El momento político marca la situación del banco

Sin paella tras el primer consejo de administración de CaixaBank en Valencia

La alegría fallera quedó aparcada por el presidente, Jordi Gual, el consejero delegado, Gonzalo Gortázar, y el resto de miembros de este órgano de gobierno

Foto: Nueva sede de CaixaBank en Valencia.
Nueva sede de CaixaBank en Valencia.

El consejo de administración de CaixaBank se reunió este martes por la mañana por primera vez en Valencia. Después, es tradición que los consejeros coman juntos. No hubo paella, según explican fuentes conocedoras del encuentro. La alegría fallera quedó aparcada por el presidente, Jordi Gual, el consejero delegado, Gonzalo Gortázar, y el resto de miembros de este órgano de gobierno. El plato estrella valenciano se sustituyó por un picoteo en el edificio que había servido de sede al antiguo Banco de Valencia. De fondo, la gravedad del momento y la necesidad de adaptarse a la situación.

Buena parte de la dirección de CaixaBank ya estaba en Valencia desde el domingo preparando unos resultados que para la entidad han sido muy buenos. Sin embargo, la relevancia se ha centrado en que han sido los primeros resultados que se presentan fuera de Barcelona. Directivos que han participado en estos trabajos han explicado que el tono general era triste, pero no por el cambio de sede en sí, sino porque este es el espíritu que se vive estos días en Cataluña a causa de la tensa situación política.

Cataluña tiene tres pilares simbólicos: la Generalitat, el Barça y La Caixa. Que CaixaBank, que sigue operando bajo la marca La Caixa, haga su consejo y su rueda de prensa de resultados en Valencia solo puede vivirse como una derrota. Y que eso sea para siempre, como dejó caer sutilmente Gonzalo Gortázar en el encuentro con los medios de comunicación, dejaba en el ambiente una situación de anormalidad. O, mejor dicho, de nueva normalidad. Porque nada volverá a ser como antes.

El consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar.
El consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar.

El propio momento extraordinario también se reflejó cuando Gonzalo Gortázar explicó que nada le quitaba el sueño, literalmente, respecto a sus finanzas personales, y así hizo “una llamada a la tranquilidad porque las cuentas de nuestros clientes están absolutamente seguras estén donde estén, en Cataluña o fuera de Cataluña. Yo tengo la totalidad de mi patrimonio financiero en mi cuenta de CaixaBank en la Diagonal de Barcelona y duermo muy tranquilo”.

Gortázar ha dejado muy claro que el traslado de la sede no es temporal. Que el banco precisa ofrecer a sus clientes todas las garantías, sin duda ninguna, que tienen el resto de clientes españoles.

La independencia como escenario

Gonzalo Gortázar tuvo un acercamiento próximo y directo con los medios. Cuando le preguntaron por una hipotética Cataluña independiente, Gortázar aseguró que en el banco no se planteaba ese escenario. Solo había un problema: entonces ¿qué estaban haciendo todos en Valencia?

Sin paella tras el primer consejo de administración de CaixaBank en Valencia

Al trasladar sus sedes sociales, la fuerza bruta de capital no ha dado carta de legitimidad al independentismo catalán, pero reconoce de manera implícita que el separatismo puede ganar. Y, de paso, hace revista de los enormes costes económicos, sociales y convivenciales que tendría esto para todos los implicados.

Mascarón de proa

Con la marcha de Barcelona de CaixaBank y del resto de empresas del Grupo La Caixa se acaba una manera de hacer capitalismo que fundó el ex director general de La Caixa, Josep Vilarasau. Un capitalismo con sede en Cataluña, pensado como un contrapoder a ese eje de actuación que va del palco del Bernabéu al Consejo de Ministros, pasando por el BOE.

En una semana se perdió el trabajo de más de 30 años para levantar en la capital catalana un contrapoder económico que compensase la fuerza centrípeta de la oligarquía mesetaria. Una manera de entender los negocios, de dar servicios a la industria y de servir de ahorro a las clases medias y a la burguesía catalana.

Barcelona había vivido desde siempre una fuerte tensión capitalista con Madrid. Con batallas significativas, como cuando Pere Duran Farell consiguió que la fusión entre Catalana de Gas y Gas Madrid diese lugar a la mayor compañía de España, Gas Natural, y que además la misma tuviese sede en Cataluña, algo a lo que entonces el Gobierno de Felipe González se negaba de pleno. De hecho, si La Caixa acabó entrando en el capital de la petrolera Repsol, fue para asegurar esa posición en la gasista, por lo ajustada que había sido la victoria. Ahora, Gas Natural ha trasladado su sede a Madrid. Como CaixaBank, como el resto. Porque la normalidad ya no volverá a Cataluña. Y porque el proyecto de una capitalidad a la catalana que emulase la plaza de Milán enfrentada a la fuerza política de Roma ha sido enterrado de forma definitiva. Y no por los madrileños, sino por una parte significativa de los propios catalanes dispuestos a pagar un precio muy alto por un proyecto político lleno de incertidumbres.

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