juan josé llinares, el hombre de acs y alba

La segunda vida del bróker de Florentino y los March, acosado por Bankia

Juan José Llinares, el 'bolsero' que fue despedido y contratado por Rodrigo Rato para la salida a bolsa del banco nacionalizado, vuelve a sacar pecho en la bolsa

Foto: Juan José Llinares. (YouTube)
Juan José Llinares. (YouTube)

ACS comunicó hace un par de semanas que iba a emitir 4,19 millones de acciones para atender el pago del dividendo en especie con el que suele retribuir a sus accionistas. Para que esta ampliación de capital no tuviera un efecto perjudicial para los tenedores actuales de los títulos —a más acciones, más comensales a repartir el beneficio anual de la constructora— la compañía presidida por Florentino Pérez elimina el mismo número de títulos para neutralizar el impacto dilutivo mediante la amortización de acciones que previamente ha comprado en concepto de autocartera.

¿Quién le hizo esa operación, que asciende a unos 140 millones de euros? ¿Quién barrió el mercado para hacer una hucha por esos 4,19 millones de títulos, y equilibrar con ello el impacto negativo que tiene gratificar a los accionistas con papeles en lugar de con dinero contante y sonante? Fue Gestión de Patrimonios Mobiliarios (GPM), un pequeño bróker propiedad de Juan José Llinares, un 'bolsero' anónimo de toda la vida que saltó a la opinión pública con motivo de la salida a bolsa de Bankia. Llinares fue el fundador de Inverbroker, el intermedio bursátil que más tarde daría lugar a Caja Madrid Bolsa tras la adquisición del 50% que la Caixa tenía en la extinta Inverban.

Su caso fue una demostración de la esquizofrenia que vivió Bankia en los primeros meses de Rodrigo Rato. Tras más de 20 años en el bróker, los últimos como director general, el exministro de Economía lo despidió el 31 de mayo, apenas un mes y medio antes de que el banco resultante de la fusión de Caja Madrid, Bancaja y otras cinco cajas de ahorros fuera a salir a bolsa. Según consta en papeles internos, lo indemnizaron con 750.000 euros después de haberle hecho previamente la cama con dos personas próximas a Rato. Primero con Gustavo Rivero, su asesor financiero personal en Banesto, y después con Ignacio Renart, el hombre que debía de ayudar y mucho a vender las acciones de Bankia a inversores institucionales y a particulares a través de las propias oficinas del banco.

Rodrigo Rato. (Reuters)
Rodrigo Rato. (Reuters)

Pero pocos días antes de que llegara la cita clave, de que la entidad financiera saliera a bolsa, con el libro de órdenes vacío, el todopoderoso exdirector general del FMI contrastó que ni Rivero ni Renart tenían conocimientos suficientes para gestionar la evolución de la cotización de Bankia. Así las cosas, Rato llamó de nuevo a Llinares y lo volvió a contratar con un sueldo de seis cifras. Aunque oficialmente recuperó su puesto el 2 de agosto, el 21 de julio estaba en el Palacio de la Bolsa para gestionar desde la distancia, y mano a mano con Francisco Verdú, el consejero delegado, el debut de Bankia en el parqué. Tras un desplome inicial del 6,4%, el banco consiguió salvar los muebles y repetir el precio marcado en la OPS gracias a las operaciones que el Ejecutivo monitorizó con varios traders. Evitó, sobre todo, un sonrojo monumental a Rato y al Gobierno de Zapatero.

Durante los meses posteriores, organizó las ansias de venta de los paquetes de 'bankias' que El Corte Inglés, Iberdrola, Mutua Madrileña, Banco Santander, Caixabank, Sabadell, Popular, Acciona, OHL, Gestamp, Mapfre, Telefónica y hasta ACS compraron por indicación de Elena Salgado —que lo negó con descaro en la reciente y desfasada comisión de investigación del Congreso— y del Banco de España para conseguir que el engendro financiero saliera a bolsa y no quebrase en el verano de 2011. Tenían que vender poco a poco para retardar un 'crash' más que previsible. La mayoría fueron deshaciéndose de esas inversiones —entre todos pusieron algo más de 1.000 millones de euros, con la excepción de BBVA— para minimizar unas pérdidas que se avecinaban millonarias, como así sucedió posteriormente.

Fue indemnizado dos veces en un año, primero por Rato y después por Goirigolzarri, que le buscó las cosquillas sin suerte junto con la CNMV

Con la caída en mayo de 2012 y la nacionalización de Bankia con 24.000 millones de dinero público, Llinares volvió a ser despedido, indemnizado por segunda vez —unos 400.000 euros— en doce meses y, además investigado. Primero, por la nueva Bankia de José Ignacio Goirigolzarri, por presunta manipulación del valor y uso indebido de la autocartera. Y segundo, por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Ninguna de las dos partes encontró ninguna infracción, pero le marcaron su reputación y su futuro.

Se buscó la vida en GPM, una pequeña agencia de valores al borde de la quiebra, que en 2012 perdía dinero, con una plantilla de 12 personas. Intentó comprar la mayoría con la liquidación de Bankia, pero Elvira Rodríguez, la presidenta de la CNMV en ese momento, le negó el plácet por sugerencia de Luis de Guindos hasta que se aclarase si había cometido algún delito. Curiosamente, su asesor legal era Linklaters y, en concreto, Sebastián Albella, hoy sustituto de Elvira Rodríguez, quien ahora apura su carrera profesional al frente de la empresa pública Tragsa.

El presidente de ACS, Florentino Pérez. (EFE)
El presidente de ACS, Florentino Pérez. (EFE)

Más de un año lo tuvo en cuarentena hasta que en septiembre 2014 le autorizó a tomar el control de GPM. Hoy, el bróker gana dinero y cuenta con 52 empleados, que gestionan dinero de terceros por más de 100 millones de euros. Pero, lo más importante, es que Florentino Pérez, al que ayudó en la toma del 20% de Iberdrola, nunca ha dejado de tenerle confianza. Sigue manejando la autocartera de ACS, que dos veces al año amplía y amortiza capital para retribuir a sus accionistas. También los March, que le encargaron en diciembre la compra silenciosa del 10% de Cie Automotive por 300 millones de euros. Otras empresas como la inmobiliaria Neinor le han confiado cuidar su valor, una especialidad que casi le cuesta su carrera en Bankia. Los amigos de Rato que le sustituyeron andan buscándose la vida como vendedores de coches de segunda mano o dando clases de 'coaching'.

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