CaixaBank pone sus ojos en el Deutsche Bank ante la amenaza de Santander y BBVA
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CaixaBank pone sus ojos en el Deutsche Bank ante la amenaza de Santander y BBVA

Para CaixaBank, Deutsche Bank es una operación muy parecida a la compra de Barclays España, anunciada en septiembre de 2014 por 800 millones

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Sede de CaixaBank en Barcelona. (Reuters)

La venta del negocio de Deutsche Bank en España ha generado un gran interés entre los tres grandes bancos nacionales que son capaces de digerir una filial valorada en cerca de 2.000 millones de euros. Mucho más que una posible fusión con Banco Popular. Uno de los que ya se han postulado para hacerse con la entidad germana es CaixaBank, que el año pasado en una reunión entre ambos presidentes ya puso de manifiesto sus intenciones oficiales.

El encuentro tuvo lugar hace casi 12 meses, cuando Isidre Fainé, en ese momento primer directivo de CaxiaBank, pidió verse con Antonio Rodríguez Pina, presidente en España de Deutsche Bank. La cita se produjo ante las noticias insistentes sobre las dificultades financieras del grupo alemán, presionado además por unas sanciones multimillonarias en Estados Unidos. La venta del negocio ibérico fue una de las operaciones que planteó el consejo de administración de Fráncfort.

Ante esta opción, Fainé se entrevistó con Rodríguez Pina, que estaba a expensas de lo que decidiera el presidente de la matriz de Deutsche Bank. De hecho, el banquero de inversión, que pasó gran parte de su carrera en Credit Suisse, le indicó que ni él mismo sabía cuál iba a ser el futuro de la entidad en España, lo que estaba provocando gran ansiedad entre la plantilla. Ante la imposibilidad de adoptar ningún acuerdo, Fainé hizo saber a su homólogo que, en caso de que la venta fuese adelante, CaixaBank estaría interesado en comprarla.

Un año después de esa declaración de intenciones y ante los nuevos y graves problemas de Deutsche Bank, el banco presidido ahora por Jordi Gual mantiene su pretensión de hacerse con Deutsche Bank España, entre otras cosas porque el consejero delegado, Gonzalo Gortázar, es el mismo y sigue empeñado en echarle el guante a un negocio con uno de los mejores estados de salud del sector. La tasa de morosidad hipotecaria de su balance apenas es del 3,5%, muy lejos del 4,7% de media de la banca y por debajo de cualquiera de los grupos nacionales que pueden analizar su adquisición.

Para CaixaBank, Deutsche Bank es una operación muy parecida a la compra de Barclays España, anunciada en septiembre de 2014 por 800 millones. Clientes de rentas medias y altas, con una red de oficinas en locales prémium de grandes ciudades, así como una atractiva banca privada y banca corporativa. Un cóctel perfecto para consolidar su liderazgo en banca minorista en el país, amenazado por el interés de Santander y BBVA por incrementar su cuota ante la ronda de consolidación que supondrán las posibles ventas a un año vista de Popular y de Bankia.

La entidad alemana ha reconocido que la operación podría cerrarse en abril, pero en el sector advierten de que ese calendario parece un poco precipitado

Fuentes próximas al grupo con sede en Barcelona reconocen el interés, pero matizan que CaixaBank no ha hecho todavía ninguna oferta en firme hasta conocer los planes concretos de Deutsche. La entidad alemana ha reconocido días atrás que la operación podría quedar cerrada en abril, pero en el sector advierten de que ese calendario parece un poco precipitado. Fuentes oficiales de CaixaBank afirman que actualmente la entidad está centrada exclusivamente en la gestión de la compra de Banco Portugués de Inversión (BPI), recientemente cerrada.

Coger músculo y adelgazar

CaixaBank acaba de engullir BPI, del que se ha hecho con el 84,5% del capital —tenía ya el 45,5%— por 645 millones. Una operación de 2.000 millones de euros para hacer con Deutsche Bank podría requerir una ampliación de capital que la Fundación la Caixa, máximo accionista a través de Criteria, ha querido evitar a toda costa para no diluir a los minoritarios.

No obstante, otras fuentes indican que la compra de la filial del banco alemán sería muy beneficiosa para CaixaBank porque mejoraría su balance y sería la excusa perfecta para poner en marcha un plan de ajuste de costes necesario, dadas la caída de los márgenes en todo el sector y la cada vez más sobrante red de oficinas a pie de calle. De hecho, la entidad de Barcelona es la que tiene el número de sucursales más grande, con cerca de 5.000 puntos establecimientos, tras cerrar 310 el pasado año. La plantilla de CaixaBank ronda las 31.000 personas.

Por su parte, Deutsche Bank cuenta con una red de 230 oficinas, con 2.600 empleados que dan servicio a 700.000 clientes. El balance ronda los 16.000 millones de euros. En el último año, abandonaron la institución Pedro Larena, que fue nombrado consejero delegado del Popular, y Eduardo Serra, que acaba de dimitir del consejo de administración.

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