España trata de recuperar peso en los organismos internacionales

Albella se perfila como vocal ejecutivo de la Autoridad de Valores Europea (ESMA)

El presidente de la CNMV, Sebastián Albella, figura en la lista de candidatos para formar parte del comité ejecutivo de la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA)

Foto: El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Sebastián Albella. (EFE)
El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Sebastián Albella. (EFE)

España puede dar un paso decisivo en su intento por recuperar algo de peso en las instituciones financieras europeas. El máximo órgano de gobierno de la Autoridad de Valores y Mercados Europeas (ESMA) se reúne hoy en París con el fin de cubrir una de las vacantes de su comité ejecutivo, para la que se perfila el presidente de la CNMV, Sebastián Albella. El representante español compite por el cargo con su homóloga danesa y su eventual nombramiento permitirá a nuestro país recuperar el puesto que tenía hasta hace poco la antigua vicepresidenta del organismo de control bursáitl, Lourdes Centeno.

La ESMA es la entidad de supervisión competente de la Unión Europea en materia de mercados financieros y de valores. Dentro de la arquitectura regulatoria de la región, este organismo es perfectamente comparable a la Autoridad Bancaria Europea (EBA), si bien su perímetro funcional es bastante más amplio ya que, entre otros aspectos, es la única institución que dispone de facultades directas de supervisión. Entre sus competencias, destacan la protección de los derechos de los inversores, la consolidación de un sistema financiero estable y la supervisión de la transparencia de los mercados.

La participación activa de España en la organización que integra a los reguladores bursátiles de toda Europa es fundamental en estos momentos, dados los 'movimientos de tierras' que va a producir el Brexit en los mercados financieros y, sobre todo, en los principales agentes del mercado financiero que ahora proyectan desde el Reino Unido todas sus actividades en el Viejo Continente. La búsqueda de pasaporte comunitario por parte de los grandes bancos de negocios constituye una extraordinaria oportunidad para poner en valor la capacidad de gestión e influencia de la CNMV, pero dicho atractivo será mucho más difícil de adornar si nuestro país no eleva su nivel de representación dentro de ESMA.

La posición de la CNMV en ESMA se perdió en noviembre con la salida de Lourdes Centeno como vicepresidenta del supervisor bursátil

Luis de Guindos puso el dedo en la llaga de este problema con motivo de la toma de posesión del propio Sebastián Albella el pasado mes de noviembre. El ministro de Economía subrayó entonces que el papel de la CNMV podía llegar a ser más importante si cabe que las ventajas fiscales de cara a facilitar la instalación en nuestro país de nuevas entidades extranjeras. El mayor inconveniente con que tropieza dicho plan de acogida no es otro que la escasa presencia institucional que a día de hoy tiene España en las distintas instituciones financieras de toda Europa.

Desde la salida de José Manuel González-Páramo del consejo de gobierno del Banco Central Europeo, hace ahora justo cinco años, el pabellón español en los grandes foros de decisión internacionales está en ruinas. Los únicos altos cargos que han conseguido buscarse la vida en Europa lo han hecho en niveles ejecutivos de segundo grado, recogiendo algunas de las migajas que los principales estados norteños de la Unión Europea han ido dejando a sus vecinos del sur. Así es como el antiguo director general de Supervisión del Banco de España Ramón Quintana se hizo en 2014 con una dirección general del Mecanismo Único de Supervisión (MUS), o la forma en que el exjefe del FROB Antonio Carrascosa pasó a incorporarse en 2015 al Mecanismo Único de Regulación (MUR).

Más sonados han sido en las últimas semanas los cargos foráneos que ostentan los antiguos responsables del Banco de España, Fernando Restoy y Javier Aríztegui, si bien en ambos casos la notoriedad viene dada por razones totalmente ajenas a su voluntad, como es la imputación de ambos en el caso Bankia. Aríztegui, de hecho, ha presentado la dimisión temporal de su puesto en el comité administrativo del citado Mecanismo de Supervisión Bancaria, en tanto que Restoy ha salido mejor parado y mantiene intacto su sillón en el Banco de Pagos Internacionales (BPI) de Basilea como presidente del Financial Stability Institute.

Todos estos nombramientos tienen el denominador común de que sus beneficiarios lo son en la medida en que han tenido que abandonar sus funciones ejecutivas en España. La designación, todavía por confirmar, de Albella en ESMA sería una grata noticia por cuanto supondría el ascenso a una atalaya de máximo nivel en Europa para un alto cargo con plena vigencia en nuestro país. De hecho, el presidente de la CNMV lleva tan solo cuatro meses escasos en su nuevo desempeño al frente de la autoridad de regulación bursátil.

Albella vendría a rellenar el hueco dejado en ESMA por Lourdes Centeno, la anterior vicepresidenta de la CNMV que se incoporó en noviembre de 2015 a este organismo europeo, cuyos puestos ejecutivos tienen una consideración personal aun cuando la promoción tenga que estar avalada por la responsabilidad de cada uno de los altos cargos en sus países de origen. Precisamente esta circunstancia motivó que el Ministerio de Economía se planteara la conveniencia de que Centeno siguiera al frente de la Comisión de Valores una vez agotado su primer mandato de cuatro años. La opción tenía toda lógica, pero fue finalmente descartada por razones de los pactos políticos entre el Gobierno y Ciudadanos, lo que se ha traducido, de momento y hasta hoy, en la pérdida de la representación que España asumía por derecho propio en ESMA.

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