REYNÉS, GORTÁZAR Y LUCAYA cotizan al alza

Ciclogénesis en las Torres Negras (Caixa): los daños colaterales del 1-0

Nada ha vuelto a ser igual para La Caixa tras el 1-O. Fainé rumia desde hace meses la necesidad de hacer algún gesto simbólico para cambiar la percepción que existe sobre él y la entidad

Foto: El presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, Isidro Fainé. (EFE)
El presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, Isidro Fainé. (EFE)

El lunes 2 de octubre de 2017, cerca de 3.000 personas cortaron la Avenida Diagonal de Barcelona, frente a las Torres Negras, sede de La Caixa, en protesta por las cargas policiales producidas el día anterior. Se manifestaban en contra de la violencia, pero en el resto de España se interpretó como una señal de apoyo al independentismo. Las imágenes aéreas abrieron telediarios y ocuparon espacios preminentes en las ediciones digitales de los diarios. Aunque de las 3.000 personas apenas una cuarta parte eran trabajadores de la entidad, hubo quienes no perdieron la oportunidad de ligar la protesta a la estrella azul de cinco puntas, el logotipo que Joan Miró diseñó para la entonces caja de ahorros.

Al día siguiente, el presidente de la Fundación Bancaria y factótum del holding, Isidro Fainé, y el director general de CaixaBank, Juan Antonio Alcaraz, reunidos de urgencia por mor de los acontecimientos, eran testigos de la fuga masiva de depósitos en tiempo real. La retirada se producía, fundamentalmente, fuera de Cataluña, donde la entidad genera el 75% del negocio. Los cálculos que se hicieron posteriormente hablaron de una pérdida de fondos en torno a los 6.000 millones de euros.

Sea como fuere, allí mismo, en ese preciso instante, se tomó la decisión: había que sacar la sede de la entidad fuera de Cataluña. Primero la del banco y después la del sinfín de negocios que orbitan en torno al mismo. Se trataba de un plan de salvamento que todavía no ha terminado. Son los daños colaterales del 'procés'. Nada ha vuelto a ser igual en Cataluña tras el 1 de octubre. Tampoco para La Caixa.

Reconoce el propio Fainé que la decisión de la sede le dolió más que cualquier otra que hubiera tomado nunca. Tras 114 años de la fundación de la Caja de Pensiones para la Vejez y de Ahorros de Cataluña y Baleares, La Caixa, por parte del abogado Francesc Moragas Barret, había tenido que ser él quien se encargara de la mudanza abriendo una herida difícil de restañar. ¿Qué había hecho mal? ¿En qué se había equivocado?

El 26 de febrero, Isidro Fainé se reunía en secreto con Carmen Martínez Castro, usufructuaria de los poderes que emanan del presidente Rajoy

El 26 de febrero de este año, Isidro Fainé se reunía con Carmen Martínez Castro, secretaria de Estado de Comunicación y usufructuaria de los poderes que emanan del presidente Rajoy, en Paseo de la Castellana 51, donde se ubican las oficinas centrales de la entidad en Madrid. El encuentro se producía a petición del primero y en el mayor de los secretos. Tanto es así que ni siquiera Jaume Giró, director general de la Fundación Bancaria y hombre de la máxima confianza de Fainé, estaba al corriente del mismo.

No solo se trataba del 'procés'. La crisis catalana había sido el factor desencadenante de la ciclogénesis que estaba sacudiendo a La Caixa, lo emponzoñaba todo, pero no era lo único. También estaban las relaciones frías de la cúpula de la entidad con el Gobierno de Madrid, o al menos con una parte del mismo, así como la operación Abertis, donde el 'holding' de La Caixa poseía el 22%, un porcentaje mollar para las pretensiones del Ejecutivo de preservar la españolidad de la compañía y salvarla del peligroso juego de opas.

La conversación entre Fainé y Martínez Castro transcurrió en un tono de ‘tensa cordialidad’, pues no era sino un encuentro informal para recomponer puentes de confianza. La secretaria de Estado dejó caer su malestar por la siempre calculada ambigüedad que La Caixa había mostrado en el 'affaire' secesionista, hoy una vela a Dios, mañana otra al diablo, mientras el presidente de la Fundación Bancaria mostraba más interés en saber del futuro de TV3 y la regulación de las fundaciones.

Isidre Fainé (i) y Jaume Giró charlan con periodistas. (EFE/Marta Pérez)
Isidre Fainé (i) y Jaume Giró charlan con periodistas. (EFE/Marta Pérez)

El ‘mesotés’, o término medio, no está concebido para los tiempos atrabiliarios y de polarización, y La Caixa, de la mano de Fainé y su ‘condottiero’ Giró, ha tratado siempre de moverse entre dos aguas sabedor de la que el mundo de la empresa debe operar al margen de ideologías. Así, mientras que por un lado despachaba con frecuencia y cierta familiaridad con Artur Mas y Oriol Junqueras, por el otro mediaba con Sáenz de Santamaría (y antes con Moragas) en aras de la denominada Operación Diálogo. Era la misma táctica desplegada a la hora de sostener el ecosistema mediático, tan cerca de Lara o Roures como fuera necesario, además de accionista de Prisa.

La gestión política, que no económica, llevada a cabo desde las Torres Negras desde que el 'procés' irrumpiera, así como el agridulce desenlace de la operación Abertis, cerrada a espaldas de La Caixa, han provocado que unos y otros se hayan trenzado en ásperas disputas que barruntarían un cambio de ciclo, o lo que es lo mismo, la progresiva retirada a los cuarteles de invierno de los protagonistas más ‘políticos’ y la irrupción de otros nuevos más ‘financieros’. Todo ello en consonancia con esa tendencia que va cobrando forma en el Ibex de profesionalizar la gran empresa y desbrozarla de elementos exógenos.

Un amplio reportaje y la recurrente mención de su nombre en los últimos acontecimientos en torno a Caixa, ponen en el foco al discreto Lucaya

Los nombres que componen este núcleo ascendente son básicamente tres: Francisco Reynés, Gonzalo Gortázar y Jorge Lucaya. Lo de Reynés quedó claro después de que Fainé lo ungiera presidente de Gas Natural Fenosa. Persona con ese ‘toque’ que tanto respetan los mercados extranjeros y poco dada a las conspiraciones palaciegas por haber sido víctima de las mismas, será uno de los ejes centrales en torno a los que pivotará el Universo Caixa.

Lo mismo puede decirse de Gonzalo Gortázar, hombre al que Fainé ha confiado el futuro del banco como premio a su carrera dentro de la casa. Entró en 2009 y ha llevado las participaciones industriales del 'holding' así como la dirección financiera de la entidad. Ahora le han dado total independencia. Así lo remarca Fainé. Asegura que lo suyo es recluirse en la fundación y que poco, o casi nada, influye ya en la CaixaBank de Gortázar.

Un gran valedor de este último es el tercero de los ‘financieros’ aquí señalados, Jorge Lucaya, principal accionista de la boutique española AZ Capital. Siempre al lado de Fainé, para quien realiza la práctica totalidad de las transacciones de La Caixa, Lucaya se caracteriza por sus buenos modales, sus convicciones religiosas y su discreción. Al menos hasta ahora. Un amplio reportaje en un diario nacional y la recurrente mención de su nombre en los últimos movimientos en torno a Caixa, le han colocado en el foco.

Jorge Lucaya. (AZ Capital)
Jorge Lucaya. (AZ Capital)

En este contexto, Fainé viene rumiando desde hace meses la necesidad de hacer algún gesto simbólico para cambiar la percepción que existe sobre él y sobre la entidad. Sin embargo, rehén de su propio estilo, pretende minimizar al máximo el movimiento de peones para seguir preservando los delicados equilibrios de poder que hay en su ‘corte’, como en su día hizo con Salvador Alemany y ahora con Rafael Villaseca. Solo con la figura de Juan María Nin, exconsejero delegado de CaixaBank y clara candidato a sucederle, cortó por lo sano.

El veterano financiero (1942) es consciente de que no puede permitirse otro paso en falso. Superado por el contexto político, donde siempre había sabido nadar y guardar la ropa, y estresado tras su paso por la presidencia de Gas Natural, el líder del universo Caixa trata de adivinar cuál fue su error de cálculo. Necesita destrabar el nudo. Pero la madeja de las Torres Negras, a los efectos, es tan complicada como el laberinto de poder del mismo Vaticano.

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