Menos de una cuarta parte de lo que salió

Popular recupera 4.000 millones de los depósitos huidos tras la venta al Santander

Grandes inversores de fondos, pequeños accionistas y administraciones públicas han vuelto a confiar parte de sus ahorros al banco, del que llegaron a salir 18.000 millones

Foto: Foto: Reuters.
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Banco Popular va recuperando la normalidad poco a poco, casi un mes después de la intervención por parte del Banco Central Europeo (BCE). Una quiebra que se produjo por la fuga masiva de depósitos ante las dudas de los inversores por la solvencia del grupo financiero. Desde que se produjo la quiebra y la venta posterior al Santander, ahorradores particulares e institucionales han vuelto a depositar 4.000 de los 18.000 millones que llegaron a retirar en las jornadas previas a la decisión de la Junta Única de Resolución (JUR).

Así consta en los datos que Banco Santander ha remitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) con motivo del lanzamiento de la ampliación de capital por 7.072 millones de euros para financiar la adquisición del Popular. Según esta documentación, la entidad presidida ahora por Rodrigo Echenique, el hombre de confianza de Ana Botín, contaba a 30 de junio con depósitos por importe de 65.000 millones de euros, 13.800 millones menos que los que tenía registrados a 30 de marzo, fecha de cierre del primer trimestre.

Según fuentes oficiales, esta cifra bajó de forma considerable hasta los 61.000 millones durante la crisis de credibilidad que derivó en el derrumbe en bolsa del Popular y su posterior intervención por parte de las autoridades europeas. Gestores de fondos, de pensiones, pequeños ahorradores y hasta administraciones públicas españolas, como ayuntamientos y comunidades autónomas, optaron por sacar el dinero del banco ante el riesgo de que se consumara la quiebra y perdiese, además de sus inversiones en bonos y acciones, los depósitos a plazo.

Aunque el Popular lo negó, el problema realmente venía de antes. El banco explicó en la presentación de los resultados del primer trimestre que en ese periodo solo había sufrido la fuga de 800 millones, y no los 4.000 que aparecían en su balance (78.884 millones) respecto a diciembre de 2016. El argumento es que los restantes 3.200 millones se correspondían a 'repos', depósitos en cámaras de compensación y de inversores mayoristas que retiraron su dinero al no poder tenerlo en entidades sin un mínimo nivel de solvencia. Otras fuentes indicaron que entre el 31 de marzo y el 29 de mayo, se habían evaporado 4.000 millones más, cuestión a la que la entidad no supo responder.

Una fuga inédita de dinero que llevó al banco a ser incapaz de atender las peticiones de sus clientes y solicitar la ayuda del BCE en forma de líneas extraordinarias de liquidez o ELA, por sus siglas en inglés. El supervisor le concedió 3.800 millones como asistencia financiera, un montante que fue insuficiente para cubrir los requerimientos urgentes de los depositantes. Se le agotó en dos días. Como las garantías adicionales que presentó la entidad dirigida en ese momento por Emilio Saracho por 40.000 millones no fueron consideradas seguras por el organismo supervisor para obtener más pulmón, el BCE le cortó la liquidez, por lo que la institución española se vio abocada a pedir la protección del Mecanismo Único de Resolución (MUR).

Una situación que continuó el día siguiente de que Popular pasara a manos de Santander por el precio simbólico de un euro, ya que algunas de las transferencias que fueron solicitadas el 6 de junio tuvieron que ser atendidas el día 7. Por ello, como adelantó El Confidencial, el banco presidido por Ana Botín se vio forzado a inyectar 13.000 millones a la entidad participada por familias vinculadas al Opus Dei, Allianz, Credit Mutuel, el mexicano Antonio del Valle y el inversor chileno Andrónico Luksic.

Sin compensación, pero con incentivos

El resultado neto de estas salidas y entradas bruscas de dinero ha sido que el Popular tiene actualmente 13.800 millones menos en depósitos que a cierre del primer trimestre y casi 24.000 millones menos que hace 12 meses. Una pérdida inusual de pasivo que ha debilitado de forma excepcional un balance que el Santander quiere recuperar a marchas forzadas. Con este fin, fuentes próximas al banco aseguran que se ha puesto en marcha una maquinaria comercial para retener a los ahorradores que se sienten perjudicados por los últimos acontecimientos y contactar personalmente con las grandes instituciones financieras y con las administraciones públicas.

Una de las claves para intentar alcanzar los 88.900 millones que Popular tenía hace un año será la respuesta que los particulares que acudieron a la ampliación de capital de 2016 den a la oferta que el Santander les va a hacer para no desvincularse del banco. Aunque todavía no se ha concretado el caramelo que se les propondrá, en ningún caso será una compensación, ya que sentaría un precedente para las disputas legales que se avecinan por parte de los inversores institucionales. Se tratará más bien de incentivos comerciales con un depósito estructurado que no podrán vender y que irá asociado a otro tipo de productos financieros.

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