renueva el comité de dirección dos años después

Pallete borra la huella de Alierta y decide correr solo ante su pobre bagaje bursátil

El presidente de la operadora, que no ha podido cumplir con su promesa a los inversores, decide hacer su propio equipo y romper con el legado de su mentor

Foto: El presidente de Telefónica José María Álvarez-Pallete en el Mobile World Congress (MWC). (EFE)
El presidente de Telefónica José María Álvarez-Pallete en el Mobile World Congress (MWC). (EFE)

Un total de 22 meses ha tardado José María Álvarez-Pallete en liberarse de la herencia de su predecesor en la presidencia de Telefónica, en hacer su propio equipo, ajeno completamente al legado de César Alierta. El primer ejecutivo de la operadora aprobó este martes los últimos cambios en la cúpula directiva de la empresa tras el nombramiento el pasado verano de Ángel Vilá como consejero delegado, ascenso que supuso la remodelación de todo el equipo financiero. Un tsunami en diferido para tratar de corregir el goteo a la baja de una cotización sobre la que los inversores esperan más claridad de ideas.

Con la salida de Luis Miguel Gilpérez como presidente de Telefónica España, la principal unidad de negocio junto con Brasil, y de Ramiro Sánchez de Lerín, el guardián de todos los secretos inconfesables de la etapa de Alierta, de la que Álvarez-Pallete fue testigo en primera persona, el actual presidente de Telefónica ha optado por hacer borrón y cuenta nueva. Se acabó mirar de reojo y no tomar decisiones para no molestar a las personas de confianza del que fuera su mentor, con el que ahora mantiene una relación fría, tras diferencias sobre la transición tranquila que se había pactado.

Los relevos anunciados de Gilpérez, Sánchez de Lerín, Carlos López Blanco (Asuntos regulados) y Eduardo Caride (Latinoamérica) suponen acabar con todos los miembros del comité directivo de la etapa anterior y diseñar una alineación formada por nuevos hombres de su confianza, como el 'hacker' Chema Alonso y el exdirectivo de McKinsey Mariano de Beer. Además de estos fichajes externos, Álvarez-Pallete ha decidido hacer un equipo titular con gente de la casa, como Emilio Gayo, que se encargará de enderezar Telefónica España; María Machicot, que dirigirá los Recursos Humanos, y Pablo de Carvajal, que será el máximo responsable de los asuntos legales del grupo.

El nuevo presidente de Telefónica España, Emilio Gayo. (EC)
El nuevo presidente de Telefónica España, Emilio Gayo. (EC)

Todos estos cambios cuentan con el apoyo del consejo de administración, que hoy los validará, especialmente de BBVA —6% del capital— y de CaixaBank (5%), los accionistas de referencia a los que la constante caída de la cotización les ha hecho un roto en su patrimonio. El primero ya ha reconocido un deterioro de 1.100 millones por su paciencia y el segundo lo tiene pendiente, a la espera de la decisión del auditor. Sin olvidar que sus ingresos por el histórico dividendo de la operadora han caído a la mitad.

Porque en realidad este es el motivo por el que el presidente ha dado el paso de formar su nuevo equipo. Cuando Álvarez-Pallete fue propuesto primer ejecutivo, el 29 de marzo de 2016, las acciones de Telefónica se cambiaban a 9,86 euros. Su primer compromiso con los inversores, incluidos los dos bancos españoles, fue que con su gestión iba a llevar la cotización al menos a 16 euros. Eso hizo que grandes fondos internacionales tomaran posiciones, esperanzados en una nueva dirección, más pegada a la cuenta de resultados, menos politizada, más modernizada y consciente de la revolución industrial de un sector con actores viejos cuyas protagonistas son ahora las grandes tecnológicas americanas.

Lejos de que Telefónica remontara en bolsa, la acción ha perdido un 15% desde su nombramiento. Apenas se cambia por encima de los ocho euros. En parte por la falta de confianza de los fondos de inversión en las que hasta hace una década eran las grandes referencias en las telecomunicaciones y en otro porcentaje relevante por los tropiezos del propio Álvarez-Pallete. Pinchó con el intento de sacar Telxius a bolsa, vendida después por la mitad de su valor a KKR, y no pudo desprenderse de la británica O2 al no medir bien los pasos regulatorios que debían dar en Bruselas.

Una vez remodelada la primera línea directiva y a falta de los próximos relevos en el consejo de administración —vence el mandato de cuatro consejeros—, el presidente de Telefónica quiere desnudarse ante los inversores. La compañía lleva seis años sin realizar lo que se conoce como un Investor Day, una reunión intensa de dos días con los principales gestores de fondos del mundo para dar a conocer los detalles de la estrategia de la multinacional. Un acto esencial para exponer las líneas maestras de un sector en plena ebullición. Un alejamiento del mercado que los críticos explican por la falta de ideas para concretar hacia dónde va la compañía.

Ahora, Telefónica va a hacer dos en los próximos meses. Uno sobre el negocio en Brasil, la joya del grupo, y otro sobre la división en Alemania, cuya cotización tampoco ha dado muchas alegrías a la casa. Una aproximación que Álvarez-Pallete quiere completar con el lanzamiento en el próximo Mobile World Congress de Aura, la plataforma de procesamiento de datos con que Telefónica quiere quitar el negocio a sus nuevos grandes rivales, como Facebook y Google. Una idea tan atractiva como confusa porque los analistas desconocen cómo se va a monetizar un proyecto al que Chema Alonso y más de 200 ingenieros han dedicado el último año.

Para los brókeres y los inversores, los misterios de Telefónica siguen siendo cómo afrontar el pago de la abultada deuda —ha acabado 2017 con cerca de 45.000 millones, más de lo que vale en bolsa— y cómo competir con los nuevos 'players' de un sector sobre el que planean absorciones de grandes por pequeños. Con la excepción de Blackrock, que heredó su participación, ninguno de los grandes fondos del mundo están entre los 10 mayores inversores de Telefónica, según el 'ranking' de Bloomberg. Una foto que quita el sueño a Álvarez-Pallete, que la semana pasada decidió no acudir a Davos para reunirse con bancos de inversión como Bank of America Merrill Lynch o Goldman Sachs.

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