biografía del expresidente de caja madrid

Así era Blesa, el arrogante banquero de José María Aznar que arruinó a miles de jubilados

El que fuera presidente de Caja Madrid durante 13 años fue símbolo de los desmanes financieros que se perpetraron en los antiguos montes de piedad bajo gobiernos del PP

Foto: Blesa era un gran aficionado a la caza. (El Confidencial)
Blesa era un gran aficionado a la caza. (El Confidencial)

Caja Madrid murió financieramente hablando en 2012, cuando el Estado español tuvo que intervenir Bankia ('holding' en el que quedó integrada la entidad madrileña) con un agujero de 22.400 millones de euros. Hoy ha fallecido Miguel Blesa, el hombre que, auspiciado por los gobiernos de José María Aznar y por Alberto Ruiz-Gallardón, propició la quiebra de la centenaria entidad de crédito. Presuntamente, ha perdido la vida por el disparo de una escopeta de caza, una de sus múltiples pasiones, como navegar en yate, usar aviones privados o alternar coches oficiales de gran cilindrada.

El último que se compró fue un BMW Serie 7, con todo tipo de extras. Un vehículo que representaba, según la descripción oficial, “la vanguardia del desarrollo técnico, las tecnologías y materiales más avanzados y el máximo nivel de protección”. Un coche blindado de alta gama, similar al que utilizaban Carlos de Inglaterra y Alberto de Mónaco, que le costó a Caja Madrid unos 510.000 euros, y que Blesa encargó a principios de 2009, cuando la crisis financiera ya había estallado, pero todavía no había llegado al último piso de las Torres KIO.

Este era Miguel Blesa de la Parra (Linares, Jaén, 1947), siempre elegante, con su pelo repeinado, que creyó poder competir con los Botín y los Ybarra cuando el Banco de España, con el plácet de Moncloa, dejó hacer sin apenas control a las pequeñas cajas de ahorros para convertirlas en monstruos bancarios, con un poder financiero y político brutal en su zona de influencia. Licenciado en Derecho e inspector de Hacienda, Blesa no hubiera sido más que un funcionario de la Administración autonómica si no llega a ser por su amistad de niño con José María Aznar.

Aznar lo utilizó para detener a la facción catalana que intentó tomar Endesa en varias ocasiones

El exlíder del PP fue el que, nada más llegar a la jefatura del Gobierno en 1996, le colocó, en el consejo de Caja Madrid, que rápidamente le nombró presidente. Era de la pandilla de Alberto Cortina, Juan Villalonga y Francisco González, que de un día para otro ascendieron a máximos ejecutivos de Repsol, Telefónica y Argentaria (hoy BBVA), respectivamente, pese a que ninguno tenían gran experiencia en gestión de grandes corporaciones. Especialmente Blesa, que en sus primeros años al frente del monte de piedad se dedicó a vivir de la herencia de su predecesor, Jaime Terceiro.

Pero Aznar lo utilizó pronto para detener a la facción catalana que intentó sin éxito tomar Endesa en varias ocasiones. Primero con la compra de una participación minoritaria a través de La Caixa y, después, para oponerse a la opa de Gas Natural. El presidente del Gobierno invitó a Caja Madrid a comprar hasta un 10% de la eléctrica con sede en la capital, pero al mismo tiempo la más relevante de Cataluña y Andalucía. Primero tomó un 5%, después otro 4% y más tarde un 1%, paquetes en los que invirtió casi 2.000 millones de euros, una auténtica barbaridad para una caja que empezaba ya a despachar hipotecas a inmigrantes y a financiar las grandes infraestructuras españolas, muchas de las cuales están hoy en quiebra.

La jugada le salió bien, hasta el punto de que obtuvo unas plusvalías de 2.225 millones. Se creyó el rey de los mercados y pensó que su imperio debía extenderse a Estados Unidos y Latinoamérica. Con ese dinero, compró un banco en Miami por 1.117 millones, con una mansión que utilizaba para fines privados, en los que Bankia perdió después cerca de 450 millones, cuando lo tuvo que vender por orden de la Comisión Europea. Algo parecido le ocurrió con una inversión en Su Casita, una entidad mexicana especializada en hipotecas que se quedó por el camino.

El riesgo escondido de las preferentes

Cuando estos problemas empezaron a aflorar, ordenó a sus directores territoriales inundar las cuentas de ahorros de sus clientes de toda la vida, familias enteras, incluidos empleados, de participaciones preferentes que arruinaron a más de 300.000 personas. Ante el agujero que ya observaba, prefirió engañar a sus depositantes con un producto que tenía un riesgo escondido. No tuvo miramiento alguno. Sin embargo, cuando Aznar ya era mal visto en Génova, vio erosionada su influencia en el PP, lo que le llevó a perder la presidencia de la caja madrileña a finales de 2009 en favor de Rodrigo Rato. Su elección truncó el plan de Esperanza Aguirre, que pensó en Ignacio González, y dobló la mano a Ruiz-Gallardón, que apostaba por su continuidad.

Las últimas noticias sobre Blesa ya hablaban de sentencias, como la condena a seis años de cárcel por ser el responsable de las conocidas tarjetas 'black'. Un castigo —ya pisó la prisión en 2013 por una noche, de la que salió tras pagar una fianza de 2,3 millones— con la obligación adicional de reponer los 12,5 millones que se gastaron los consejeros en comilonas con vinos de 500 euros la botella, viajes, ropa interior femenina y otro tipo de caprichos. De no ser por su repentina muerte, hubiera tenido algún juicio más. En el último se presentó sin la arrogancia que le hacía maltratar a sus más próximos, diciendo al juez que estaba arruinado —llegó a ganar casi cuatro millones de euros al año— y que hasta tenía que hacerse la comida y las labores del hogar. Fue una mentira más. Seguía viviendo a todo tren, cazando como siempre. Hoy, su pena es ya capital.

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