la pelea política y empresarial por abertis

La Embajada de España, sede del 'business' italocatalán que tanto enfada a Rajoy

El consejero delegado de Abertis pactó el acuerdo con Atlantia en una cena en el Palacio Borghese de la Piazza di Spgna de la que no tuvo conocimiento Moncloa

Foto: Embajada de España en Roma. (EFE)
Embajada de España en Roma. (EFE)

La pelea por el control de Abertis, la mayor operación financiera del mercado español en los últimos diez años, cumplirá en enero doce meses. Aunque oficialmente la transacción se hizo pública el 15 de mayo, cuando Atlantia comunicó su intención de lanzar una Oferta Pública de Adquisición (OPA) valorada en 16.341 millones de euros, los contactos entre los directivos de la compañía catalana con sede ahora en Madrid y los ejecutivos italianos comenzaron a principios de 2017 en la neutral Suiza.

En concreto, fue en la pequeña población de Davos, donde anualmente se reúnen los líderes económicos y políticos más importantes del mundo para cocinar en el World Economic Forum las reglas con las que se mueven las grandes corporaciones. Allí, en las montañas nevadas de los Alpes suizos, se reunieron Francisco Reynés, consejero delegado de Abertis, y Giovanni Castellucci, director ejecutivo de Atlantia. Rodeados de personalidades como el presidente de Xi Jinping, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, o la primera ministra británica, Theresa May, los dos jefes de operaciones de ambas compañías sentaron las bases de la absorción de la española por la italiana sin que el Gobierno español, representado por Luis De Guindos en Davos, supiera presuntamente nada.

El entendimiento fue rápido. Hasta el punto de que dos meses y medio después, los detalles del acuerdo estaban casi negociados

Reynés encontró en Castellucci el socio que no había hallado en sus conversaciones preliminares con la familia Del Pino. Los dueños de Ferrovial no compraron la propuesta del consejero delegado de Abertis, que, ante el vencimiento próximo de varias concesiones de autopistas en Cataluña y el rechazo del ministro de Fomento a alargar a dedo el contrato, se movía con prisa para solucionar una pérdida significativa de sus activos. Estrategia lógica que, se supone, estaba bendecida por Isidre Fainé, presidente de La Caixa, primer accionista del grupo catalán.

El entendimiento fue rápido. Hasta el punto de que dos meses y medio después, los detalles del acuerdo estaban casi negociados. Pero, según distintas fuentes, donde se coció finalmente el trato italocatalán fue en el Palacio Borghese, la sede de Embajada de España en Roma, a lo pies de la escalinata de la famosa Piazza di Spagna. Fue en plena Semana Santa, cuando Reynés viajó con su señora, Cristina Valls Taberner, a Italia, uno de sus enclaves favoritos, como demuestra que cuando contrajeron matrimonio en 2013 se dieron el ‘si quiero’ en la Toscana.

En esta ocasión, hubo una mezcla de placer y trabajo porque el CEO de Abertis aprovechó su estancia en Roma para reunirse con la familia Benettón, los principales accionistas de Atlantia. El encuentro tuvo lugar en la Embajada española en la ciudad eterna, dirigida por Jesús Manuel Gracía Aldaz, un aragonés que antes había pasado por las sedes diplomáticas de Cuba y Argentina. Allí, según detallan, en la segunda semana de abril, Reynés cerró el acuerdo con los italianos que tantos dolores de cabeza le está dando ahora al Gobierno de Mariano Rajoy.

Francisco Reynés (c). (EFE)
Francisco Reynés (c). (EFE)

El pacto contaba con el visto bueno de Fainé, a quien le pareció bien la propuesta de los transalpinos. Unos socios a los que el líder de La Caixa conoce de maravilla y con los que tiene negocios conjuntos, como el parque de ocio Port Aventura. Pero no con el del ejecutivo del líder gallego, que pronto le hizo saber al banquero su malestar por enterarse por la prensa de la venta de una de las grandes empresas españolas a unos italianos con los que siempre ha tenido heridas abiertas. Precisamente, la operación anterior de más tamaño fue la absorción de Endesa por Enel en 2007 de la que ahora brama el PP.

El enfado fue tal que los ministerios de Industria y Fomento se pusieron manos a la obra para construir una contraopa. Aena se ofreció inmediatamente a jugar el papel de candidato opositor motivada por las aspiraciones de crecimiento personal de su ya expresidente, José Manuel Vargas, y el fondo TCI, dueño del 13% del 'holding' aeroportuario español. Fomento echó abajo la tentativa de Aena porque corría el riesgo de perder Abertis y el propietario de los principales aeropuertos de España al mismo tiempo si algún gigante del sector lanzase posteriormente una OPA por los dos. El que se prestó a echar una mano a Rajoy fue Florentino Pérez, que vio la oportunidad de su vida: cambiar el languideciente negocio de la construcción, con márgenes del 3% cuando hay suerte, por el de las concesiones, con rentabilidades del 6%.

Abertis aprovechó su estancia en Roma para reunirse con la familia Benettón, los principales accionistas de Atlantia. El encuentro tuvo lugar en la Embajada española en la ciudad

Un caballero blanco que neceista el apoyo de La Caixa para ganar esta batalla que el Gobierno quiere embarrar en los tribunales caiga quien caiga, incluida la credibilidad de la cuestionada Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). El enfado ha sido tan grande que ha provocado grietas en 'Mundocaixa', con rifirrafes entre Fainé con Reynés por indisponerle con Moncloa y obligarle a hacer de bombero para apagar la fiebre de Rajoy. El directivo acepta públicamente su papel de malo de la película, de haber pactado una alianza con Italia, con megabonus para todo su equipo directivo, sin pasar por la embajada de Fainé. Pero con la boca pequeña no oculta su malestar porque jamás se le hubiera ocurrido abrazarse a los Benettón sin la autorización previa del septuagenario banquero.

El presidente de La Caixa ha tranquilizado las aguas con su apoyo al Gobierno de Madrid en el envite catalán, al trasladar todas las sede de la corporación financiera e industrial fuera de Cataluña. Pero Rajoy quiere algo más. Que rompa directamente con los italianos saltándose los principios más estrictos del gobierno corporativo de cualquier consejo de administración y se suba al barco de ACS, de cuyo presidente se fía lo preciso para hacer negocios. Tanto como Florentino Pérez del banquero, del que solo ha recibido buenas palabras. Cuestión de política.

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