MUCHOS INTERESES EN JUEGO

Cuatro razones por las que el dinero en efectivo sigue siendo necesario

Llevar dinero en el bolsillo es un hábito al que también afecta el vertiginoso avance del mundo digital. ¡Quién lo diría!

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Llevar dinero en el bolsillo es un hábito al que también afecta el vertiginoso avance del mundo digital. ¡Quién lo diría! Cuando todavía el dinero de plástico (tarjetas) pugnaba por hacerse con la hegemonía del dinero físico (los cheques y talones languidecieron en el intento), el dinero móvil (es decir, las soluciones de pago a través del 'smartphone') ha irrumpido para disputar el espacio conquistado por las tarjetas de crédito/debito.

El pasado mes de mayo, el Banco Central Europeo anunciaba su intención de no emitir más billetes de 500 euros y señalaba que tenía "en consideración la preocupación por que este billete pueda facilitar las actividades ilícitas". Sin embargo, desde la institución se ha advertido de que esta medida no es un intento por redirigir los pagos hacia los dispositivos electrónicos, ni de limitar las cantidades de pago en efectivo que pueden realizar los usuarios. Igualmente, indicaron que esta medida no pretende limitar la capacidad de utilizar el efectivo como instrumento de ahorro. En definitiva, podremos seguir pagando con monedas y billetes.

Y aunque pueda parecer una mera cuestión de costumbres, hay muchos intereses en juego desde el punto de vista empresarial. Solo así se explica el desembarco de algunos grandes tecnológicos en ese segmento, como Samsung, Google o Apple, o los movimientos defensivos de la banca, grandes cadenas de distribución o compañías de sistemas de pago. Adaptarse a los cambios para sobrevivir.

Llegados a este punto, cabe preguntarse por el futuro del dinero como papel moneda. Si bien su prevalencia durante los últimos 1.000 años ha sido indiscutible, ¿tiene sentido imaginar un futuro sin monedas ni billetes? Sin ir muy lejos, algunos países como Dinamarca, Suecia o Noruega ya han abordado esta cuestión y para el año 2030 pretenden haber acabado con su uso como medio de pago valido. Para llevar a cabo la implantación y establecer una rutina de uso, desde el 1 de enero los establecimientos daneses podrán negarse a aceptar pagos con dinero en efectivo.

Todo digital, nada físico. En otros países como Suecia, el pago electrónico está mucho más extendido, hasta el 75% de las operaciones cotidianas se hacen con tarjeta, incluso las donaciones en las celebraciones religiosas se realizan a través del móvil. Sin embargo, la velocidad a la que los bancos están haciendo esta transición ha obligado al banco central sueco a alertar, en marzo de este año, sobre la posibilidad de que el efectivo desaparezca sin que los métodos alternativos de pago estén suficientemente implantados, y recuerda que hay situaciones en las que no hay alternativa al efectivo.

Como se observa en el caso sueco, hay argumentos de sobra para pensar que el dinero contante y sonante seguirá presente entre nosotros por mucho tiempo. Y no solo por un factor cultural o nostálgico, como hace unos meses recordaba el escritor Vidal-Folch en un artículo de canto al dinero (físico). Estos son algunos argumentos de peso para seguir pensando en la vigencia del dinero físico por un largo tiempo todavía.

Seguridad

El 'cash' es tan fiable o más que cualquiera de los otros sistemas de pago. En la eurozona, por ejemplo, el número de billetes falsos apenas representa el 0,01% de los que hay en circulación. El BCE ha reportado que en el segundo semestre de 2015 ha detectado y retirado de la circulación 445.000 billetes falsos que contabilizaban 17,3 millones de euros. Por el contrario, la vulnerabilidad de los nuevos medios de pago hace que la actividad delictiva se concentre en estos formatos. De acuerdo con los últimos datos disponibles, el valor total de las operaciones fraudulentas con tarjeta dentro de la Zona Única de Pagos en Euros ascendió hasta los 1.440 millones de euros en 2013.

Los nuevos formatos 'contactless' de las tarjetas de crédito no requieren introducir el PIN para las compras menores de 20 euros. Sin embargo, aún queda mucho para que sean totalmente seguras, ya que una 'app' maliciosa podría robar fácilmente los datos y guardarlos para realizar compras posteriormente sin necesidad de utilizar la tarjeta.

Política monetaria

Imprimir papel moneda sigue siendo una herramienta de los estados para participar en el desarrollo de la economía y financiar sus programas de acción política. Además, dado que el coste de fabricación de un billete es inferior a su valor nominal, mientras el billete está en circulación, los estados disfrutan de financiación gratuita. Es lo que se conoce como 'seigniorage' y, a día de hoy, no hay una alternativa atractiva que sustituya este mecanismo.

En el otro lado de la balanza, hay otro aspecto importante a tener en cuenta, y es que, para los ahorradores, el efectivo supone un mecanismo de protección frente a políticas de tipos de interés negativos. 

Valores

El dinero físico hace de “lubricante de las relaciones sociales”. Además, permite preservar un espacio de libertad y anonimato frente a la fiscalización institucional o comercial, y su posesión genera confianza (factor ahorro y disponibilidad de efectivo) y seguridad (valor refugio).

Mientras que el pago con dispositivos electrónicos permite que las entidades financieras obtengan una gran cantidad de datos acerca de nuestros movimientos, lo que limita nuestra privacidad. Por no hablar del importante volumen de negocio que supone el uso de esos datos, así como las comisiones asociadas a los nuevos medios de pago. Además, la política de pagos aplazados que ofrecen los bancos a través de las tarjetas de crédito puede generar problemas económicos a los menos ahorradores.

Universalidad

El efectivo es el medio de pago más accesible, más allá de cuestiones de edad, cultura financiera, nivel de bancarización… y además es aceptado para cualquier tipo de transacción. Siempre funciona, y aquí hay casos especialmente destacados, como por ejemplo el acceso de la población al efectivo en los días posteriores al huracán Katrina. Además, permite superar la brecha (inclusión social) entre usuarios digitales y analógicos que genera la falta de acceso a la tecnológica. Y, contrariamente a lo que se piensa, su uso está muy extendido en países desarrollados como Italia, Alemania, Estados Unidos, Australia o, por supuesto, el caso de España (ver gráfico).

Pese a que el público más joven vive a diario a través de sus dispositivos electrónicos, realizando operaciones continuas a través de sus 'smartphones', es aún muy amplio el sector de la población que mantiene unos hábitos de pago tradicionales y que desconoce o desconfía de los avances técnicos. Si se prohiben los pagos con dinero en efectivo, los sectores más desfavorecidos de la sociedad no podrían acceder al consumo y las desigualdades sociales se incrementarían aún más. Parece razonable pensar, por tanto, que la convivencia de los distintos sistemas de pago es la opción más lógica y la que, como ha ocurrido en otros sectores de actividad, se terminará por imponer a pesar del avance imparable de la digitalización.

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