LOS TRABAJADORES, REPRESENTADOS POR CCOO

El “desastre” de Unipapel: demandan a Springwater por falsear sus cuentas

El sindicato mayoritario acusa a la empresa de ocultar sus pérdidas en 2014 para propiciar el concurso de acreedores y no tener que hacer frente a las deudas laborales

Foto: Fábrica de la empresa Unipapel. (Aspa)
Fábrica de la empresa Unipapel. (Aspa)

Un año después de que Springwater dejase morir Unipapel, el gigante nacional de producción y distribución de papelería, los trabajadores de la compañía siguen denunciando a la empresa por su gestión. En esta ocasión, y representados por Comisiones Obreras, la acusan de falsear las cuentas y agravar así el estado de insolvencia de manera consciente.

En 2014, la empresa cotizada Adveo vendió el área industrial de Unipapel a Springwater por 16 millones de euros. En el acuerdo iba prácticamente todo: 'stock', empleados, clientes y hasta la liquidez. De ese dinero, el fondo desembolsó más de 10 millones de euros y aplazó otros 5.280.000 mediante un préstamo. Como parte del acuerdo, Adveo se comprometió a comprar durante nueve años una parte importante de la producción de Unipapel y de prestarle los servicios informáticos, logísticos y de recursos humanos. Sin embargo, Unipapel empezó a incumplir sus obligaciones “desde el minuto uno”, hasta desembocar en un concurso de acreedores tres años después.

En las alegaciones de la petición de concurso culpable presentada por el sindicato, cuestionan la gestión y responsabilidad del grupo que dirige Martin Gruschka sobre las cuentas de 2014 y que provocaron un ERTE y un ERE, cinco meses sin pagar sueldos a la plantilla y una deuda con la Seguridad Social. Cuando fue presentado el ejercicio de ese año, a finales de 2015, arrojó unas pérdidas de 359.979 euros, pero una revisión unos meses después elevó la cifra hasta 4.686.756 euros. Diez veces más.

“Es patente y manifiesto que cuando se formulan y aprueban dichas cuentas, el socio único conoce que son falsas y que la revalorización de marcas que se ha llevado a cabo contablemente, entre otras cosas, solo obedece al interés del socio en evitar que la sociedad aparezca en quiebra y por tanto en causa de disolución a 31 de diciembre de 2014”, recoge el escrito presentado en el Juzgado de lo Mercantil por el sindicato.

El fracaso de Unipapel es un círculo vicioso; empezó a perder clientes por no satisfacer los pedidos y a contraer deudas con los proveedores, que dejaron de suministrar material. Mientras, transfirieron participaciones a otras empresas del grupo y pidieron nuevos créditos hasta alcanzar la desorbitada cifra. El objetivo de este “desastre”, consideran desde el sindicato, es desviar el mayor dinero posible a otras empresas del grupo antes de declararse en concurso de acreedores y endosar al Estado las deudas laborales. “Es un suicidio, hicieron una serie de operaciones para que cuando estallase, haberse llevado ya lo máximo posible a otras empresas”, asegura Raúl Olmos, representante de Acción Sindical de FSC-CCOO.

Es patente y manifiesto que cuando se formulan y aprueban dichas cuentas, el socio único conoce que son falsas

Al cumplirse el año desde la compra, la parte que quedaba por pagar no se había cumplido, pero Adveo, ajena a la realidad contable de Unipapel, le dio nuevos plazos y contratos, aumentando todavía más la deuda. Llegó incluso a suministrarle las materias primas para cumplir con los pedidos, después de que los proveedores dejasen de trabajar con ellos. En nueve meses, Unipapel contrajo con la que fue su matriz una deuda de 15 millones de euros y de otros 8,5 millones con otras empresas del grupo.

Así, la empresa fue reduciendo su actividad progresivamente, hasta que en junio de 2016 se levantó un acta de infracción por no proporcionar trabajo a sus empleados, que presentaron hasta 10 denuncias por “baja actividad” a la propia empresa. "Cuando no falta el papel, falta la tinta o la cola o no funcionan las máquinas industriales", denunciaron en este periódico en mayo de ese año. En total, Unipapel tenía tres centros: uno en Tres Cantos (Madrid), con 123 trabajadores; otro en Logroño, con cerca de 60, y el último en Aduna (Guipúzcoa), también con 60. Entre sus clientes, estaban empresas como Banco Santander, Alcampo, La Caixa, Ibercaja, Carrefour Francia o administraciones como el Ayuntamiento de Madrid.

Extrabajadores de Unipapel, en la fábrica de Tres Cantos el pasado mes de mayo. (Carmen Castellón)
Extrabajadores de Unipapel, en la fábrica de Tres Cantos el pasado mes de mayo. (Carmen Castellón)

Según los extrabajadores, todas las actividades de Unipapel respondían a una “huida hacia delante”. El objetivo, dicen, era que fuese el Estado —mediante la Seguridad Social, el Servicio Público de Empleo Estatal y el Fogasa— el que se hiciera cargo de las deudas laborales cuando se llegase al concurso de acreedores.

Además, acusan directamente al administrador único de Unipapel, Martin Gruschka, como único responsable de esta gestión. Desde que desembarcó en España, el 'modus operandi' del fondo que dirige ha sido similar al caso de Unipapel: coger empresas consolidadas y arruinarlas hasta el concurso de acreedores. Así hizo con Imtech, o en Francia con Isère. Otras, como la firma de electrodomésticos Miró, ya estaban en concurso de acreedores cuando se hizo con Unipapel. La última empresa española adquirida por el grupo de Gruschka ha sido el grupo SGEL, distribuidora de revistas y editora de libros. Desde Springwater, el abogado de Gruschka ha respondido a este periódico que prefieren no hacer declaraciones sobre procedimientos judiciales abiertos.

Con esta actuación, CCOO, sindicato mayoritario de la empresa, quiere conseguir que Springwater se declare culpable del concurso y que se haga responsable de los cinco meses de salario más la paga de 2015 que les debe, además de la deuda contraída con el Servicio Público de Empleo Estatal. También han incluido en su demanda a Adveo, por ser al inicio responsable de la contabilidad y a su juicio cómplice de la situación. Fuentes de la compañía se defienden asegurando que “ellos fueron los primeros sorprendidos de la quiebra”, y que, de hecho, figuran entre los principales acreedores con una deuda de 18 millones.

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