era toda una referencia en Cataluña

Auge y caída de Adriana Casademont, de reina del embutido a concurso vergonzante

La relación de Adriana y sus cinco hermanos se fue tensando y nunca llegó a profesionalizar la gestión. En Cataluña se le dio trato de empresaria, cuando en realidad era una heredera

Foto: Adriana Casademont. (Generalitat de Cataluña)
Adriana Casademont. (Generalitat de Cataluña)

Adriana Casademont era relativamente desconocida en España, pero una de las empresarias con mayor protagonismo en Cataluña. Durante más de 15 años había sido una referencia: era mujer (59 años), de Girona y no había foro económico en el que no se prodigase. Era vicepresidenta del fabricante de embutidos Casademont. Siempre dispuesta a hablar, ha permanecido silenciosa este verano. Su empresa ha presentado concurso de liquidación y la compañía ha sido comprada a precio de saldo por una empresa de Aragón, Piensos Costa. Un final inesperado.

Hace 12 años, esto parecía impensable. Casademont era el patrocinador del equipo de basquet de Girona. El prestigio llevó a su vicepresidenta al consejo de Mapfre, nada más y nada menos que al Ibex 35. Tras la muerte de su padre, Jaume Casademont, fallecido en 2005, ella se convirtió en la mujer fuerte del grupo, aunque ese liderazgo ha ido siendo cuestionado por sus hermanos, según explican fuentes del sector alimentario en Girona. Pero mientras esto pasaba, Adriana Casademont recibía premios, menciones y reconocimientos. Un papel público que, como se ha visto ahora, no tenía unas bases financieras y de gestión muy sólidas.

Al mismo tiempo que su directiva estrella desplegaba una actividad social muy importante, la empresa se iba deteriorando. Entre 2010 y 2014, Casademont siempre cerró con pérdidas. Su mejor momento ya había pasado. Fue en 2009, cuando la Generalitat le otorgó a Adriana Casademont nada menos que la Creu de Sant Jordi, la condecoración más importante que entrega la Administración catalana.

Foto: Casademont.
Foto: Casademont.

Para entender la incoherencia entre esta trayectoria y el amargo final, con la plantilla —más de 200 personas— sin cobrar el último mes y la empresa arrastrando una deuda de 25 millones, hay que aclarar que la relación entre Adriana y sus cinco hermanos se deterioró y nunca se llegó a profesionalizar del todo la gestión de la empresa. Además, el mundo económico y político en Cataluña siempre trató a Adriana Casademont como una empresaria, cuando en realidad era una heredera.

La relevancia pública de Adriana Casademont era inversamente proporcional a la marcha de la empresa. En 2011, facturaba 75 millones. En 2015, solo llegaba a 43 millones, un 42% menos en cuatro años. Y en 2016 siguió en caída libre. Fuentes cercanas al núcleo familiar reducen el problema, en realidad, a dos factores fundamentales: una sucesión generacional mal ejecutada y errores continuados en la gestión

Huidas hacia delante

Adriana Casademont lo intentó todo. Se hizo proveedor de DIA, un matrimonio que lo hundió en el segmento 'low cost', mientras que su competidor Casa Tarradellas tuvo una experiencia más positiva de su alianza con Mercadona. En esta dinámica, no se invertía lo suficiente en nuevas tecnologías y no se ganaban mercados. Por contra, Tarradellas había diversificado en las pizzas para no depender solo del fuet. Ellos fueron capaces de algo equivalente.

Casademont acaba así una trayectoria de 58 años de historia con pena y sin la gloria que siempre había acompañado a su vicepresidenta

La última huida hacia delante fue un acuerdo con la empresa Atria que iba a disparar las ventas en Rusia. Nada más lejos de la realidad. Las medidas drásticas llegaron en 2013. Ese año aplicó a la plantilla un importante recorte salarial y se intentó sin mucho éxito racionalizar la cartera de clientes y apostar por productos de gama más alta. El plan estratégico llegaba tarde. La caída de ventas no podía aguantar el volumen de deuda asumido.

Continuidad

En teoría, la empresa continuará bajo el control de capital aragonés. Se espera que se mantengan los puestos de trabajo. Veremos si los nuevos dueños, Piensos Costa, reciben tantos galardones como su predecesora. Casademont acaba así una trayectoria de 58 años de historia con pena y sin la gloria que siempre había acompañado a su vicepresidenta. Los premios y menciones no han servido para mantener vivo el legado familiar.

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