La banca tiene margen para cerrar otras 8.000 oficinas... pero no será suficiente
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SEGÚN UN ESTUDIO DE LA CONSULTORA BDO

La banca tiene margen para cerrar otras 8.000 oficinas... pero no será suficiente

La necesidad de mejorar la rentabilidad de la banca con los márgenes en mínimos llevará a cerrar otras 5.000 oficinas, según BDO. Pero ni siquiera eso será suficiente

placeholder Foto: Sucursal de Lloyds, el banco que ha acometido la mayor reducción de plantilla este año en Reino Unido (EFE)
Sucursal de Lloyds, el banco que ha acometido la mayor reducción de plantilla este año en Reino Unido (EFE)

Los ERE en la banca están lejos de terminar. Entidades como BBVA o Sabadell han anunciado nuevas reducciones de sucursales y plantilla al presentar sus resultados trimestrales, y Popular está en pleno proceso de adhesión al expediente con el que despedirá a 2.592 empleadosy cerrará 302. Pero queda mucho más por delante. Según un estudio de la consultora BDO, hay margen para echar el candado a otras 7.800 sucursales de aquí a 2020 (a cierre de 2015 había unas 31.000). Pero la reducción de costes no es suficiente, y la pregunta es qué puede hacer el sector cuando ya no pueda cerrar más oficinas.

Esta reducción de oficinas que nos espera en los próximos años se explica por dos causas principales. La primera es la nueva oleada de concentración de entidades que todo el mundo da por hecha y que comenzará -si todo sigue el curso previsto- con la fusión de Bankia y BMN; en estos procesos, el comprador se queda con todos los ingresos del comprado y reduce los costes mediante la supresión de servicios centrales y el cierre de oficinas duplicadas (en eso consisten las sinergias). Esto supondrá el cierre de 3.000 sucursales. La segunda vía es el cambio en los hábitos de uso de oficinas por parte de los clientes, que hará que sobren otras 4.800.


Este segundo factor es el más relevante a largo plazo (las fusiones son un 'one-off', algo que sólo ocurre una vez), puesto que se trata de un cambio estructural. Y así lo reconocen las propias entidades, que denominan a este proceso con expresiones como "transformación digital". A este respecto, BDO considera que el canal tradicional (oficina, gestor y cajero automático) sólo será utilizado por el 26% de los clientes en 2020 frente al 46% actual; en cambio, el canal alternativo (internet, móvil y banca telefónica) pasará del 14% al 21%. La parte del león, el 53%, será para la multicanalidad. Esto requiere menos oficinas que, además, se utilizarán menos para operaciones transaccionales y más para gestión comercial (asesoramiento y venta de productos más sofisticados).

Sin embargo, la reducción de plantilla y oficinas acometida desde la crisis -unas 15.000- no he reducido la proporción de número de empleados por sucursal (de hecho, ha aumentado), lo que "nos da una idea de que el tipo de reestructuración realizada hasta ahora se ha centrado más en la reducción de capacidad instalada que en una verdadera revisión de la eficiencia", concluyen los autores de este estudio, Luis Zúñiga y Miguel García-Izquierdo.


Saber lo que cuesta cada cosa... y cobrar por ello

El problema es que el cierre de oficinas y las fusiones tienen un límite; a partir de ahí, los bancos tienen que buscar otras fórmulas para incrementar la eficiencia. Algo que seguirá siendo imprescindible porque los tipos de interés, aunque dejen de ser cero en un futuro, seguirán en niveles muy bajos y, en consecuencia, los márgenes seguirán presionados. ¿Qué se puede hacer, entonces? BDO sostiene que las entidades deben hacer una revisión a fondo de todos sus procesos para ver cómo puede realizarlos de forma más eficiente.

"Los bancos muchas veces ni siquiera saben lo que les cuesta cada proceso, porque tradicionalmente cuando el cliente tenía la nómina y la hipoteca o una línea de crédito cubría esos costes. Ese tiempo ya se ha acabado, y las entidades necesitan saber cuánto cuesta cada cosa. Y cobrar por ello cuando sea necesario", explican los dos socios de BDO.

Esta idea coincide con las declaraciones de intenciones de entidades como CaixaBank, cuyo consejero delegado considera que "es legítimo que los bancos cobren comisiones en un entorno de tipos cero". El problema es que nadie se atreve a poner el cascabel al gato: ninguna entidad quiere ser la primera en cobrar comisiones por temor a que las demás no la sigan y sufrir una fuga de clientes.

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