Fondos de Inversión: El viacrucis de Sybilla: impagos y riesgo de quiebra para la antigua reina de la moda
su futuro, en manos de un fondo de inversión

El viacrucis de Sybilla: impagos y riesgo de quiebra para la antigua reina de la moda

Referente de la alta costura española en los 80 y 90, lleva cuatro años tratando de reflotar su marca. No puede pagar nóminas desde hace meses y necesita inversión urgente

Foto: La diseñadora Sybilla Sorondo, en una imagen de 2016. (EFE)
La diseñadora Sybilla Sorondo, en una imagen de 2016. (EFE)

Sybilla, una de las grandes firmas de la moda española, se encuentra al borde del abismo. Sus 24 empleados llevan varios meses sin percibir la nómina. En algunos casos, como el de la propia Sybilla Sorondo y su equipo directivo, van ya seis meses sin cobrar. El resto de empleados fluctúan entre los dos y los cuatro meses, si bien la empresa asegura que sí está abonando un porcentaje de los salarios para evitar tragedias familiares. La situación de la empresa es crítica y ahora todo depende de que la negociación de Sybilla con un fondo de inversión de Luxemburgo llegue a buen puerto. En dos semanas tiene que haber noticias. Si se alcanza el acuerdo, Sybilla seguirá existiendo, al menos en el corto plazo. Si no, la empresa tendrá que declararse en quiebra, siguiendo la estela de otros grandes modistas engullidos por la nueva realidad social.

Sybilla Sorondo, nacida en Nueva York y criada en Madrid, es la gran dama de la moda española de los últimos 30 años, considerada por la crítica internacional como una de los grandes modistas de nuestro tiempo, al nivel de Balenciaga o Paco Rabanne. En 2005, la diseñadora abandonó el negocio y se retiró a Mallorca, hastiada del ritmo frenético de la alta costura. Pero ocho años más tarde, en 2014, sintió de nuevo la necesidad de crear y quiso recuperar su marca, que había vendido a Martín Varsavaky y Miguel Salís, fundadores de Jazztel. No le resultó difícil, pues la sociedad se encontraba en concurso de acreedores desde 2009. Así, Sybilla convenció a varios inversores para aportar un capital inicial de dos millones de euros y comenzó a crear, deseosa de aportar nuevas ideas al sector tras casi una década de retiro profesional.

Sybilla Sorondo revisa uno de sus vestidos de novia. (Sybilla)
Sybilla Sorondo revisa uno de sus vestidos de novia. (Sybilla)

Sybilla confiaba en que las ventas y, sobre todo, algún gran inversor la acompañasen para despegar y volver a ser un referente. Pero en estos cuatro años no ha parado de remar a contracorriente, con unas deudas que se han ido acumulando y con solo las ventas en Japón, donde la diseñadora es un referente absoluto, dando algo de oxígeno a la empresa. De Japón viene el 60% de su facturación anual. El resto viene principalmente de comercialización de licencias.

El 60% de la facturación de Sybilla viene de Japón, donde la diseñadora sigue siendo un gran referente

"Todo el sector de la moda está pasando un momento muy difícil, no nos avergonzamos de nuestra situación", afirma Javier Gómez Rivas, gerente de Promociones Exteriores SA (Proesa-Sybilla). "Nuestra firma se distingue del resto por pagar muy buenos sueldos y tratar de desarrollar un modelo de negocio ético, tanto en lo laboral como en el respeto al medio ambiente. Mientras otros pagan salarios muy bajos o subcontratan, nosotros tenemos un taller propio con nóminas de 3.000 y 4.000 euros, algo que ya casi no se ve en el sector. La plantilla lo entiende y nos está apoyando en todo", asegura.

Un palo inesperado

La última Navidad fue dramática en el taller de Proesa-Sybilla, ubicado en el barrio de Carabanchel de Madrid. Un gran grupo español estaba a solo una firma de tomar las riendas de Sybilla y potenciar por fin el proyecto, pero el acuerdo se truncó en el último momento por distintos detalles. Fue un palo tremendo para Sybilla, que se vio en la tesitura de declarar la quiebra y echar el cierre o sobrevivir unos meses más a cambio de reducir drásticamente sus costes, entre ellos el abono de las nóminas.

Las empleadas de Sybilla prefieren no posicionarse, en una mezcla de aprecio por la diseñadora y miedo a decir algo que les perjudique. Lo que ninguna oculta es que la situación ya es insostenible. Algunas empleadas han tenido que pedir un crédito y el último balance disponible de Proesa, el del ejercicio 2015, refleja una cuenta de resultados de -661.659,36 euros.

Las empleadas de Sybilla prefieren no posicionarse, en una mezcla de aprecio por la diseñadora y miedo a decir algo que les perjudique

"Los empleados están acostumbrados a que se retrase el pago de las nóminas, pero siempre se terminaban abonando y esta vez no ha sido así. Sybilla ha sufrido un problema grave de gestión estos años, nadie sabe qué hace la empresa con el dinero. Es evidente que no se ha manejado bien, como demuestra que en pocos años haya habido varios gerentes", explica una antigua empleada.

Proesa-Sybilla tuvo que despedir a casi la mitad de su plantilla hace dos años, si bien evitó el ERE logrando que las bajas fueran pactadas. En 2017 sí tuvo que lanzar un ERTE y dejar a seis personas sin empleo y sueldo durante medio año. "Los trabajadores adoran a Sybilla, su historia es muy bonita y hay empleadas que llevan más de 20 años a su lado. Por eso aguantan y siguen arrimando el hombro", indica esta extrabajadora.

Sybilla rompió moldes en la alta costura de los años 80 y 90 y sigue siendo un referente. (EFE)
Sybilla rompió moldes en la alta costura de los años 80 y 90 y sigue siendo un referente. (EFE)

El no de ese gran grupo empresarial español antes de Navidad fue muy doloroso, porque llegó en el peor momento, justo cuando Sybilla debía devolver el préstamo que Itokin, su socio japonés, le había hecho en 2014 para ayudarla a despegar. En concreto, 1,2 millones que había que reembolsar en enero. Sybilla no pudo hacerse cargo y desde entonces Itokin se cobra la deuda en 'royalties', estrangulando más si cabe los ingresos de la marca, que hoy, mercado japonés y licencias aparte, se reducen a los vestidos a medida (novia y noche) y a su producción de cachemir sostenible en Mongolia. Entretanto, la empresa ha de seguir pagando 200.000 euros anuales del concurso de acreedores.

Una muestra de las estrecheces que vive la marca fue la fiesta de inauguración de su tienda propia en Madrid, a inicios del pasado diciembre. El evento se pareció más a una celebración callejera espontánea, con cerveza y música provista de forma gratuita por amigos de Sybilla, que a la clásica fiesta de alfombra roja que suelen organizar los grandes de la moda. Y lo cierto es que le funcionó. Todo el barrio de Chueca se enteró, en mitad del jolgorio callejero, de que Sybilla había vuelto.

Sybilla ha vestido durante años a muchos rostros famosos.
Sybilla ha vestido durante años a muchos rostros famosos.

Dos semanas clave

"Espero que antes de fin de este mes se haya formalizado la entrada de dinero, la semana próxima ya hay un ingreso grande que nos llega", adelanta Sybilla Sorondo. La diseñadora se refiere a la entrada del fondo de inversión luxemburgués, cuyo nombre prefiere no desvelar y cuyas negociaciones están muy avanzadas. Se trata de un proyecto a cinco años dividido en varias fases. La primera y más urgente, una crédito puente de 1,5 millones de euros para poner las nóminas al día, zanjar por fin la deuda con Hacienda y poder hacer encargos a proveedores con los que volver a comprar materiales y producir. El siguiente paso es abrir cinco nuevas tiendas propias en España, que se sumarían a las ya existentes en Madrid y Palma.

El fondo ha comprometido un total de 3,7 millones, una suma modesta pero suficiente para sacar a la gran dama de la moda española del atolladero. A cambio, como ocurre en estos casos, hay un peaje bastante caro: el fondo canibalizará entre un 30 y un 40% de los ingresos y podría tener mucho poder de decisión en el rumbo empresarial de Sybilla, algo que la diseñadora quería evitar a toda costa. "El no poder hacer inversiones fuertes en producción por el retraso de la entrada del inversor y sobre todo tener que devolver el préstamo que nos hicieron nuestros socios japoneses para arrancar nos ha puesto en una situación difícil", admite la modista.

Sybilla Sorondo posando con uno de sus diseños. (Félix Valiente)
Sybilla Sorondo posando con uno de sus diseños. (Félix Valiente)

"Tomé el control de la empresa cuando estaba en concurso y asumí un equipo grande con sueldos elevados que he intentado mantener, además de hacerme responsable del pago de las deudas de los acreedores del pasado. Lo fácil hubiera sido quebrar frente a las dificultades o hacer despidos masivos, o cambiar personas de 50 años por dos becarios de 20, que es lo que recomiendan ahora", resume Sybilla, antes de confesar: "He tenido ofertas muy tentadoras para irme a diseñar fuera a otras casas y esto es lo que he elegido. Por desgracia, los pequeños emprendedores lo tenemos muy difícil para competir con los grandes, y mucho más si decidimos emplear gente y asumir costes sociales antes que subcontratar. No hay ayudas ni una política real de apoyo al sector".

"He tenido ofertas muy tentadoras para irme a diseñar fuera a otras casas y esto es lo que he elegido", admite la modista

Aunque el acuerdo con el fondo de Luxemburgo parece seguro, ya sea por convicción o por pura necesidad, Sybilla adelanta que si esa alianza también se trunca tirará la toalla. "Si el proyecto empresarial no sale adelante, tendré que cerrar y dedicarme a otras cosas. Muchos cerca de mí se alegrarían de verme trabajar menos, pero sería triste, ya que están la ilusión y el esfuerzo de muchos en este proyecto". Por el contrario, si por fin llega ese primer millón y medio de euros la rueda volverá a girar, dando cabida a nuevos inversores y nuevas colecciones, pues su prestigio, a pesar de las penurias, sigue siendo muy alto.

En realidad, Sybilla no ha dejado de recibir premios en estos cuatro años de viacrucis. En 2015 ganó el Premio Nacional de Diseño de Moda, que concede el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y está dotado con 30.000 euros. Solo un año antes, el mismo ministerio le había otorgado la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Recientemente, la diseñadora recibió en Barcelona la Medalla de Fomento de las Artes y el Diseño (FAD) de 2018, y la Comunidad de Madrid también le ha concedido su más reciente premio Cultura en la categoría de moda, dotado con 18.000 euros.

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