Joan Molins presidirá Cementos Molins tras fallecer el patriarca Casimiro
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El grupo factura 690 millones anuales

Joan Molins presidirá Cementos Molins tras fallecer el patriarca Casimiro

La familia que está detrás del grupo cementero se enfrenta a un nuevo relevo generacional con el reto de seguir salvaguardando sus dos máximas: permanecer unidos y ser rentables

Foto: Cementos Molins a las afueras de Barcelona. (Jorge Franganillo/Flickr)
Cementos Molins a las afueras de Barcelona. (Jorge Franganillo/Flickr)

El presidente histórico de Cementos Molins, Casimiro Molins Ribot, falleció el pasado lunes a la edad de 97 años y tras décadas presidiendo el grupo. Ahora, el relevo lo asumirá el actual vicepresidente, Joan Molins Amat, según confirman fuentes cercanas, bastón de mando que asumirá tras su nombramiento por el consejo en una próxima reunión para la que todavía no hay fecha.

Este cambio supondrá que la presidencia pase de una rama familiar a otra: de los Molins Ribot, que la habían retenido estas últimas décadas, a los Molins Amat.

La junta celebrada este jueves en Sant Vicenç dels Horts (Barcelona) se llevó a cabo sin presidente y tampoco se nombró uno nuevo porque este relevo no formaba parte de los puntos del orden del día, razón que explica que el nombramiento de Joan Molins se haya postergado hasta una próxima reunión del consejo. Desde la compañía han declinado hacer declaraciones.

Los Molins Ribot, la rama que lideraba Casimiro Molins, son el primer accionista de Cementos Molins. Tienen el 32,9% del capital de la empresa a través de la sociedad Otinix, según consta en el último informe de gobierno corporativo de la empresa. Por su parte, los Molins Amat, rama de la que forma parte el futuro presidente, controla el 32% a través de la firma Noumea. Por último, quedan los Molins Gil, que con la instrumental Cartera de Inversiones CM tienen el 24% de la cementera catalana.

El nombramiento del nuevo presidente supondrá ceder el mando de los Molins Ribot, que lo han retenido en las últimas décadas, a los Molins Amat

Además, hay miembros de la familia que tienen acciones a título particular. En total, las tres ramas controlan el 89% del capital, lo que hace que Cementos Molins sea un valor muy estrecho, del que casi no hay acciones disponibles en el mercado. Además, los Molins tiene una pacto de sindicación sobre sus títulos que hace que, en la práctica, se compren las acciones entre ellos, en vez de acudir al mercado. Y en este momento, como ha solido ser habitual en la historia de la compañía, hay más demanda que oferta.

Miembros de la familia explican que, en esencia, estar en bolsa les permite evitar el principal problema que tiene una compañía familiar, que es determinar cuánto valen las acciones. En Molins este problema no existe: las acciones valen lo que dice la bolsa.

Supervivientes de la crisis

La familia Molins tiene un punto atípico. Tan patricios que hasta hace poco tenían despacho en La Pedrera de Barcelona, pero, al mismo tiempo, tan atípicos que no se han arruinado haciendo cemento, ni siquiera, en una crisis tan aguda como la pasada, que se ha llevado por delante a clásicos como Portland Valderribas.

Ironías del destino, cuando FCC, dueña de Portland, compró Uniland en 2006, derrotando a Molins, salvó a la familia catalana de haber quebrado, ya que, gracias a su menor tamaño, se adaptaron mejor a la crisis y ahora no son líderes, pero son muy rentables y han podido salvaguardar sus dos máximas: mantener a la familia unida y preservar la empresa. Y así ha sido: Cementos Molins facturó el año pasado 690 millones y ganó 63,9 millones, un 25% más que en el ejercicio anterior..

En la junta de accionistas de este mes de junio se optó por evitar nombrar el presidente de Cementos Molins y que lo haga el consejo próximamente

El papel de Casimiro Molins fue clave para mantener a la familia unida, sobre todo cuando, a finales de los ochenta y principios de los noventa, Ciments Français y después Lafarge entraron en el capital con hambre de mayoría, anhelo que el presidente logró frenar convenciendo al resto de miembros de la familia para que no vendiesen.

Cansados, los franceses terminaron optando por vender y, en 1991, la familia recompró ese 41% con un esfuerzo titánico que, no obstante, permitió mantener a la empresa en el entorno familiar. Casimiro Molins también fue uno de los artífices del pacto de sindicación que ha amalgamado a todas las ramas familiares y que, ahora, permite ceder el bastón de mando de una a otra.

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