en la cárcel acusado de insolvencia punible

Pérez Dolset, el chico bien que se atrevió contra todos a base de puñetazos

El millonario emprendedor se ha enfrentado contra lo más granado del poder en España y en Europa del Este hasta acabar en la cárcel por un caso que él mismo denunció

Foto: Javier Pérez Dolset. (Grupo Zed)
Javier Pérez Dolset. (Grupo Zed)

Cuando Javier Pérez Dolset puso el 19 de agosto de 2016 en la Fiscalía Anticorrupción una denuncia por las maniobras presuntamente punibles del segundo hombre más rico de Rusia y sus amigos, jamás pensó que diez meses más tarde sería detenido y entraría en prisión. El chico nacido en el seno de una familia bien –su padre, Juan Antonio Pérez Ramírez, fue durante años el hombre fuerte de British American Tobacco en España– no se achantaba ante nadie ni ante nada. Con dinero de cuna, fue un emprendedor nato desde que dejó la universidad en 1993. Creó TeleLine, el embrión de lo que después fue Terra, vendido a precio de oro a Telefónica. Fue el primer pelotazo, pero no el último, porque en 1999 Javier y su hermano Ignacio desarrollaron 'Commandos', un juego para ordenadores del que vendieron 4,5 millones de copias.

Ese fue el golpe que le hizo venirse arriba. Un año después montó una 'start up' llamada Lanetro que no era más que guías de ocio que intentó sacar a bolsa. La Oferta Pública de Suscripción (OPS) no llegó a realizarse por la caída de los mercados tras el 'crash' del Nasdaq en marzo del 2000. Pero Banco Santander, entidad coordinadora de la operación, se había comprometido, en caso de no completarse la colocación, a comprar acciones por unos 30 millones de euros de hace dieciesete años, un montante que en aquellos tiempos representaba el 30% del capital.

Emilio Botín se negó a tal desembolso a este muchacho con aires de engreído. Fichó a los mejores abogados, pero tras numerosas sentencias, recursos y pleitos, el Tribunal Supremó dictó en 2012 que los Pérez Dolset tenían razón. Contra la voluntad del veterano banquero, Santander pasó de enemigo a socio, con puesto incluso en el consejo de administración y facilitando un crédito de algo más de 122,5 millones a través de Banesto. Realmente se lo dio Ana Botín, muy amiga suya, con la que ha pasado largos fines de semana en una de sus fincas.

La presidenta del Banco Santander, Ana Botín. (EFE)
La presidenta del Banco Santander, Ana Botín. (EFE)

Resuelto el problema con la primera familia de banqueros de España, Javier ya estaba casi enfrascado en otra guerra con los Lara, los dueños de la Grupo Planeta y todo su universo de medios de comunicación (Antena 3, Onda Cero, La Sexta, 'La Razón'…). Los editores catalanes habían metido 120 millones en ZED Worldwide, la empresa de contenidos para móviles en la que derivó Lanetro a cambio del 25% del capital. La alianza firmada en 2006 tenía mucho sentido: unos aportaban el desarrollo tecnológico y los otros, las plataformas de medios de comunicación. La presencia de Juan Abelló, probablemente el mayor inversor de España, en el capital le dio tranquilidad y confianza a los Lara. También a algunos accionistas minoritarios, como Ladislao Azcona y sus socios de Estudio de Comunicación, que canejaron sus bonus por acciones de ZED.

El acuerdo se produjo después de un segundo intento fallido de salida a bolsa en julio de 2006, cuando dos días antes del estreno el todavía treintañero se enfrentó a los responsables de Merrill Lynch, Morgan Stanley, Goldman Sachs y Lehman Brothers. Les dijo que retiraba la operación porque no estaba dispuesto a bajar sustancialmente la banda de precio de las acciones. Para la Oferta Pública de Venta (OPV), la compañía se valoró entre 700 y 1.000 millones de euros. Pero no había demanda a ese nivel de exigencia. Pocos meses después entraron los Lara, con una tasación de la compañía más razonable, 480 millones.

El chico de los coches de lujo y los deportes de aventura le dobló la mano a Botín y lo intentó con los Lara y el segundo hombre más rico de Rusia

Pero el ambicioso Javier no tenía bastante y quería exportar su modelo al exterior. Se instaló en más de 80 países e intentó entrar en Europa del Este. Allí aprendió que para hacer negocios en las antiguas repúblicas soviéticas había que tener muy buenos contactos y arrimarse a los 'tycoon', los nuevos multimillonarios surgidos de las privatizaciones de las dictaduras comunistas. Hizo amistad con Gulnara Karimova, hija del regidor de Uzbekistán, una alocada joven que iba de fiesta en fiesta hasta que la pillaron con todo tipo de negocios fraudulentos. Para no entrar entre rejas en cualquiera de los países en los que tenía cuentas opacas, su padre ordenó un arrestó domiciliario en uno de los palacios de la familia.

También conoció a Mikhail Fridman, el segundo hombre más rico de Rusia tras vender la petrolera TNK-BP a la multinacional estatal Rosneft por 28.000 millones de dólares con otros dos socios. El inversor instalado en Londres le abrió las puertas del mercado exsoviético a través de VimpelCom, la mayor operadora de telecomunicaciones de Rusia, cotizada en el Nasdaq y condenada en febrero de 2016 por las autoridades estadounidenses y holandesas a pagar 1.000 millones de euros por sobornos y chantajes. Un 'modus operandi' en el que los Pérez se negaron a participiar y que después lo sufrieron en primera persona, según la propia documentación de la Fiscalía.

Lo mismo que, según la denuncia de Pérez Dolset del verano pasado en la Fiscalía Anticorrupción, le estaban haciendo sus colegas rusos en ZED+, el holding creado en 2014 en Ámsterdam entre las dos partes y con la bendición de Abelló y el Santander. Una operación a la que se opuso Planeta y que los Lara denunciaron en la junta general de accionistas de la española ZED Worldwide a mediados de 2014. Javier resolvió la discusión con un puñetazo en la cara al representante legal de los editores, que cayó redondo al suelo. El golpe no fue a más porque algunos de sus inversores lo pararon en seco. Algunos ya denunciaban que el chico amante de los coches de alta gama, el esquí, el golf y los deportes emergentes como el kite surf les había hecho la pirula con numerosas ampliaciones y reducciones de capital alambicadas. Lo cierto es que mientras ZED+ llego a valorarse en 1.500 millones, la sociedad originaria española apenas valía nada.

Él lo negó todo y le ganó varias demandas a los Lara, que también dispararon contra Abelló. Las perdieron todas. Javier se sentía fuerte cuando fue llamado por el Federal Bureau of Investigation (FBI) estadounidense para que fuese a declarar en otoño del pasado año para denunciar las supuestas operaciones fraudulentas de los socios de Fridman, el hombre al que se vinculó con el espionaje de la campaña electoral en EEUU. Pensaba que tenía la protección del Homeland Security estadounidense y hasta de la CIA. Colaboró en todo con los americanos y con José Grinda, el fiscal anticorrupción español, que verificó todos los hechos que le exponía Pérez Dolset. Incluso montó una operación policial para detener a la mano derecha de Fridman en el aeropuerto de Madrid. El caso tenía tales impliaciones que Rafael Catalá, ministro de Justicia, pidió ser informado en persona. El asunto llegó después a Moncloa, que presuntamente tampoco se quedó quieta.

Acabó entre rejas tras denunciar uno de los casos de corrupción corporativa más importantes del país, verificado por el mismo fiscal que lo ha encarcelado

Javier no mentía en nada. O Casi. Porque Grinda y Carlos Yáñez, el otro fiscal del caso, abrieron otra vía de investigación. La que urdía en el concurso de acreedores de ZED Worldwide y la posterior quiebra, provocada a su vez por la asfixia financiera de ZED+, derivada de la supuesta acción de los rusos. Pero para los Lara había algo más. Así lo expusieron cuando fueron a declarar a la Fiscalía, por la que pasaron casi 200 personas. Denunciaron que los Dolset desviaban dinero a sociedades personales, lo que aceleró la quiebra de la empresa española, que en mayo entró en liquidación.

El resultado final es que el empresario emprendedor, que denunció uno de los casos de corrupción corporativa por el que bancos como ING han sido llamados a capítulo y que ha puesto en alerta al FBI, la CIA y la SEC estadounidense, ha acabado con los pies en la cárcel por un juez –García Castellón– al que el caso le cayó encima de la mesa hace una semana cuando volvió a la Audiencia Nacional. Su familia, toda ella imputada, asegura que, dado el carácter volcánico de Javier, desde allí dará guerra. Pero ahora el puñetazo se lo ha llevado él.

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