tiene el 25% de la cadena española de tiendas

Fridman, el primer accionista de DIA, en la 'lista negra' de inversores de Estados Unidos

El segundo hombre más rico de Rusia, que se ha hecho con el 25% de la cadena española de supermercados, aparece en el informe Kremlin de personas vinculadas a Putin

Foto: Mikhail Fridman. (Reuters)
Mikhail Fridman. (Reuters)

Mientras LetterOne preparaba el asalto a DIA, la cadena de supermercados de la que ya controla el 25% del capital, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos preparaba desde un mes antes el informe Kremlin en el que iba a incluir a las personas próximas al presidente de Rusia, Vladimir Putin, que se han hecho multimillonarias en los últimos años. Una ‘blacklist’ o lista negra que abarca a políticos y empresarios que serán investigados y sometidos a posibles sanciones.

El listado fue publicado por las autoridades americanas en la madrugada del lunes al martes y allí aparece Mikhail Fridman, el accionista más importante de LetterOne, el segundo hombre más rico de Rusia, que hizo su fortuna con la venta de negocios petrolíferos. La revista 'Forbes' calcula que es dueño de activos valorados en 15.700 millones de dólares, lo que le coloca en el puesto número 75 de los hombres más ricos del mundo.

Fridman se ha dado a conocer en España al convertirse en el principal accionista de DIA, de la que en julio del pasado año compró un 10% del capital por cerca de 320 millones de euros. Posteriormente, ha ido incrementando esa participación hasta el actual 25% que declaró oficialmente el pasado 18 de enero. LetterOne explicó en un hecho relevante a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que ha adquirido un paquete de 93,4 millones de acciones equivalente al 15% del capital, así como un compromiso de comprar otro paquete de 62,2 millones de títulos a plazo, lo que supone un 10% adicional.

Pero anteriormente se le vinculó a España por sus negocios con la familia Pérez-Dolset, con la que invirtió en el Grupo Zed. Los empresarios españoles constituyeron una alianza con el 'tycoon' de origen ucraniano para llevar a los países de Europa del Este su compañía de tecnología, especializada en juegos para móviles y en plataformas de contactos entre adultos o 'dating'. La relación acabó mal, muy mal, con la sociedad española en concurso de acreedores, acusaciones de sobornos, detenciones, supuestos desvíos de millones de euros a familiares de miembros del Gobierno de Putin y una investigación por parte de la Fiscalía Anticorrupción española en colaboración con las autoridades de Estados Unidos, Holanda y Noruega.

Las pesquisas siguen hoy en día en marcha, tanto en Madrid, donde la Audiencia Nacional está monitorizando el caso, como en Washington, donde VimpelCom, una de las grandes corporaciones de Fridman, sigue colaborando con la Justicia americana después de que en febrero de 2016 fuera sancionada con 835 millones de dólares por pagar sobornos al expresidente de Uzbekistán. Directivos de empresas participadas por el magnate han dimitido posteriormente relacionados también con casos de presunta corrupción.

A la par, había tenido problemas en Reino Unido, donde el Gobierno le invitó a vender unos activos de petróleo en el mar del Norte, comprados antes por 5.100 millones de euros a la alemana RWE, al considerar que era un riesgo geopolítico para el país. Fridman negó que fuera vetado por el Ejecutivo de Londres, donde vive actualmente, a pesar del comunicado oficial del Departamento de Energía, replicado por varios medios británicos, como la BBC y 'Financial Times'. Lo cierto es que, pocos meses después de esta advertencia, en octubre de 2015, LetterOne vendió estos activos al grupo suizo Ineos.

Campaña electoral

Además de por la sanción a VimpelCom, ahora rebautizada como Veon, Fridman es muy conocido en Estados Unidos, ya que con motivo de las elecciones del pasado mes de noviembre, Alfa Bank, el conglomerado financiero con base en Moscú del multimillonario, fue acusado en numerosos medios americanos de estar detrás de Donald Trump y de los supuestos ataques a los servidores de Hilary Clinton. El FBI inició una investigación, lo que obligó al 'holding' de Fridman a lanzar un comunicado el pasado 1 de noviembre en el que negó cualquier relación con el posterior ganador de los comicios a la Casa Blanca.

La publicación de esta llamada lista negra provocó una inmediata reacción desde Moscú, que ha considerado este informe como "un acto hostil" que puede envenenar aún más la relación entre ambos países. Otras fuentes próximas a empresarios rusos aseguraron que el listado es ridículo porque se ha basado en el 'ranking' de 'Forbes' y ha considerado oligarcas próximos a Putin a todos aquellos que tienen fortunas de más de 1.000 millones de dólares.

Reuters publicó en diciembre que muchos de los inversores rusos con gran parte de su fortuna en el extranjero estaban comprando bonos emitidos por bancos de su país de origen para repatriar sus fortunas ante la publicación de la famosa 'blacklist'. Una vuelta a casa de parte de los patrimonios de grandes magnates a los que en su día criticó el propio Putin —los llamó antipatriotas—, hasta el punto de que elaboró una ley para evitar la fuga masiva de capitales ante el desplome del rublo.

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