su contrato vence a principios de 2019

Repsol abre la puerta a la renovación de Brufau como presidente a los 70 años

El ingeniero catalán, que en 2015 traspasó sus funciones ejecutivas a Josu Jon Imaz, está dispuesto a continuar como primer directivo durante cuatro años más

Foto: El presidente de Repsol, Antonio Brufau, durante su intervención en una junta de accionistas de la compañía. (Reuters)
El presidente de Repsol, Antonio Brufau, durante su intervención en una junta de accionistas de la compañía. (Reuters)

Repsol presentó el pasado 6 de junio su nuevo plan estratégico 2018-2020, con el que quiere irrumpir en el mercado de la electricidad y del gas, un periodo durante el cual quiere invertir 15.000 millones. Entre medias, la compañía debe decidir si renueva como presidente a Antonio Brufau, cuyo contrato expira en marzo de 2019, o designa uno nuevo. Según distintas fuentes, el consejo de administración ve con buenos ojos la continuidad del directivo, que en 2014, cuando se repartió el poder con Josu Jon Imaz, actual consejero delegado, dejó entrever que abandonaría la petrolera.

Sin embargo, según distintas fuentes próximas al grupo participado por Sacyr y por CaixaBank, Brufau ya ha mantenido contactos informales con los consejeros de Repsol para saber si estarían dispuestos a votar a favor de su continuidad en la junta general de accionistas de principios de 2019. Desde Repsol niegan que el que ha sido presidente desde 2004 haya movido ficha para postularse durante cuatro años más porque quiere ser absolutamente respetuoso con los tiempos. Pero admiten que el órgano de gestión está muy satisfecho del binomio Bruafu-Imaz, ya que ha dado estabilidad a la compañía, con un reparto de funciones ejemplar, tal y como se recomienda en los manuales de gobierno corporativo.

Para los inversores de Repsol, saber quién va a ser su presidente durante el desarrollo del plan estratégico es vital. Especialmente, para conocer a quién confían su dinero. Pero desde la petrolera aseguran que ninguno de los grandes fondos con presencia en su capital ha preguntado por esta cuestión, pese a reconocer su relevancia. Sin embargo, desde varios 'proxys' o agencias de información que velan por la gestión de la compañía en defensa de los minoritarios, confirman que algunos accionistas han requerido conocer quién será el futuro presidente a partir del primer trimestre de 2019.

Logo de Repsol en la sede de la compañía en Madrid. (Reuters)
Logo de Repsol en la sede de la compañía en Madrid. (Reuters)

Así ocurrió recientemente con Iberdrola, cuyo primer ejecutivo, Ignacio Sánchez Galán, tuvo que responder a las preguntas de los inversores sobre su continuidad en la eléctrica, dado que su contrato expira también a principios del próximo año. Y Galán les aseguró que, si el consejo de administración lo apoyaba, seguiría al frente del grupo energético hasta 2022, cuando alcance los 73 años de edad, como adelantó El Confidencial. Esta fue una de las cuestiones clave que, entre otras, puso Qatar, dueño del 8% del capital, encima de la mesa para mantener su inversión.

La continuidad de Brufau o su relevo se analizará oficialmente a partir de septiembre, ya que Repsol quiere despejar la incertidumbre antes de finalizar el ejercicio. Cualquier decisión deberá ser aprobada por la comisión de nombramientos, participada por tres consejeros independientes, más un representante de Sacyr y otro de CaixaBank. Según distintas fuentes, tanto la constructora como la entidad financiera están a favor de renovar a Brufau.

Si así fuese, el empresario catalán entraría a formar parte del selecto grupo de presidentes del Ibex 35 con más de 70 años, que tras las dimisiones por salud o decisión propia de Isidre Fainé, César Alierta, Amancio Ortega y próximamente Francisco González, quedará reducir a los primeros espadas de Inmobiliaria Colonial —Juan José Bruguera— y ACS, en la persona de Florentino Pérez.

La cotización y el dividendo

Tal y como se acordó en 2015, cuando el ingeniero catalán nacido en Mollerusa traspasó todas sus funciones ejecutivas a Imaz, el que ha sido presidente de Repsol durante los últimos 14 años dejó de ser el primer directivo y pasó a tener funciones institucionales, además de supervisar la estrategia a corto y medio plazo de la petrolera. Esta sucesión llevó consigo una modificación de su contrato, con la renuncia a una compensación por blindaje de 14,25 millones a cambio de recibir un salario fijo y garantizado de 2,5 millones hasta 2019. El pasado año, sus emolumentos ascendieron a tres millones de euros. Frente a los 2,76 millones de 2016.

Desde que Brufau e Imaz se repartieron los poderes, la cotización de Repsol ha bajado un 10%, si se toma como referencia el nombramiento del consejero delegado en abril de 2014, y un 4% si la comparación parte cuando el ingeniero abandonó totalmente sus funciones ejecutivas un año más tarde. Un periodo de tiempo en el que la compañía se vio obligada a reducir hasta un 30% —0,70 euros por acción— el pago del dividendo por las pérdidas ocasionadas por el desplome del precio del petróleo. En la pasada junta de mayo, el consejo aprobó volverlo a subir hasta los 0,90 euros, gracias a la recuperación del barril y a los efectos del plan de ajuste impuesto por el binomio Brufau-Imaz.

Actualmente, el 48,6% de los analistas que cubren Repsol recomienda comprar acciones de la petrolera española, frente al 43,2% que aconseja mantener y al 8,1% que opta por vender. El precio objetivo medio de los expertos es de 18,21 euros, lo que le otorga un potencial de revalorización del 9,56%. En lo que va de año, la acción del grupo participado también por Temasek, el fondo soberano de Singapur, ha subido un 12,75%, lo que la convierte en la quinta mejor compañía del Ibex 35.

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