex en 2017)". "El coste del capital está por encima de la rentabilidad sobre fondos propios. Es una situación mala para el país, porque si sucede la banca tiene problemas captar capital, y entonces no puede dar créditos y no puede financiar la economía", añade.

La importancia del capital

Este es el argumento esgrimido también por Javier Alonso, que se ha convertido en una advertencia de la banca. Si no es rentable, y un impuesto adicional restaría opciones para ello, las entidades tienen menos capacidad para dar financiación. La otra cara de la moneda es que la infravaloración en bolsa que sufre el sector, cotizando por debajo del valor en libros, también arriesga el crecimiento del crédito por afectar al coste del capital, como explicó en su visita a Madrid hace dos años el economista jefe del Banco Central Europeo (BCE), Peter Praet. En dos años, poco ha cambiado la situación bursátil de la banca.

Goirigolzarri también opina que este momento la baja rentabilidad se debe a un "sumatorio de condiciones estructurales y coyunturales" y que, en todo caso, "la responsabilidad de salir de esta situación es de los gestores bancarios". No obstante, avisa, "los parlamentarios deben entenderlo, porque no podemos jugar con estereotipos del pasado cuando la banca tenía rentabilidades superiores al 20%".

Los ejecutivos bancarios confían en que Nadia Calviño, ministra de Economía, disuada a Sánchez en caso de que quiera imponer un nuevo tributo. Tanto por su perfil técnico y europeo como por la fragmentación parlamentaria, confían en que no salga adelante y se acabe olvidando, según fuentes financieras. Pero mientras, hay preocupación.

Goirigolzarri insistió en que un impuesto finalista en un sector tiene sentido cuando hay externalidades negativas, "pero en la banca no las hay". De hecho, incluso el secretario general de UGT, Pepe Álvarez, señaló en Santander que tendría más sentido un tributo de este tipo en las tecnológicas por el empleo que van a sustituir con la revolución digital y la automatización de muchos procesos. Carlos Torres, por su parte, arremetió contra la justificación de obligar a la banca a un esfuerzo para contribuir a parte del gasto en pensiones por el rescate financiero, ya que "se rescató a las cajas de ahorros y a los depositantes, no a los bancos".

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