INTENTA DILUIR COMO SEA A LOS ANTIGUOS DUEÑOS

La banca quiere purgar Pescanova con el mismo ricino aplicado en Abengoa e Isolux

Los antiguos dueños de Pescanova, con un 20% de capital, suponen una amenaza latente para el control del grupo pesquero por parte de los grandes bancos acreedores

Foto: Sede central de la empresa Pescanova en Chapela. (EFE)
Sede central de la empresa Pescanova en Chapela. (EFE)

La gran banca española ha cerrado filas para evitar que las principales compañías no financieras caídas en desgracia por la crisis económica vuelvan a manos de sus antiguos accionistas, una vez superados los vientos de la recesión. Los casos de Abengoa y más recientemente de Isolux han creado una especie de guía doctrinal orientada a consolidar el traspaso de propiedad de las empresas salvadas de la quema en favor de los acreedores financieros que han asumido el coste del rescate. Los bancos han tenido que sufragar los desperfectos y soportar una importante carga en detrimento de su imagen reputacional, por lo que no están dispuestos a ceder ni una sola migaja más en el reparto de los despojos que supuestamente quedan por rentabilizar.

El conflicto de intereses planteado entre los prestamistas y los prestatarios de las principales sociedades cotizadas se ha llevado por delante a la mayor parte de las promotoras, que saltaron por los aires con el estallido de la burbuja inmobiliaria, provocando incluso la liquidación de Martinsa, protagonista de la mayor suspensión de pagos en la historia corporativa de nuestro país. En el sector industrial, la banca ha mostrado, si acaso, una cierta conmiseración, obligada en buena medida por la mayor repercusión y gravedad que podría revestir para sus intereses la disolución de entidades de enorme proyección multinacional y que durante los años de la abundancia sirvieron como portaestandartes de la ‘marca España’ en el mercado global.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

La piedra de toque más pesada que han tenido que levantar los acreedores financieros ha sido Abengoa, que acaba de culminar este verano el plan de reestructuración pilotado por el Banco Santander tras un largo año de tiras y aflojas con los sucesivos equipos directivos, monitorizados por Felipe Benjumea. Algo más sencillo y bastante menos oneroso ha sido el tema de Isolux, donde Isidre Fainé ha echado el resto dejando que Luis Delso se marche de rositas con un acuerdo de reestructuración que liberará a los antiguos administradores de toda responsabilidad en la compañía. El expresidente y fundador de la constructora ha comprendido finalmente que sus tiempos de gloria se habían acabado y no ha puesto excesivos impedimentos para que los bancos capitaneados por La Caixa se encaramen al timón de la compañía.

Tanto en Abengoa como en Isolux las entidades de crédito han conseguido, con mayor o menor esfuerzo, apartar totalmente de la gestión a los antiguos paladines de dos compañías que fueron emblemáticas en los años de la abundancia. A la vez, y lo que es más importante, los bancos han logrado rebajar a un exiguo 5% la participación de los socios históricos en el capital de las nuevas y bastante más reducidas empresas que surgirán del proceso de rescate. En medio del trasiego, y como ha quedado comprobado de manera manifiesta en la refinanciación del grupo andaluz, las entidades financieras se han preocupado de asegurar pingües beneficios bancarios en la aportación de fondos frescos a tipos de interés y comisiones que conjuntamente superan los dos dígitos.

El Banco Santander con Abengoa y La Caixa con Isolux no han tenido más remedio que salir al rescate de dos empresas que son emblemáticas de la 'marca España'

La huida hacia delante que define toda la estrategia de reconversión exige garantías certeras que permitan a las entidades financieras justificar ante sus accionistas la renovación del espíritu de confianza inmanente en cualquiera de sus inversiones. En el supuesto de proyectos claramente fallidos, la solución resulta pintoresca, porque impone obligaciones de pago extraordinariamente onerosas que dificultan la capacidad de las empresas para sacar la cabeza del hoyo en que están metidas. La falta de un compromiso claramente industrial estimula al mismo tiempo el ánimo de los anteriores propietarios, que tratan de dejar la puerta entornada con la esperanza de volver por sus fueros para recuperar algún día sus viejos dominios.

Exactamente esta es la esencia del enfrentamiento que se vive en Pescanova, el grupo pesquero que protagonizó en la primavera de 2013 uno de los mayores escándalos corporativos del panorama bursátil. Los bancos no tuvieron más remedio que salir en auxilio de la compañía gallega, pero no pudieron eliminar de entrada la dura oposición de los antiguos socios, que a día de hoy mantienen un 20% del capital de la nueva empresa surgida hace ahora un año de la reconversión. De entonces a esta parte, la misión principal del equipo gestor encabezado por el antiguo director general del Banco PopularJacobo González-Robatto, no es otra que sacar del camarote a los polizones antes de que estos se hagan fuertes en su intento de reconquistar el control del grupo pesquero.

El administrador único de Pescanova, Jacobo González-Robatto.
El administrador único de Pescanova, Jacobo González-Robatto.

La jugada de los bancos es de manual, y pasa por una ampliación de hasta 500 millones, fundamentalmente mediante capitalización de créditos, que diluya a la mínima expresión a los herederos del negocio montado en su día por Manuel Fernández Sousa. La operación estaba anunciada en un principio para este mes de septiembre, pero las elecciones que se celebran en Galicia el próximo domingo han aconsejado una paralización del proyecto. El Gobierno regional de la Xunta no quiere que un conflicto empresarial con elevado nivel de sensibilidad social en la comunidad autónoma pueda enrarecer el ambiente en plena campaña electoral.

La ampliación de la discordia, a la que se oponen los socios históricos del grupo pesquero, dependerá de las decisiones que adopte la CNMV como árbitro del conflicto. El organismo regulador tiene en Pescanova una difícil papeleta, dada la precariedad de la posición política que padecen sus principales responsables. No hay que olvidar que tanto Elvira Rodríguez como su vicepresidenta, Lourdes Centeno, culminan el próximo día 6 de octubre sus respectivos mandatos y que la incertidumbre sobre la formación del nuevo Gobierno debilita la toma de cualquier decisión que entrañe alguna responsabilidad diferida más allá de la estricta función profesional.

La ampliación de capital de la Nueva Pescanova se ha retrasado por las elecciones de Galicia, pero terminará 'jibarizando' a los antiguos socios del grupo pesquero

La Comisión de Valores se ha mostrado hasta la fecha especialmente fría y distante con las reivindicaciones del grupo opositor que lidera Alejandro Legarda, el último mohicano del equipo formado por Demetrio Carceller para reflotar Pescanova. El BBVA frenó en seco las pretensiones del propietario de Damm, pero algunos de sus entonces colaboradores tomaron el relevo para dar la batalla a las grandes entidades financieras que se han hecho con el timón de la compañía gallega. El objetivo del que podría calificarse como ‘grupo rebelde’ consiste en restaurar la cotización de la empresa en los mercados de valores, lo que requiere el beneplácito de una CNMV que ha convertido el caso Pescanova en todo un cuerpo de doctrina a la hora de evitar escándalos públicos en su jurisdicción bursátil.

El denominado ‘conflicto de las dos Pescanovas’ adquiere carta de naturaleza si se tiene en cuenta que la empresa suspendida de cotización desde hace más de tres años no es ahora más que una sociedad de cartera tenedora del 20% de la compañía que realmente pasea la marca original bajo pabellón de la banca acreedora. Los antiguos socios quieren reanudar las operaciones en bolsa para asegurar desde la Vieja Pescanova la financiación de los recursos necesarios que permitan comprar títulos de la Nueva Pescanova, en la que se concentran las verdaderas actividades empresariales. Un viaje en el túnel del tiempo para subirse al pescante del grupo pesquero antes de que las entidades financieras les echen a codazos con la inminente ampliación de capital.

Elvira Rodríguez no está por la labor de facilitar ninguna estrategia que ponga en peligro el actual equilibrio de fuerzas, y mucho menos si nadie le garantiza previamente la estabilidad del proyecto en su conjunto. De ahí que la vuelta al parqué de Pescanova no parece que vaya a ser bendecida hasta que la gran banca suscriba los nuevos títulos, rindiendo cualquier posibilidad de asalto a la fortaleza de ese 62% de acciones que ahora posee en la Nueva Pescanova. La CNMV se convierte así en el último bastión para que las entidades financieras hagan valer su poderío en las compañías supervivientes de la crisis. Es la historia de siempre, que se repite de manera recurrente en un país industrialmente de ciegos donde la banca sigue siendo el rey y la única aspiración de muchos empresarios consiste en que, al final, termine por mirarles algún tuerto. 

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