OPTÓ a RECALAR EN GAS NATURAL JUNTO A KKR

Harto de estar harto: por qué Vargas se ha ido de Aena

Pese al reciente conflicto de El Prat, sus desencuentros con Fomento sobre la gestión de AENA, de mayoría pública, son la clave de su renuncia como presidente.

Foto: José Manuel Vargas, expresidente de AENA. (EFE)
José Manuel Vargas, expresidente de AENA. (EFE)

El conflicto laboral de El Prat le complicó el mes de agosto, pero no fue la gota que colmó el vaso de su paciencia. José Manuel Vargas dimitió ayer lunes al frente de Aena, aunque hacía ya tiempo que estaba de salida. De hecho, ya trasladó su intención a principios de año a La Moncloa, como confesó a sus más estrechos colaboradores. Sin embargo, lealtad (con Rajoy) obligaba, continuó al frente del gestor aeroportuario, muy a su pesar, ya que durante ese tiempo dejó escapar alguna oportunidad para cambiar de cotizada.

Vargas se cansó de hacer política sin ser político. Asumió las riendas de Aena a comienzos de 2012, procedente del sillón de mando de Vocento, por expresa decisión del entonces nuevo presidente Mariano Rajoy (PP). Su mandato principal fue llevar a cabo la privatización parcial de la compañía pública de aeropuertos en un momento crítico para las arcas públicas, con la sombra de la intervención al país merodeando. Y ese reto, que podía parecer insuperable, resultó el menor de sus problemas.

Tras cinco años como presidente, Vargas se dio cuenta de que conjugar las exigencias políticas con la idiosincrasia del Ibex es una misión imposible que sólo lleva a la frustración. Para sus detractores dentro del Ejecutivo, ese calvario es muy relativo si se atiende al salario de 166.000 euros anuales (retribución de 2016), muy superior al del propio presidente del Gobierno, pero a la vez muy alejado de las magnitudes que manejan las empresas cotizadas españolas o sus equivalentes internacionales.

Precisamente, esa dualidad público-privada fue lo que terminó impidiendo que los planes de Vargas para la nueva Aena salieran adelante. Una parte de la guardia de corps del presidente del Gobierno ha bloqueado de manera abierta sus aspiraciones (crecer en otros mercados y no ser de mayoría estatal), temerosos de que esa ambiciosa estrategia pudiera alumbrar a un nuevo Juan Villalonga, el torbellino telefónico que sufrió José María Aznar. Así que bajo esta premisa, Vargas tenía plomo en las alas.

Harto de estar harto: por qué Vargas se ha ido de Aena

Pese a todo, incluida la marcha de parte de la alta dirección de la compañía, Vargas jugó hasta donde supo sus cartas. La más difícil fue tratar de convencer a Fomento para que redujera su participación en Aena por debajo del 50%. Mientras tanto, ya en su segunda legislatura al frente, hizo lo posible por saltar a otros mercados, como por ejemplo Brasil, intentos que fueron tumbados sobre la bocina en el consejo de ministros, según reconocen fuentes gubernamentales. Cada embestida era siempre una derrota.

Sabiendo que no podía crecer bajo la marca Aena, el gestor empezó a buscar alternativas en el mercado para su propio desarrollo profesional. Y la oportunidad de campanillas le llegó hace ahora un año, como reconocen fuentes del sector, cuando pudo entrar por la puerta grande de Gas Natural-Fenosa como consejero delegado de la mano del fondo KKR, interesado en comprar el 20% de la energética, participación que al final fue a parar a otro inversor institucional estadounidense (GIP).

Cuando ya había tirado la toalla y solo estiraba el tiempo de su presidencia, la operación de Abertis se cruzó en su camino. Vargas vio la oportunidad para la cuadratura del círculo: crecer con la entrada en nuevos negocios (peajes), diluir al Estado como accionista mayoritario (menos del 50%) y garantizar la españolidad de Abertis frente a la opción italiana de Atlantia. Y por si fuera poco, contaba con el apoyo de TCI, accionista de referencia de Aena. Pues a pesar de todo, el no desde arriba fue rotundo.

Con el disgusto a cuestas, el verano terminó de torcerse con el conflicto laboral del aeropuerto de El Prat. Sin embargo, esa batalla ya no fue para Vargas y sí para un político, el ministro de Fomento, Iñigo de la Serna. El presidente de Aena estaba de cuerpo presente, pero su cabeza estaba dando vueltas sobre la oportunidad perdida con Abertis, al tiempo que calculaba cuánto tiempo tardaría en dar con algo atractivo para despedirse sin quedar mal con Rajoy. Ahora sólo falta por saber su nuevo destino.

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