el hombre que puso a prisa de rodillas

Cebrián, el mamut que 'traicionó' a los Polanco y acabó devorado por la manada

De no haber giro radical, el consejo de administración del grupo de medios aprobará la dimisión involuntaria del que ha sido uno de los hombres con más poder de España

Foto: Juan Luis Cebrián. (Ilustración: Raúl Arias)
Juan Luis Cebrián. (Ilustración: Raúl Arias)

Aunque parezca lo contrario, Juan Luis Cebrián Echarri (Madrid, 1944) es un hombre tímido. Frente a la percepción de hombre áspero y un tanto engreído, que está por encima del bien y del mal, el que ha sido el principal ejecutivo de Prisa durante los últimos 29 años es definido como una persona afable, educada y hasta bondadosa, tanto por los que lo han rodeado en los tiempos de gloria, en los que el 'holding' de los Polanco gobernaba el panorama de los medios de comunicación cuando reinaba el PSOE, como los que lo han tratado en estos últimos años, tiempo de crisis y turbulencias. Con un defecto, eso sí, su desmaña para la gestión, que llevó al grupo al borde de la quiebra.

Si no hay marcha atrás, el periodista quizás más influyente en el desarrollo y la consolidación de la democracia en España dejará por imposición sus funciones ejecutivas en el grupo de comunicación más importante de España en los últimos cuarenta años. Los accionistas, tanto los voluntarios como los obligados -Telefónica, Banco Santander y CaixaBank-, estaban preparados para aprobar su dimisión en favor de Javier Monzón -que ha rechazado el cargo en un consejo bomba- tras casi tres décadas al frente del altavoz más potente del país, primero como consejero delegado desde 1988 y como presidente 'in pectore' de la comisión ejecutiva desde 2008.

Una salida por la puerta de atrás contra la que llevaba meses resistiéndose y que ha sido impuesta por los acreedores, como ha sucedido en otras empresas en situación crítica como FCC, Abengoa o Isolux. Se va habiendo dilapidado gran parte del aval de credibilidad que lucía ante sus accionistas, y sin haber cumplido la misión por la que fue designado por la familia Polanco. A saber: sacar al grupo de una crisis en la que el propio Cebrián la metió cuando adoptó la decisión de comprar Sogecable en 2007 valorada en 3.870 millones.

“Mi objetivo principal es lograr la definitiva estabilidad accionarial del Grupo, mantener su institucionalidad pública y preparar las bases de ulteriores desarrollos, una vez solucionados los problemas relacionados con la todavía excesiva deuda que mantenemos. Vivimos aún horas difíciles en las que es preciso tomar decisiones urgentes y evitar cualquier ambigüedad o confusión, tanto dentro de la empresa como en lo que concierne a su imagen externa”, afirmó cuando en 2012 fue nombrado presidente de Prisa en sustitución de Ignacio Polanco y tras eliminar a la rama de los fundadores -Javier Díez Polanco, Enrique Polanco y Jaime Polanco-, que se oponían a su gestión.

Nada de ello ha conseguido en estos últimos cinco años. Al contrario. Mientras Prisa pasaba de valer más de 3.000 millones en bolsa a poco más de 250 millones, mientras la compañía sumaba pérdidas de más de 3.700 millones y su presidente se apuntaba una fortuna vía salarios de casi 30 millones de euros, su postura era atacar a los bancos que querían cobrar la ingente deuda acumulada por la compra de Sogecable y a los accionistas que, según él, buscaban soluciones a corto plazo para sus intereses sin mostrarse preocupados por el interés del resto de inversores a medio y largo plazo.

El septuagenario periodista pensó que, gracias a sus relaciones de Estado, jamás tendría el mismo destino que los presidentes de FCC y Abengoa

Hace seis meses, todavía aseguraba en su última entrevista con la agencia EFE que, “hasta donde yo sé, y tengo buenas razones para saberlo, la mayoría del capital apoya a la actual dirección, independientemente de que es previsible que haya cambios en el futuro, que yo mismo anuncié hace más de un año”. Se atribuía el poder de seguir al frente del Titanic y de nombrar a su sucesor. No era consciente, como bien apuntan los que lo han tenido enfrente en las conversaciones en las que se decidía el rescate de Prisa, de que su falta de pericia como gestor era precisamente el problema.

“Es un hombre de otra época, acostumbrado a un mundo de relaciones que pensaba le iban a proteger toda la vida”, explica un banquero dueño de gran parte de la deuda en referencia a los nombres a los que frecuentemente hacía alusión -el Rey emérito, Emilio Botín, Isidoro Álvarez, Isidre Fainé y César Alierta- para presentar sus credenciales. Encantador y educado en las distancias cortas, no era capaz de articular una estrategia ante los verdaderos dueños de Prisa, los 'hedge funds' propietarios de dos tercios de la deuda del grupo, inversores cuyo único mantra es la rentabilidad y a los que los poderes fácticos de el país y de ‘El País’ no les impresionaban lo más mínimo.

“Solo pensaba en el periódico, que apenas aporta el 10% del ebitda del grupo, a su capacidad de influir en el mundo político, sin dedicarle tiempo a los otros negocios, como la SER, que tiene un margen inferior al de Onda Cero siendo la gran radio de España”, expone un acreedor. Su único gran mérito en los últimos años fue hacer virar a ‘El País’ desde la izquierda a la derecha, esto es, al servicio del Gobierno, en un momento crucial para España, explica otra persona que ha negociado decisiones relevantes en el mundo de la empresa y la política. Una táctica que combinaba con su amistad creciente con Alfredo Pérez Rubalcaba y Felipe González, mediador de su futuro hasta el último minuto en una reciente comida en Numa, el nuevo referente gastronómico de Madrid.

Su marcha, forzada por Santander, se produce tras fracasar en su intento de recapitalizar el grupo y por las amenazas de varios consejeros y del auditor

Tras conseguir en 2012 que Telefónica, Banco Santander y Caixabank le inyectasen 434 millones de euros al grupo -han perdido el 90% de la inversión- en una operación pilotada desde Moncloa, y posteriormente dar entrada a inversores peculiares procedentes de México -Roberto Alcántara- y Qatar con los que hacía negocios personales al más puro estilo Massoud Farshad Zandi para ganar tiempo, la carretera se le ha acabado.

En estos últimos años, su turbia vinculación con el empresario Zandi y la publicación de los papeles de Panamá, donde aparecían personas de su entorno, vinieron a emborronar su currículum profesional y le pusieron en el disparadero, a él, a Cebrián, el gran factótum de los medios en España, una persona poco acostumbrada a las críticas. Aprovechándose de su puesto y tentáculos, el grupo que él presidía, Prisa, interpuso ante los juzgados de lo mercantil una demanda contra Titania Compañía Editorial, a la sazón editora de El Confidencial, por supuestos actos de competencia desleal.

Basaba su argumentación en las informaciones publicadas por este diario en torno a los papeles de Panamá, el Grupo Prisa y la relación de su presidente ejecutivo, Juan Luis Cebrián, con la petrolera de Massoud Zandi, Star Petroleum. Pidió daños patrimoniales y morales por un importe cercano a los 8,2 millones de euros.

Divorcio con los Polanco

Después de quemar a tres consejeros delegados, como Fernando Abril-Martorell, José Luis Sainz y Manuel Mirat en apenas tres años y fracasar en el intento de vender activos para apaciguar a las hienas acreedoras, un proceso llamado achatarramiento en el argot financiero, Cebrián ha cedido ante la amenaza de los consejeros que no estaban dispuestos a firmar las cuentas de 2017 y la advertencia del auditor, Deloitte, que iba a reconocer la incapacidad de la compañía para atender sus obligaciones financieras. La empresa estaba técnicamente en causa de disolución. El grupo se había puesto de rodillas.

Los Polanco, a los que poco a poco apartó, le han retirado su apoyo, asfixiados también por sus propios apuros financieros, en manos del Banco Santander. Ha sido precisamente esta entidad la que ha dado la puntilla al penúltimo prohombre de esa España antigua que está viciada política, económica e intelectualmente, al gran mastodonte de una manada en extinción, ajena a los nuevos criterios de profesionalidad en el gobierno corporativo de las empresas.

Ahora, desde la presidencia honorífica, el puente de plata que le han ofrecido para su salida, podrá seguir tutelando a ‘El País’, donde ha seguido escribiendo, y a la SER, disfrutando de lo que más sabe, de periodismo, profesión de la que ha sido un referente mayúsculo.

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